Cap\u00edtulo 3. 4.
Pancreatitis
aguda
Conocida desde hace m\u00e1s de cuatro siglos, caracterizada en su forma
hemorr\u00e1gica y edematosa y por \u00faltimo en la forma gangrenosa por
Reginald Fitz, profesor de patolog\u00eda de la Universidad de Harvard, (28
El proceso inflamatorio que se desarrolla en el pancreas se debe a la
activaci\u00f3n intracelular de las propias enzimas que \u00e9ste produce y
segrega , y que ocasionan la autodigesti\u00f3n celular de la gl\u00e1ndula y
tejidos adyacentes por necrosis coagulativa.
Se desconoce el motivo por el que fracasan los medios naturales de
autoprotecci\u00f3n, que hacen que esto mismo no ocurra en condiciones
fisiol\u00f3gicas. Tampoco se conoce el mecanismo por el cual, una vez
iniciado este proceso, en ocasiones progresa hasta causar la necrosis del
p\u00e1ncreas y tejidos adyacentes, mientras que en otros queda autolimitado
en una reacci\u00f3n inflamatoria leve.
Los mecanismos naturales de protecci\u00f3n son tres: la secreci\u00f3n de
enzimas en forma de zim\u00f3genos , la presencia de inhibidores
intracelulares de las proteasas, y la secreci\u00f3n de enzimas desde el
espacio citoplasm\u00e1tico.
1. La obstrucci\u00f3n parcial o completa del conducto, se ha descrito en
neoplasias y anomal\u00edas anat\u00f3micas pancre\u00e1ticas con pancreatitis. Sin
embargo ,la mayor\u00eda de las neoplasias pancre\u00e1ticas no producen
pancreatitis. Por otra parte la ligadura experimental del conducto
produce atrofia acinar, pero no pancreatitis.(3)
2. La teor\u00eda biliar o de Opie propuesta en 1901, se basa en una anomal\u00eda
anat\u00f3mica, por la que conducto pancre\u00e1tico y col\u00e9doco confluyen en un
conducto com\u00fan, cuya obstrucci\u00f3n permite la comunicaci\u00f3n y reflujo
biliar en el conducto pancre\u00e1tico. El aumento de presi\u00f3n intraluminal
producir\u00eda alteraciones en la microcirculaci\u00f3n y la extravasaci\u00f3n del
jugo pancre\u00e1tico en el par\u00e9nquima.Sin embargo, esta anomal\u00eda del
conducto com\u00fan, que ocurre en el 62 % de los humanos, tiene una