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Powers, Tim - La Puertas de Anubis

Powers, Tim - La Puertas de Anubis

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07/01/2012

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LAS PUERTAS DE ANUBIS
Tim Powers
 
 
Tim Powers
Título original: The Anubis GatesTraducción: Albert Solé© 1983 Tim Powers© 1984 Ediciones GigameshRonda San Pedro, 53 - BarcelonaISBN: 84-930663-1-1Edición digital: Bibliotecario
 
 
Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río, pues a la segunda vez el ríoya no es el mismo, como tampoco lo es el hombre.HeraclitoSe agitan en los lugares más viejos y oscuros del mundo, como marineros que, otrorafuertes y de ojos vivaces, al ver su barco a punto de hundirse, no pudieron admitir la ruinay la necesidad de huir, y en vez de ello siguieron a bordo de su amado pecio hastahundirse en las tinieblas; mas no para ahogarse en ellas, sino para continuar eternamentecuidando de sus velas, yendo de un abismo a otro entre simas de negrura, buscando sinesperanza cómo llegar a la costa; y que ahora, en su lento y desesperado viaje, hanacabado perdiendo todo deseo de luz, de aire o de compañía que aún aliente... A partir deahora buscarán los abismos más hondos, los que más lejos se encuentren del sol quehan olvidado en la noche...De Las doce horas de la noche, por WILLIAM ASHBLESS
PRÓLOGO - Dos de febrero de 1802
 Aunque muchas cosas son arrebatadas por el tiempo, otras muchas permanecen; y aunque no tengamos ahora la fuerza que en los viejos días fue capaz de conmover latierra y el cielo, seguimos siendo quienes somos... ALFRED, LORD TENNYSON 
Entre dos árboles, en lo alto de la colina, un hombre muy anciano observaba, con unanhelo nostálgico del que no se habría creído capaz, al grupo de veraneantes que recogíasus cestas y montaba luego en sus caballos para alejarse hacia el sur. Iban con ciertaprisa, pues había casi diez kilómetros hasta Londres, y la roja esfera del sol silueteaba yalas ramas de los árboles a lo largo del río Brent, unos cuatro kilómetros hacia el oeste.Una vez que hubieron desaparecido, el anciano se volvió hacia el sol para contemplar su lento descenso. La Barca de los Millones de Años, pensó. La barca del dios solar queagoniza, Ra, recorriendo el cielo por el occidente hacia la fuente de ese oscuro río, quecorre bajo el mundo subterráneo del oeste al este, a través de las doce horas de la noche,por cuyo extremo más oriental acabar reapareciendo mañana, llevando en su interior unavez más a un sol joven y nuevamente inflamado.- O bien - pensó amargamente - separado de nosotros por una distancia tal que nisiquiera el universo sería capaz de comprenderla; tan sólo un enorme globo de gasardiente inmóvil alrededor del cual rueda este diminuto planeta esférico como la pelota deexcremento y polvo que va empujando ante sí el escarabajo kefera. Escoge lo que másdesees - se dijo, mientras empezaba a bajar por la colina -, pero debes estar preparado amorir por tu elección.Tenía que andar muy cuidadosamente, pues sus sandalias japonesas no resultabanmuy seguras entre la hierba y el polvo.En las tiendas y carromatos ya había fuegos encendidos, y la fría brisa del atardecer llevaba hasta él un enloquecido remolino de olores: el agudo aroma animal de las mulas,el humo de la madera, el olor del cerdo asado, un manjar que su pueblo apreciabaparticularmente.Creyó distinguir también una débil vaharada rancia procedente de la caja que habíallegado esa tarde: un olor fétido y mohoso, como el de unas perversas especias queestuvieran destinadas a provocar más la repugnancia que el apetito, de una incongruenciacasi flagrante al flotar en las limpias brisas de Hampstead Heath. Al acercarse a lastiendas fue recibido por dos de los perros del campamento y, como siempre, éstos seapartaron al reconocerle: uno se dirigió a la tienda más cercana y el otro, con evidentereluctancia, escoltó los pasos de Amenofis Fikee hasta el centro del campamento.

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