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D. Martyn Lloyd-Jones - El Sermon Del Monte Vol1

D. Martyn Lloyd-Jones - El Sermon Del Monte Vol1

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12/07/2013

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CAPITULO 1Introducción General
Al examinar cualquier enseñanza, es norma sabia proceder de lo general a lo particular.Sólo así se puede evitar el peligro de que 'los árboles no dejen ver el bosque'. Estanorma tiene importancia particular en el caso del Sermón del Monte. Debemos tener encuenta, por tanto, que hay que empezar por plantearse ciertos problemas generalesrespecto a este famoso Sermón y al lugar que ocupa en la vida, pensamiento yperspectivas del pueblo cristiano.El problema obvio para empezar es este: ¿Por qué debemos estudiar el Sermón delMonte? ¿Por qué debo llamarles la atención acerca de su enseñanza? Bueno, la verdades que no sé que forme parte del deber del predicador explicar los procesos mentales yafectivos propios, aunque desde luego que nadie debería predicar si no siente que Diosle ha dado un mensaje. Todo el que intenta predicar y explicar las Escrituras debeaguardar que Dios lo guíe y conduzca. Supongo, pues, que la razón básica de quepredique acerca del Sermón del Monte es que he sentido esta persuasión, estacompulsión, esta dirección del Espíritu. Digo esto con toda intención, porque de haberdependido de mí no hubiera escogido predicar una serie de sermones acerca delSermón del Monte. Según entiendo este sentido de compulsión, creo que la razónespecífica de que lo vaya a hacer es la condición en que se encuentra la Iglesiacristiana en estos tiempos.No me parece que sea juzgar con dureza decir que la característica más obvia de la vidade la Iglesia cristiana de hoy es, por desgracia, su superficialidad. Esta apreciación sebasa no sólo en observaciones actuales, sino todavía más en tales observacioneshechas a la luz de épocas anteriores de la vida de la Iglesia. Nada hay más saludablepara la vida cristiana que leer la historia de la Iglesia, que volver a leer lo referente a losgrandes movimientos del Espíritu de Dios, y observar lo que ha sucedido en la Iglesiaen distintos momentos de su historia. Ahora bien, creo que cualquiera que contemple elestado actual de la Iglesia cristiana a la luz de ese marco histórico llegará a laconclusión indeseada de que la característica destacada de la vida de la Iglesia de hoyes, como he dicho ya, la superficialidad. Cuando digo esto, pienso no sólo en la vida yactividad de la Iglesia en un sentido evangelizador. A este respecto me parece quetodos estarían de acuerdo en que la superficialidad es la característica más obvia.Pienso no lo en las actividades evangeliza-doras modernas en comparacn ycontraste con los grandes esfuerzos evangelizadores de la Iglesia en el pasado - latendencia actual a la vocinglera, por ejemplo, y el empleo de recursos que hubieranhorrorizado y chocado a nuestros padres. Pienso también en la vida de la Iglesia engeneral; de ella se puede decir lo mismo, incluso en materias como su concepto de lasantidad y su enfoque todo de la doctrina de la santificación.Lo importante es que descubramos las causas de esto. En cuanto a mí, sugeriría queuna causa básica es la actitud que tenemos respecto a la Biblia, nuestra falla entomarla en serio, en tomarla como es y en dejar que nos hable. Junto a esto, quizás,está nuestra tendencia invariable a ir de un extremo a otro. Pero lo principal, me parece,es la actitud que tenemos respecto a las Escrituras. Permítanme explicar con algo másde detalle qué quiero decir con esto.
 
Nada hay más importante en la vida cristiana que la forma en que tratamos la Biblia, y laforma en que la leemos. Es nuestro texto, nuestra única fuente, nuestra autoridadúnica. Nada sabemos de Dios y de la vida cristiana en un sentido verdadero sin laBiblia. Podemos sacar conclusiones de la naturaleza (y posiblemente de variasexperiencias místicas) por medio de las que podemos llegar a creer en un Creadorsupremo. Pero creo que la mayoría de los cristianos están de acuerdo, y ésta ha sido lapersuasión tradicional a lo largo de la historia de la Iglesia, que no hay autoridad apartede este Libro. No podemos depender sólo de experiencias subjetivas porque hayespíritus malos además de los buenos; hay experiencias falsas. Ahí, en la Biblia, estánuestra única autoridad.Muy bien; sin duda es importante que tratemos a la Biblia de una forma adecuada.Debemos comenzar por estar de acuerdo en que no basta leer la Biblia. Se puede leerlade una forma tan mecánica que no saquemos ningún provecho de ello. Por esto creoque debemos tener cuidado de todas las reglas y normas en materia de disciplina en lavida espiritual. Es bueno leer la Biblia a diario, pero puede ser infructuoso si lohacemos sólo para poder decir que leemos la Biblia todos los días. Soy un grandefensor de los esquemas para la lectura de la Biblia, pero debemos andar con cuidadode que con el empleo de tales esquemas no nos contentamos con leer la parteasignada para el día sin luego reflexionar ni meditar acerca de lo leído. De nada serviríaesto. Debemos tratar la Biblia como algo que es de importancia vital.La Biblia misma nos lo dice. Sin duda recuerdan la famosa observación del apóstolPedro respecto a los escritos del apóstol Pablo. Dice que hay cosas en ellos que son'difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen... para su propiaperdición'. Lo que quiere decir es lo siguiente. Leen estas Cartas de Pablo, desdeluego; pero las deforman, las desvirtúan para su propia destrucción. Se puede muybien leer estas Cartas y no ser mejor al final que lo que se era al comienzo debido a loque uno le ha hecho decir a Pablo, desvirtuándolo para destrucción propia. Esto esalgo que siempre debemos tener presente respecto a la Biblia en general. Puedo estarsentado con la Biblia abierta frente a ; puedo estar leyendo sus palabras yrecorriendo sus capítulos; y con todo puedo estar sacando una conclusión que no tienenada que ver con las páginas que he leído.No cabe duda de que la causa más común de todo esto es la tendencia frecuente deleer la Biblia con una teoría ya en mente. Nos acercamos a la Biblia con dicha teoría, ytodo lo que leemos queda coloreado por ella. Todos nosotros sabemos que así sucede.En un sentido es cierto lo que se dice que con la Biblia se puede probar todo lo que sequiere. Así nacieron las herejías. Los herejes no eran hombres poco honrados; eranhombres equivocados. No debería pensarse que eran hombres que se propusieronexpresamente equivocarse y enseñar algo erróneo; se cuentan más bien entre loshombres s sinceros que la Iglesia ha tenido. ¿Qles ocurrió entonces? Elproblema fue este: llegaron a tener una teoría y se sintieron complacidos con ella;luego fueron con esta teoría a la Biblia, y les pareció encontrarla en la misma. Si leemedio versículo e insiste demasiado en otro medio versículo de otro pasaje, prontohabrá demostrado su teoría.Ahora bien, debemos tener cuidado con esto. Nada hay más peligroso que ir a la Bibliacon una teoría, con ideas preconcebidas, con alguna idea favorita propia, porque encuanto se hace, se pasa por la tentación de insistir demasiado en un aspecto y dejar de

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