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“Mensajes” 
María exhaló el vaho de aquella fría noche de enero mientras se protegía el cuello con las solapas desu negro abrigo largo. Miró a ambos lados de la calle y apreció que comenzaba a perder su bulliciohabitual solamente mermado por las personas que, al igual que ella, salían del cine haciendo losusuales comentarios sobre los pormenores transcurridos en la película.Comenzó a caminar calle abajo con paso lento mientras conectaba de nuevo su móvil y se lo volvíaa guardar en el bolsillo del abrigo. El frío penetraba por sus fosas nasales y se arrepintió de nohaberse traído la bufanda. Segundos después doblaba la esquina de la avenida para adentrarse en uncallejón que, a pesar de no gustarle demasiado por su estrechez acentuada por la oscuridad de lanoche, también le ahorraba de dar una vuelta a la manzana que la retrasaría unos diez minutos enllegar a casa, cosa esta última que no le seducía nada pues estaba deseando llegar al calor de su pequeño apartamento y tomar un cacao caliente en su mullido sofá.Pensando en esas cosas tan agradables, en mitad del callejón le sobresaltó la vibración del teléfonomóvil. Metió la mano en el bolsillo y bajó más el ritmo de sus pasos mientras miraba la pantalla.Era un sms:
“Pronto sabrás que existo…”
. Se detuvo un segundo mirando el teléfono como si este pudiese darle respuestas sobre el extraño mensaje. Rápidamente buscó el remitente del mismo perono conocía ese número, lo que hizo cundir en ella el desasosiego. Un escalofrío recorrió su espalday guardando el teléfono miró a su alrededor nerviosa. Nadie, ni un alma en el oscuro callejón.Apresuró el paso hacia el final del mismo ojeando constantemente hacia atrás esperando ver algo, pero el callejón seguía igual de solitario aunque por momentos más lóbrego a sus ojos. Llegando alfinal del mismo volvió a girar la cabeza, pero el encontronazo le llegó de frente dándose contra unsucio y harapiento mendigo que apareció repentinamente y que olía intensamente a alcohol.-¡Mire por donde camina, señorita!- gritó el mendigo visiblemente enfadado.
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El susto dejó a María inmóvil mientras veía al vagabundo adentrarse por el callejón blasfemandoentre dientes. Se giró poco a poco con la mano izquierda agarrada fuertemente al pecho tratando sesosegar su miedo. Echó a caminar por la calle que desembocaba en la que estaba ubicada suvivienda. Esta vía estaba mejor iluminada y se veían algunas personas tales como una pareja muyacaramelada que se besaba bajo una farola, o una mujer que paseaba con su perro por la otra acera.Sin embargo, ni siquiera esa visión le reconfortó lo suficiente para disipar su nerviosismo y siguióandando a paso ligero hacia el final de la travesía. De vez en cuando seguía echando un vistazo a suespalda. Ya entrando por la esquina de su calle notó que la farola que se hallaba frente a su portalestaba apagada. Maldiciendo su mala fortuna frenó el ritmo y oteó la zona con desconfianzatratando de atisbar a alguien cerca de allí, pero no se veía a nadie. Le restaban unos 60 metros hastala entrada, así que avanzó dubitativa mirando a su alrededor el más mínimo movimiento. Un gato le bufó desde debajo de un coche aparcado y el susto la detuvo en seco haciéndole cerrar los ojos yrespirar hondo. El gato se ocultó más debajo del coche dejando ver tan solo sus luminosos ojosamarillos. María se recompuso y avanzó más hasta encontrarse a unos 15 metros del portal.Comenzaba a sentir seguridad cuando de repente vio iluminarse la lumbre de un cigarro junto a la pared. Abrió mucho los ojos como si ello elevara su capacidad de visión intentando ver la figuraque se ocultaba tras el cigarro. La lumbre creció momentáneamente y tras bajar su intensidad emanóuna bocanada de humo.-Perdona si te he asustado-. Una voz de mujer precedió el rostro salido de las sombras de una chica joven como María, de unos 23 años.Avanzó hasta hacerse visible completamente y María pudo distinguir que se trataba de una chicamorena muy guapa, con unos grandes ojos color miel y una sonrisa jovial en el rostro, y pensó quele resultaba familiar. No sabía por qué, pero tenía la sensación de haberla visto antes y sin embargoestaba segura de que no la conocía.
2
 
-Me llamo Raquel, soy nueva en el barrio.- dijo esto último al mismo tiempo que ofrecía uncigarrillo a María, que inmediatamente negó con la cabeza.Raquel, mientras daba una larga calada se guardaba el paquete de cigarrillos en el bolsillo de suchaqueta vaquera, pero siempre sin dejar de mirar a María de manera intensa, como si la estuvieseevaluando. María relajó el cuerpo y trató de parecer más hospitalaria.-Yo soy María. Bienvenida al barrio. Como podrás ver es un lugar tranquilo dentro de lo que es el bullicio de una gran ciudad. Yo vivo en la cuarta planta, en el apartamento número 3. ¿Adónde tehas mudado?-Raquel apuró el cigarro, lo tiró al suelo y pisándolo contestó a María al mismo tiempo que exhalabaesa última bocanada de humo. -Me he mudado al 4, precisamente el de tu lado. Pero tranquila, nosoy de las que ponen la música alta o hace fiestas.- Y soltando una carcajada que dejó al descubiertosu blanca y perfecta dentadura, se giró y con paso firme pero sexy entró en el portal haciendoresonar en el pavimento los altos tacones de sus botas de cuero marrones.María tuvo la sensación de que no le iba a gustar su nueva vecina, pero no quería juzgarla aún a pesar de que su instinto no solía fallarle. “Hot ‘N’ Cold”; el tema de Kate Perry que resonaba en suteléfono y que tenía asignado a Pablo, la sacó de su ensimismamiento. Desplegó la tapa del móvilcon rapidez y contestó a su novio mientras entraba en el portal:-Hola cari, ¿qué tal la convención?--Bien princesa, he conseguido hacerme con un par de clientes. Pero, ¿estás bien?, se te nota la vozalgo temblorosa.--No tiene importancia, es que me ha llegado un sms muy raro cuando venía andando desde el cine, pero no conozco el número, así que me imagino que se habrán equivocado. -- ¿Qué decía el mensaje?-
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