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BosquejosSamuel Vila_CLAUDIOXP GROUP_segunda Parte

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1000 BOSQUEJOSPARAPREDICADORES - IIPARTE
MINISTERIO LA BIBLIA DICECLAUDIOXP GROUP
CLAUDIOXP
Jesús estaba observando en un convite en casa de un fariseo rico cómo losconvidados escogían los primeros puestos de honor y empezó a exhortar
probablemente, en voz baja
a sus discípulos que no imitaran a aquellosorgullosos huéspedes, sino que fueran humildes para poder ser ensalzados, ysiguió recomendándoles una política bien diferente a la del mundo, diciéndolesque cuando favorecieran a los humildes, en vez de esperar la recompensa de susconvidados, les sería recompensado por Dios en la resurrección de los justos.Aloír esto uno de los invitados
quizás, más cercano al grupo apostólico
exclamó: «¡Qué felices serán los que puedan tener acceso al banquete eterno!»Esto motivó que Jesús explicara esta parábola o ejemplo, que contiene
 
 
1000 BOSQUEJOS PARA PREDICADORES - II PARTE
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LA BIBLIA DICE CLAUDIOXP GROUPhttp://claudioxplabibliadice.blogspot.com/ 
Milagros
 
271.
 EL HOMBRE QUE NACIÓ CIEGO
 
 Juan 9:1
 – 
14 )
 INTRODUCCIÓN: estamos tan acostumbrados a ver, que poco pensamos en el donmaravilloso es la vista. Realmente, es una inmensa bendición el poseer nuestros ojos conlos cuales no solamente nos cercioramos de todo lo que nos rodea, sino que deleitamosnuestro espíritu al contemplar la variada hermosura y la encantadora magnificencia quecual mágica alfombra multicolor, se extiende sobre la Tierra y el Cielo. Y qué infortuniomás grande es ser ciego, vivir sumido en perennes tinieblas: no conocer el rostro de lamadre amorosa ni admirar la faz sonriente de los niños; no apreciar el color de las flores, labelleza de los paisajes, la lindura de una puesta de sol y la inmensa bóveda celestesalpicada de estrellas rutilantes.¡Cuán felices debemos sentirnos los que disfrutamos del sentido de la visión! Démosleinfinitas gracias a Dios por tan señalado como valioso favor! Sin embargo, cuántos hay que jamás han conocido la luz, porque nacieron ciegos. Tienen que depender de otros para ir delugar en lugar. A menudo, la tristeza les invade el espíritu. En un mundo de tantomovimiento, se sienten incompletos; sus aspiraciones nobles, sus sueños dorados y losvuelos de su imaginación se ven limitados a causa de no poder ver. Mucho se ha avanzadoen los esfuerzos por ayudar a los que padecen de una visión defectuosa, pero nada se puedehacer por los que son ciegos de nacimiento.
I. Los evangelios nos relatan algunos casos de personas ciegas que fueron milagrosa
 — 
mente curadas
 1. El cuadro de los ciegos es algo que se observa en casi todas las ciudades. EnPalestina, y durante el ministerio público de nuestro Señor, eran muchísimos los quepadecían de este mal. La bondadosa persona de Jesús, así como transitaba las estrechascalles de Jerusalén o los fragosos caminos de Galilea, llevó la bendición de la vista amuchos de aquellos que no la tenían; sus manos bienhechoras se posaron sobre los ojoscerrados de los ciegos, para abrirlos con ternura y bañarlos de luz. Él mismo fue conscientede que su actividad mesiánica incluía dar la vista a los ciegos. Así lo dio a entender en laaplicación que hizo de la profecía de Isaías en la Sinagoga de Nazaret (Lc. 4:16
 – 
22).2. Quizás el caso más notable en esta clase de curaciones realizadas por Jesús es el delciego de nacimiento, acerca del cual escribe el evangelista Juan en el cap. 9 de suevangelio. Fue un milagro portentoso en el que la divinidad de Jesús quedó plenamente
atestiguada …
 a) Era un sábado, después de la Fiesta de los Tabernáculos, cuando Jesús y susdiscípulos pasaban cerca del templo de Jerusalén. Probablemente sentado junto a una de laspuertas de aquel edificio, yacía un pobre hombre, ciego desde su nacimiento, implorandolimosnas de los que entraban a adorar. La presencia de aquel ciego ofreció a los discípulosla oportunidad de inquirir de Jesús respecto a la causa metafísica-teológica de esaenfermedad. Ellos preguntaron: «¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacidociego?» El interés de ellos consistía únicamente en conocer la explicación de ese problema.El concepto popular judaico era que toda enfermedad debía atribuirse a algún pecado. PeroJesús fue más al fondo. Para Él, más que un problema de teología, el caso de aquel hombreera una ocasión de servicio. La religión de Jesús es siempre práctica. Hay en ella unconstante deseo de hacer algo por los demás. La responsabilidad de Jesús era hacer la obra
 
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de Dios; como la luz del mundo que era, Él no podía permanecer indiferente ante lasituación angustiosa de un hombre ciego.b) No había tiempo para entrar en discusiones estériles y quizás hastacontraproducentes: como todo un hombre de acción, Jesús procedió a verificar otro de susmaravillosos milagros. «Escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo losojos del ciego», y díjole: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé». La opinión popular atribuíaa la saliva virtudes curativas, especialmente en los casos de debilidad en la vista. Sin duda,Jesús no participaba de semejante creencia; pero él necesitaba despertar la fe en aquelenfermo. Para las curaciones milagrosas, algún contacto o relación debía establecerse entreel beneficiado y Jesús. Aquel hombre ciego, al sentir el toque de los dedos de Jesús sobresus ojos hasta entonces cerrados, comprendería al instante la seriedad de su benefactor aldarle la sanidad que tanto anhelaba. La fe, entonces, se despertaría en su corazón y loimpulsaría a una obediencia pronta y gozosa. Para recibir las bendiciones de la graciadivina es necesario que nos liguemos a Jesucristo por medio de la fe. La orden del Señorfue la de que el ciego debía ir a lavarse a un estanque de agua no distante del templo. Su fetenía que ser demostrada en su obediencia. Las palabras y los mandamientos de Jesús noson para discutirse o para dudarse, sino para ser acatados; solamente cuando actuamos así disfrutaremos de las copiosas bendiciones de su amor. Una fe verdadera nunca se quedaescondida, siempre se manifiesta en la obediencia.c) El hombre ciego hizo lo que Jesús le había mandado: fue y se lavó, y el resultadosorprendente fue que volvió viendo. ¡Qué experiencia más incomparable! Por primera vezen su vida, el hombre que nació ciego pudo ver la luz del día. Ahí mismo, mientras seinclinaba para lavarse, quizás lo primero que vio fue su propio rostro. La emoción, sinembargo, de aquel momento nunca sospechado no lo atolondró. Con paso firme, y a la vezque devoraba con los ojos todo cuanto le rodeaba, regresó al lugar donde había estadoantes.
II. Un milagro de tal magnitud no podía pasar inadvertido
 1. Las gentes y los vecinos se dieron cuenta de aquel hecho tan portentoso y nopudieron menos que alarmarse. Como en cualquier otro caso similar, surgieron diferentescomentarios. Sin embargo, no se nos dice de ninguno que se hubiese acercado al ciegorecién curado, para felicitarlo y alegrarse con él. En las personas que se acercaron había unacuriosidad por saber todos los detalles novedosos del caso; aquel hombre, sin embargo, conuna lógica y claridad evidentes, relató cómo había sido curado; él tenía hechos que contar yno teorías que suponer; la vida cristiana es una experiencia, una serie de hechos que no sepueden negar.2. Pero en aquel milagro había un punto, el cual los enemigos de Jesús deberían tenermuy en cuenta. El evangelista Juan introduce en su interesante relato la siguienteobservación: «Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto losojos».a) Las gentes llevaron al que había sido ciego a la presencia de los fariseos. Estoshombres ocupaban una posición prominente en la vida de la nación: eran los celososguardianes de las instituciones judío-mosaicas. Constituían un fuerte e influyente partidodentro del engranaje social y religioso del país; y aunque eran buenos en muchos puntos,sin embargo, al través de los años habían caído en un pesado y estorboso legalismo, por elcual le concedían más importancia a las ceremonias y a las excrecencias de la religión que alos principios fundamentales y a las rectas relaciones con Dios.

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