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Marco Conceptual e Investigacion de La Motivacion Humana

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VOLUMEN: 2 NÚMERO: 1
 
MARCO CONCEPTUAL EINVESTIGACION DE LAMOTIVACION HUMANA
 
Ester Barberá Heredia
 
Universitat de Valencia
 
Spain
 
En el estudio del comportamiento humano, pocos conceptos han suscitadomás interés y despertado tantas expectativas como los vinculados con losprocesos motivacionales. Los psicólogos, sin embargo, no se muestranunánimes respecto del papel que la motivación desempea en el análisis
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 explicativo de la conducta. Mientras para algunos se concibe como un temapsicológico preferente, otros lo interpretan como una noción superflua,destinada a desaparecer del vocabulario de la investigación experimental.
 
La relevancia de la motivación se pone de manifiesto al afirmar que 'unapsicología que no concede a la motivación un lugar central en suspreocupaciones no merece calificarse de ciencia de la conducta'(Siguan,1979). Sin ella no hay movimiento, ni actividad psíquica, ni esposible el comportamiento. Pero también es cierto que, en ocasiones, lamotivación ha sido etiquetada de 'tapadera' de la Psicología, cuya funciónbásica es ocultar aquellas cuestiones que la investigación experimental aún noha conseguido descifrar. Esta disparidad de opiniones ejemplifica el estatusconfuso, ambiguo y divergente que han tenido y continúan teniendo lasnociones motivacionales en Psicología.
 
 
Las definiciones más compartidas de lo que es la motivación implican alconjunto de procesos que se interesan por las causas de que se hagan o sedejen de hacer determinadas cosas, o de qué se hagan de una forma y no deotra. Se trata, por tanto, de un constructo teórico no sólo básico para laPsicología, sino, además, 'ambicioso en cuanto al alcance, atractivo por lasmetas planteadas y tremendamente complejo por la diversidad decomponentes que conlleva' (Fernández-Abascal, 1997. p. 11).
 
Aunque la idea de motivación remite siempre a los factores causales delcomportamiento, es muy frecuente su utilización con un sentido meramentedescriptivo. Cuando se afirma, por ejemplo, que alguien está muy motivadopor el estudio, se suele argumentar esta afirmación describiendominuciosamente el comportamiento de la persona en cuestión (i.e. número dehoras que ha estado sentada ante los libros en actitud de concentración).
 
No obstante, la descripción, por minuciosa y detallada que sea, nunca puedesustituir a los argumentos explicativos. Las conductas sólo proporcionanindicios, más o menos fiables y más o menos asentados, de la estructuraprocesual que subyace a la actividad psíquica. Pero nunca encierran en sí mismas una explicación cabal de los motivos comportamentales (SánchezCánovas y Sánchez, 1994). En el ejemplo anterior, la inferencia realizadasobre el interés de la persona por el estudio puede ser errónea y su conductaobedecer a otras causas (i.e. impresionar a un amigo).
 
La complejidad inherente a la motivación humana y las dificultades deacceso directo al conocimiento de los motivos explican, al menosparcialmente, el tratamiento experimental deficitario que los procesosmotivacionales han recibido en Psicología, sobre todo si se los compara con laexperimentación llevada a cabo en inteligencia, pensamiento, resolución deproblemas o razonamiento, por no citar más que algunos ejemplos bienconocidos. Brown (1979) ve 'en la falta de seguras fundamentacionescientíficas la causa de la confusión actual en el campo de la motivación.Argumenta que este concepto no fue forjado por una necesidad de explicaciónde la experimentación, y que su uso parece deberse, más bien, a sucorrespondencia con las concepciones de sentido común'.
 
Revisando las múltiples consideraciones de que han sido objeto los temasmotivacionales en la disciplina psicológica, se detecta cierta fascinación porunos procesos que, al mismo tiempo que atraen, producen asombro. Por unlado, se juzgan básicos y necesarios pero, por otro, no son susceptibles detratamiento experimental o son tachados de tapadera psicológica. Todo ello hafavorecido la representación de la motivación como 'la caja de los truenos',
 
respecto de la cual se intuye que encierra tesoros importantes, pero no se sabenunca, a ciencia cierta, que puede salir de ella.
 
En múltiples situaciones de la vida cotidiana se observa esta referencia a lomotivacional como un principio psicológico necesario, pero con el que no sesabe muy bien qué hacer ni cómo intervenir. En el ámbito educativo, la faltade motivación suele mencionarse cuando algo falla en el proceso deaprendizaje. Muchos profesores, universitarios y no universitarios, se quejandel poco aliciente que despierta en ellos la actividad docente que ejercitan adiario, atribuyendo su falta de interés al bajo nivel motivacional de losestudiantes. 'Parece que no les interesa nada de lo que se dice en clase, que sucabeza está en otro lugar'. Y, a menudo, suele ser así, por lo que luegoconfirman los propios estudiantes. Lo que está implícito en frases como estaes que si estuvieran motivados o si se les consiguiera motivar hacia el estudio,aprenderían más y obtendrían mejores resultados académicos.
 
En tales casos, se suele mencionar la importancia de los procesosmotivacionales en sentido negativo. Se obtienen bajas calificaciones porqueno hay interés (haciendo caso omiso de la capacidad) o no se presta atenciónen clase por falta de motivación hacia lo que se ense?a, sin pensar en otrasposibles razones, por ejemplo las preocupaciones personales. Es curioso,además, observar como padres, profesores y estudiantes suelen exculparse a sí mismos, atribuyendo a los demás la responsabilidad por la falta demotivación. Los padres suelen pensar que los profesores no saben motivar asus hijos y, a su vez, los profesores se quejan del bajo estímulo motivacionalque reciben de los estudiantes. Los alumnos piensan que las clases sonaburridas, que no saben despertar su curiosidad (Barberá, 1994).
 
Estas reflexiones, que con toda seguridad no resultan ajenas a ningundocente, me llevan a sintetizar que, si bien resulta indiscutible la implicaciónde factores motivacionales en las explicaciones psicológicas, a menudo, a lamotivación se le ha atribuido un poder excesivo. Como Nuttin (1980)reconociera hace ya algunos a?os, la comprensión de una conductaexclusivamente en términos motivacionales es muy parcial. Hay otrosfactores, físicos y fisiológicos, personales y situacionales, que intervienen nosólo en el cómo del proceso, sino también en su determinación. Lamotivación, por tanto, no es el único origen del comportamiento. En tantodocentes implicados en la acción educativa, casi todos hemos tenidoexperiencias negativas consiguientes a la atribución de poder omnímoro a lamotivación, al creer que las capacidades no cuentan o al asumir que todos lastienen y que el éxito o fracaso sólo depende del interés personal.
 

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