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Espíritu y Naturaleza, Gregory Bateson

Espíritu y Naturaleza, Gregory Bateson

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LECTURAS
ESPIRITU Y NATURALEZA
GREGORY BATESON
MORFOLOGIA
WAINHAUS
1, 2 | DG | FADU | UBA
 
En la década de 1950 tenía a mi cargo dos tareasdocentes: era instructor de médicos psiquiatras resi-dentes de un hospital para enfermos mentales de Pa-lo Alto, dependiente de la Dirección de Veteranos deGuerra, y de jóvenes
beatniks
de la Escuela de BellasArtes de California, en San Francisco. Quiero con-tarte cómo se iniciaron estos dos cursos, cómo abor-dé estos dos contrastantes auditorios. Si pones una junto a otra las dos primeras clases que di a estos gru-pos, entenderás lo que estoy tratando de decir.A los psiquiatras les planteé un desafío en la for-ma de un pequeño examen escrito, diciéndoles quecuando el curso finalizara tenían que comprenderlas preguntas allí formuladas. En la primera pre-gunta se pedían breves definiciones de:
a)
“sacra-mento”, y
b)
“entropía”.Los jóvenes psiquiatras de esa década eran inca-paces, en general, de responder a
cualquiera
de lasdos preguntas. Hoy en día algunos más podríanempezar a hablar acerca de la entropía (véase el“Glosario”), ¿y puedo suponer que aún existen cris-tianos capaces de decir qué es un sacramento?Les estaba proporcionando a mis alumnos lasnociones cardinales de 2.500 años de reflexión so-bre la religión y la ciencia. Pensé que si iban a sermédicos del alma humana, debían tener al menosuna base acerca de cada una de estas antiguas argu-mentaciones, estar familiarizados con las ideas cen-trales de la religión y de la ciencia.Con los alumnos de bellas artes fui más directo.Era una pequeña clase de diez a quince estudiantes,y yo sabía que iba a ingresar en una atmósfera de es-cepticismo rayano en la hostilidad. Cuando entré,percibí claramente que suponían que yo era una en-carnación del demonio, que vendría a increparlesdónde estaba el sentido común que producía gue-rras atómicas y pesticidas. En esos días (¿y todavíahoy?) se creía que la ciencia era “ajena a los valores”y que no estaba guiada por “emociones”.Estaba preparado para ello. Llevé conmigo dosbolsas de papel; de una de ellas saqué un cangrejorecién cocinado y lo puse sobre el escritorio, dicién-doles más o menos esto: “Quiero que me den argu-mentos que me convenzan de que este objeto es elresto de una cosa viviente. Si quieren pueden ima-ginar que son marcianos y que en Marte están ha-bituados a ver cosas vivientes, siendo ustedes mis-mos seres vivos; pero, desde luego, nunca han vistocangrejos o langostas. Hasta allí llegaron, tal vez lle-vados por un meteorito, un cierto número de obje-tos como este. Deben examinarlos y arribar a laconclusión de que son restos de cosas vivas. ¿Cómollegarían a esa conclusión?”.Por supuesto, la pregunta planteada a los psi-quiatras era
la misma pregunta
que la planteada alos artistas: ¿Hay una especie biológica de entropía?Ambas preguntas se vinculaban con la nociónsubyacente de una línea divisoria entre el mundode lo viviente (donde se trazan
distinciones
y la
dife-rencia
puede ser una causa) y el mundo de las bolasde billar y de galaxias no vivientes (donde las fuer-zas y los choques son las “causas” de los sucesos).Son los dos mundos que Jung (siguiendo a losgnósticos) llamó
creatura
(lo viviente) y
 pleroma
(lono viviente).
1
Yo estaba preguntando: ¿Cuál es ladiferencia entre el mundo físico del
 pleroma
, dondelas fuerzas y los choques suministran una clase deexplicación suficiente, y el de la
creatura
, donde esimposible entender nada a menos que se invoquenlas
diferencias
y
distinciones
?En el curso de mi vida, puse siempre las des-cripciones de palos, piedras, bolas de billar y gala-xias en un compartimiento, el
 pleroma
, y allí las de- jé. En otro compartimiento puse las cosas vivientes:cangrejos, personas, problemas de la belleza y pro-blemas de la diferencia. El tema de este libro es elcontenido del segundo compartimiento.Hace poco yo estaba refunfuñando acerca de lasfallas de la educación Occidental; lo hacía en unacarta a mis colegas, los regentes de la Universidad
ESRITU Y NATURALEZA
GREGORY BATESON
MORFOLOGÍA
WAINHAUS | LECTURAS
 
MORFOLOGIA
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BATESON
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3
Más bien, estos estudiantes tratarían al narcisocon
reconocimiento
y
empatía
. Cuando digo “estéti-co”, quiero decir “sensible a la pauta que conecta”.Como ves, yo era afortunado.Quizá por coincidencia, los enfrenté con unapregunta que era (aunque yo no lo sabía) estética:
¿Cómo se relacionan ustedes con este ser?¿Qué pautalos conecta a él?
”.Al situarlos en un planeta imaginario, “Marte”,los despojé de toda idea sobre langostas, amebas,repollos, etc., y los obligué a diagnosticar la vida re-trotrayéndose a una identificación con su propioser viviente: “
Ustedes
tienen los patrones, los crite-rios con los que pueden contemplar al cangrejo pa-ra hallar que también él lleva consigo los mismospatrones”. Mi pregunta era mucho más complicadade lo que supuse.Miraron, pues, el cangrejo. Y lo primero queobservaron fue que es
simétrico
, o sea, que su ladoderecho se parece al izquierdo.“Muy bien. ¿Quieren decir con esto que estácompuesto, como un cuadro?”. (Ninguna respues-ta.)Luego observaron que una de sus tenazas eramás grande que la otra. Así que
no
era simétrico.Sugerí que si el meteorito hubiera traído variosde estos objetos, ellos habrían podido comprobarque en casi todos los espécimenes era siempre elmismo lado (derecho o izquierdo) el que tenía la te-naza más grande. (Ninguna respuesta. “¿Adóndequiere llegar Bateson?”.)Volviendo a la simetría, alguien dijo: “
Sí, unatenaza es más grande que la otra, pero ambas están formadas por las mismas partes
”.¡Ah, qué noble y hermoso pensamiento! ¡Cómoarrojó ese estudiante al tacho de la basura, con to-da cortesía, la idea de que el
tamaño
podría teneruna importancia primordial o profunda, y fue encambio tras
la pauta que conecta
! Descartó una si-metría en el tamaño en favor de una simetría máshonda en las relaciones formales.Si, así es, las dos tenazas del cangrejo se caracte-rizan (fea palabra) por encarnar
relaciones similaresentre las partes
. Nunca cantidades: siempre figu-ras, formas y relaciones. Esto era, en verdad, algoque caracterizaba al cangrejo como miembro de
creatura
, como cosa viviente.Más tarde, a alguien se le ocurrió que no sólolas dos tenazas estaban edificadas sobre una misma“planta” o plano de base (o sea, sobre conjuntos co-de California, y la siguiente oración se me introdu- jo subrepticiamente en la carta:“Rompan ustedes la pauta [
 pattern
]
a
que conec-ta los diversos rubros de la enseñanza, y forzosa-mente destruirán con ello toda calidad”.Como otro título posible de este libro, un sinó-nimo del que ahora tiene, les ofrezco esta frase:
la pauta que conecta
.
 La pauta que conecta
. ¿Por qué los estableci-mientos educativos no enseñan casi nada acerca dela pauta que conecta? ¿Acaso los maestros sabenque llevan consigo el beso de la muerte que tornainsípido todo cuanto tocan, y entonces se niegansabiamente a tocar o enseñar cualquier cosa que po-sea importancia para la vida real? ¿O es que portanel beso de la muerte porque no se atreven a enseñarnada de importancia. para la vida real? ¿Qué es loque les pasa?¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langostay a la orquídea con el narciso, y a los cuatro conmi-go? ¿Y a mi contigo? ¿,Y a nosotros seis con la ame-ba, en una dirección, y con el esquizofrénico retar-dado, en la otra?Quiero contarte por qué he sido un biólogo to-da mi vida, qué es lo que he intentado estudiar.¿Qué pensamientos puedo compartir concernientesal mundo biológico total en que vivimos y somos?¿Cómo está conformado ese mundo?Lo que ahora hay que decir es difícil, parece serbastante
vacío
, y tiene una grande y profunda im-portancia para ti y para mí. En esta coyuntura his-tórica, considero que es importante para la supervi-vencia de toda la biosfera, que, como sabes, estáamenazada.¿Cuál es la pauta que conecta a todas las criatu-ras vivientes?Déjame que vuelva a mi cangrejo y a mi clasecon los
beatniks
. Me sentía muy afortunado de es-tar enseñando a gente que no eran científicos y cu-yos espíritus tenían incluso un sesgo anticientífico.Poco instruídos como eran, su inclinación eraestética. Por el momento definiré esa palabra di-ciendo que
no
se parecían a Peter Bly, el personajedel cual dice Wordsworth:
“Un narciso en la ribera del ríoera para él un narciso amarillo.Y no era nada más”
.

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