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La Diosa del Amor

La Diosa del Amor

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LA DIOSA DEL AMOR
Innana, Diosa del Amor, fue desperezándose lentamente y,evolucionando por la vaporosa blancura, contempló la bóveda sin fin.De pronto vislumbró unos puntitos luminosos. "No hay duda, hanvuelto a las andadas", pensó.La Diosa de la Luna, que había encandilado a Sumerios y Acadiosen la antigua Mesopotamia, tomó en sus manos las lentes especulares y lasorientó hacia la bolita. Sus amplios ojos negros se fueron humedeciendo poco apoco. En efecto en la Tierra y allí precisamente, entre sus amados Tigris yEufrates, se habían desatado las armas aprovechando su ausencia.Con celeridad vertiginosa llamó a Apolo y en un instante la melodíade su lira convocaba a toda la divinidad en torno al Mar de los Suspiros, en laLuna.En breve sus divinidades acudieron y fueron acomodándose entorno al citado mar de lisa y especular superficie. Cuando estuvieron todos,Innana, sin decir palabra, se hizo cargo de los mandos de un divino artilugio einició el juego de zoom y direccionalidad. En la pulida superficie marina losdioses, mudos de estupor, contemplaron el espectáculo que allí se reflejaba. Lanitidez hiriente de la imagen iba a clavarse en las espantadas pupilas divinas.Pudieron contemplar a un millón de hombres que intentaban abrirlas tripas de su hermano y restregar su rostro en las vísceras de éste. Y lohacían, unos como quien ve una película o fuegos artificiales, otros como quienrecita una oración.La imagen, conducida por Inanna, se dio un paseo por el resto dela esfera. Los humanos sufrían. Agonizaban por hambre, se arrebujaban enchabolas inmundas o eran víctimas de la incultura, explotación,... En el Norteunos poquitos, regordetes y sonrosados ellos, mientras comíanmetamorfoseadas patatas fritas que extraían de unas bolsas de fantásticoscolores, se repantigaban ante la pantalla dispuestos a contemplar lo que otrosquerían que viesen que pasaba en la carnecería. Luego, satisfechos del realismo y calidad de la imagen, haciendo malabarismos con sus mandos a distancia, lagrababan y codificaban para en la posteridad escribir la historia.
 
Un colosal vómito de Marduk, dios de la guerra, que seencontraba a la orilla del mar llenó éste de ondas concéntricas. La imagen searrugó hasta el infinito haciéndose imperceptible. Marte y Kaly acudieron en suayuda pero, antes llegar, una náusea bestial hizo tambalear a Marte y amboscayeron.Innana, temiendo que toda la corte acabara indispuesta, cortó laimagen y tomó la palabra:-¡No lo podemos tolerar! Mimados hasta la saciedad. Hemosperdido millones de millones de años preparando ésto. Este engendro, estadefecación, este vómito. No podemos modificar su voluntad, recordad que leshicimos libres. Solo tenemos una salida. Tenemos que destruirlos. ¡Destruirlos!Amón, tras solicitarlo, expresó su opinión:-Comprendo Inanna cómo te encuentras. Entiendo tu rabia al verNippur, tu ciudad, arrasada por los pájaros negros del nido andaluz. Pero vamosa esperar. Un poco de paciencia, tantos millones de años esperando, ¿quiénsabe?.... Tal vez no tenemos todos los datos o la imagen es parcial o ha sidotergiversada.La Diosa de la Luna, encolerizada por la alusión, respondió:-He sido yo quien ha manejado la imagen. Soy la Diosa de la Luna.Soy redonda, no pentagonal.Amón que nunca la había visto así, desistió. Fue entonces Enlilquien habló:He compartido contigo Nippur hemos sido reverenciados en Ur, enUruk, en Lagash, en... toda Mesopotamia. Pienso que debemos escuchar a Amón.Propongo que mandemos a dos enviados de confianza que nos aporten datosreales antes de tomar cualquier decisión. Si encontramos un hombre o mujer,uno solo, que grite a favor de la Paz será suficiente para esperar.Innana elevó sus ojos. Su nariz trazó un divino respingo y suslabios pintaron una sonrisa divina también. Asintió:-Enviaré a Ecbatana y Khattusha.Ambas partieron con urgencia en el carro de los alados cisnescuyas alas batieron el espacio removido por Eolo.En un instante eterno, estaban de vuelta. Ecbatana fue la primeraen hablar:
 
-En la tierra no hay una infinidad de gritos por la Paz. No. Pero loshay. Por otra parte, la gran mayoría sufre.-¡Y los regordetes sonrosados de las patatas fritas...! ¿Tambiénsufren? -espetó Diana colérica.-No son capaces de perder sus migajas y su estreñimiento. Sabenque sus democracias son teatros de actores mediocres y sus Naciones Unidasun quinteto con tres mudos y un afónico, pero las migajas son fosforescentes....-respondió Ecbatana.Khattusha dio su resumen:-En términos generales, es muy simple. Se quiere formar un nuevoimperio, como el Egipcio, el Babilónico, el Romano, el Español, el Napoleónico, elInglés, o el III Reich. Quienes lo pretenden hasta ahora estaban enfrentadoscon otra potencia. La caída de ésta los ha propulsado.En la zona más concreta del fregado el asunto es simple también.Para hacer sombra a un antiguo enemigo del pretendido imperio, armaron hastalos dientes a un bandido sin escrúpulos, como todos, que ahora se les ha vueltorespondón. Pero la cosa se ha complicado porque allí mana oro negro y, porprimera vez en la historia, un morenito les ha dicho a los sonrosadosregordetes que quiere poner él el precio de un artículo, del negro y viscosofluido.Como respuesta el candidato a los laureles, antiguo jefe depistoleros, ha optado por achicharrar bandido, banda y parientes hasta elenésimo grado, así como sus casas y enseres. De esta manera podrá seguir élsolito haciendo girar el grifo del negro elixir, forrará a sus albañilesrehaciendo lo deshecho y completará la escena ciñéndose el tricornio universal.-Y, ¿el resto?- interrogó Artemisa.-¿El resto? A colaborar con el futuro Cesar. La expotenciapretende algún balbuceo, pero el hambre engulle las ideas. Además el futurible,en su campaña, a unos perdona la deuda o fechorías antiguas, a otros ofertagolosos contratos para el futuro, a otros promete trocitos de tierranapalmizada y así. ¡Ah! y a otros nada.Total, que la sangre borbotea entre un millón de humanos sinsalpicar a quienes menean los hilos. Las heridas tardarán mucho en sanar. Eldespilfarro del coste de realizarlas tardará mucho en recuperarlo lahumanidad entera y la recuperación irá a las espaldas acostumbradas a ello.

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