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El futuro que imaginó Buenos Aires

El futuro que imaginó Buenos Aires

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Entrevista a Margarita Gutman, autora del libro "Buenos Aires, el poder de la anticipación"
Entrevista a Margarita Gutman, autora del libro "Buenos Aires, el poder de la anticipación"

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Published by: Claudio Alvarez Teran on Sep 20, 2011
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09/20/2011

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El futuro que imaginó Buenos Aires
¿Qué idea del futuro tenían los porteños a comienzos del siglo XX? A partir del análisis de lasrevistas que se leían en la ciudad entre 1900 y 1920
–“la Internet de entonces”– 
 , Margarita
Gutman escribió “Buenos Aires, el poder de la anticipación”, un libr 
o monumental que reflexionasobre esas ansiedades, expectativas y representaciones del porvenir. En esta entrevista adelantalas conclusiones de su investigación.
Por FEDERICO KUKSO (Revista Ñ
 –
17/9/2011)En 1940, mientras el mundo se caía a pedazos, el mayor ensayista argentino de todos los tiemposresolvía el gran acertijo nacional: cómo un proyecto colectivo de país terminó subyugado ycentralizado en una ciudad descomunal, una ciudad-monstruo. Pero en lugar de salir a contarlo,Ezequiel Martínez Estrada volvió a codificar el enigma y dispersó las claves enLa cabeza de Goliat:Microscopía de Buenos Aires, uno de los libros del siglo XX y una de aquellas obras que hay queleer sí o sí 
 –
como Martín Fierro y Facundo
 –
para entender de qué se habla cuando se habla de
“argentinidad”.
 Ahí está lo que hay que saber sobre la capital argentina y sus efectos psíquicos. Sus personajes
 –
elcuidador de coches, el tilingo, el chofer, los canillitas
 –
, el truco, las palomas, los estadios, losautos, subterráneos y colectivos, el éxtasis de la velocidad, el desarraigo y la frustración, los olores,las paredes que hablan, y el símbolo de la ciudad, aquella abstracción vuelta ícono: el Obelisco.
“Más que ciudad, Buenos Aires es un fenómeno psicológico”, sentenciaba el escritor santafesino
para explicar lo que veía, tocaba, escuchaba, oía y degustaba con sus afilados sentidos.En esta radiografía psicourbana, sin embargo, falta un elemento clave para comprender a fondo lasensibilidad porteña: el futuro. ¿Cómo imaginaban aquellos ciudadanos de principios del siglo XXla Buenos Aires del año 2011? ¿Soñaban con una ciudad-colador, con arterias viales de flujoincesante, con individuos zombies incapaces de despegar sus ojos de una pequeña cajita quesacan y meten de sus bolsillos?
¿Presagiaban el sopor del piquete, los ataques de pánico en subtes y colectivos en hora pico, lasestatuas graffitiadas, la creatividad del esténcil, las anónimas esculturas de basura que se vendesfilar velozmente a través de las ventanas de un tren destartalado?
“Las anticipaciones del futuro producidas por una sociedad hablan más de esa sociedad que delmismo futuro que anticipan”, asegura Margarita Gutman la arquitecta que con su monumental
libro-investigación Buenos Aires, el poder de la anticipación. Imágenes itinerantes del futurometropolitano en el primer Centenario (Ediciones Infinito) aporta la pieza faltante para completarel rompecabezas iniciado por Martínez Estrada hace ya varias décadas.
-En las 764 páginas de su libro usted realiza una especie de encefalograma de los habitantes deBuenos Aires de principios del siglo XX para develar sus aspiraciones, sus fantasías y deseosfuturistas. ¿Por qué decidió enfocar su búsqueda en revistas como Caras y Caretas, PBT, Fray
 
Mocho, El Hogar, La Vida Moderna? ¿De dónde sacó la paciencia para revisar 8.367 ejemplaresde revistas de entre 1882 y 1928?
Quería ahondar en lo que los habitantes de aquella Buenos Aires de comienzos del siglo XXimaginaban que sucedería. Me interesaba llegar a la imaginación popular pero me fue imposiblepor obvias razones: su voz no está documentada. Fue entonces, en 1993, que me topé con elmundo de las revistas que para fines del siglo XIX y principios del XX constituían la vanguardia de lacomunicación metropolitana de la época. Desde 1898 con Caras y Caretas y después con PBT y ElHogar, estas revistas constituyeron lo que hoy es para nosotros Internet. Permitían que la gente seempapara de noticias pero también que supiera cómo manejarse en la ciudad. No hay que olvidarque para entonces la mitad de la población estaba compuesta por inmigrantes. Estas revistas eranmuy baratas y muy vendidas. Para mi sorpresa, encontré en ellas una especie de reiteración, unaobsesión e insistencia sobre el futuro a través de artículos, caricaturas, chistes.
-¿Hay una razón en la elección de presentación humorística?
-Sí. El futuro presentado bajo el paraguas del humor y la caricatura permiten dar con más facilidadun salto hacia lo desconocido, abre las compuertas de la imaginación, estimula laexperimentación. Son dos maneras de conducir las ansiedades, expectativas, deseos o temoresacerca de los tiempos por venir.
-El sociólogo alemán Georg Simmel, uno de los grandes pensadores urbanos, presagió en su
trabajo “La metrópolis y la vida mental” (1903) que el protagonista del siglo XX iba a ser el“urbanita”, el individuo que no puede pensarse sin la ciudad, aquel gran dispositivo de
circulación. Usted afirma que una ciudad no puede concebirse sin conocer su pasado, presente eincluso sus imágenes de futuro. ¿Por qué?
-La ciudad no se puede entender si no se advierten sus procesos de transformación. No se puedecomprender con una foto fija. Así como es necesario estudiar la historia de una ciudad es precisoestudiar también los planes, proyectos, lo que fue y lo que no fue, lo que sus habitantes desean ydesprecian de ella. Para entender la ciudad en un momento dado y para entendernos a nosotroscomo procesos vivientes hay que recurrir a cierta memoria del pasado y también a susaspiraciones.
-Recuerdos del futuro.
-Exacto. No podemos actuar sobre una ciudad si no tenemos idea de lo que pasó y una idea de adónde queremos llegar, un horizonte de expectativa. Cualquier persona necesita en su vidacotidiana desplegar cierta imaginación de futuro. Para cruzar la calle, para votar debemos tenercierta capacidad de proyección.
-¿Y cómo era el futuro para aquella Buenos Aires de principios del siglo pasado?
-Una mezcla, un viaje entre París y Nueva York. París era la imagen que tenían en mente losarquitectos y urbanistas de por entonces. Sin embargo, la imaginación plebeya, por así decirlo,
 
soñaba con Nueva York: la ciudad vertical, fragmentada, con transportes en varios niveles.Imaginaban un mundo interconectado, un mundo de flujos, muy parecido al que vivimos hoy.Cuando pensaban la ciudad del futuro pensaban mucho en el aire. Creían que todo se iba aresolver ahí, en las alturas. En las revistas, en los artículos y en las ilustraciones se ve y anticipa unmundo compactado en el que se podía llegar rápido a cualquier lugar. Los aviones
 –
aúnimaginados individuales
 –
y los rascacielos eran los símbolos predilectos, íconos del futuro urbano.
-No es extraño: otro grande, el sociólogo y urbanista estadounidense Lewis Mumford señaló en
“La ciudad en la historia” (1961) que lo que caracteriza a las megalópolis es, básicamente, su red
de transportes tanto en sentido horizontal (ferrocarriles, subtes, calles) como vertical(ascensores y grandes edificios).
-Es verdad. Pero lo importante también es lo que no aparece en estas anticipaciones. En estaspublicaciones y representaciones del futuro están ausentes las cloacas, el tendido de agua y gas.La gran estrella es la energía, la electricidad que transforma como una marea la vida de la gente.
-Era un futuro prometedor, confortante, casi naïf como el que impregna las novelas deanticipación de H.G. Wells y Jules Verne. ¿Cómo se construyó esa idea esperanzadora? Porqueno surgió de la nada.
-No. De hecho, la idea de futuro es una idea moderna. Antes del siglo XVIII, esta excitación por elfuturo no existía. Desarrollada a partir de mediados del 1700, la idea de progreso se basó en laprofunda convicción de que el presente era mejor que el pasado y que lo que estaba por venir ibaa ser mejor que el presente. En su devenir histórico, la ciencia se asoció a lo milagroso gracias a sucapacidad de predicción. Y a fines del siglo XIX, se convirtió en un sustituto popular de la religión.Ofrecía una visión del mundo a la vez ordenada e inspiradora. La idea de futuro estabaimpregnada de optimismo y se extendía sobre todos los aspectos de la vida personal y colectiva.Sólo había que esperar que el tiempo pasara para que todo fuera, sin duda, mejor. Otro aspectoque se aprecia en las revistas es que estas anticipaciones del futuro se multiplican en 1910, en losfestejos del Centenario. Pero después decaen en el periodo de entreguerras. La idea de futuro apartir de entonces se complejizó.
-Algo pasó: guerras, bomba atómica, experimentos nazi, cambio climático. Incluso la cienciaficción entró en crisis. Nadie imagina cómo será la Buenos Aires del 2583 o cómo luciráArgentina en el año 3341. No podemos imaginar esos escenarios.
-Es verdad. Yo ni me puedo imaginar lo que voy a estar haciendo el año que viene. A lo largo delsiglo XX, el horizonte de esperanza se transformó en horizonte de amenaza. Lo que quedódemostrado a lo largo del siglo XX es que ese optimismo tecnocientífico ciego y acrítico no nosllevó exclusivamente a la felicidad sino que también nos condujo al holocausto, a las guerras, a losconflictos que nadie pudo imaginar. Hoy el pensamiento sobre el futuro es mucho más escaso.Está impregnado de escepticismo. Una de las consecuencias de la crisis política y económicaargentina de 2001 fue la pérdida del futuro. Hoy somos incapaces de imitar a aquel periodista

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