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Cloruro de sodio
Francisco Arriaga. Todos los derechos reservados. 2011.
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Cloruro de sodio
Atracciones turísticas.Tal fue el uso que se dio a los primeros bloques macizos y de formas perfectamente cúbicas. Tresmetros con sesenta centímetros por lado, dispuestos con espacios armónicamente distribuidos,que variaban según la media de cada región geográfica o país, para permitir el acomodo enóptimas condiciones de los cadáveres, uno al lado de otro. Cuando alguien excedía la estaturamedia, se hacía uso de los espacios existentes entre las esquinas entre cubo y cubo.Esto, como cualquier estudiante de nivel medio lo sabe, permitió que el sistema cuadriculado depasillos terminara siendo un complejo sistema de redes que en cada esquina contaba con unabarrera formada por los cadáveres momificados, mientras los espacios interiores podían estarvacíos, o resguardar sólo un par de lo que alguna vez fueron cuerpos humanos.Dicho método tuvo desde el inicio varias ventajas. Entre ellas la más ensalzada era que, haciendouso único y exclusivo de materiales naturales, la contaminación debida a los bloques y a la lentadegradación de los cuerpos tendía a cero. En aquel ambiente la existencia de cualquier formaorgánica se vería minimizada y aniquilada por factores naturales: las altas temperaturas por larefracción de la luz, la aséptica atmósfera que se autodepuraba de bacterias y malos olores, y elresultado final, que era el de un mar geométrico donde
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los matemáticos llegarían a estaconclusión apenas cuatro años después de implementado el sistema- aparecían fragmentariosbancos coralinos que en realidad se trataba de cadáveres amontonados siguiendo un patrón quelos epidemiólogos enarbolaban como la comprobación irrefutable de sus predicciones yesquemas.Esa fue la euforia inicial.Al menos antes de que algunos otros, indiferentes en el inicio, decidieran sopesar las posibilidadesmás extremas del procedimiento.La fórmula más simple del compuesto resultó ser también la más idónea. Los cristales cúbicospermitían compresión natural y estabilidad inherente a su composición química. Los ingenierossopesaron entonces la posibilidad de agregar mayor presión sobre los cristales, alcanzando en esemomento el sueño anhelado de ambientalistas, gobernantes y ciudadanos en general: estructurasnaturales, inertes y útiles, características que se obtenían gracias a los costos mínimos de laevaporación de cantidades industriales de agua.Sobre todo, el auge de esta técnica se debió al hecho innegable y visible de que las extensionesmarinas eran ya sólo un hervidero de cristales salinos, e impedían la proliferación de cualquierforma de vida acuática. El mar había muerto hacía un par de siglos.
 
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Los primeros cubos sirvieron de bancos coralinos, de una claridad impresionante. Físicamente, laestructura de aquellos cubos salinos no difería de la del cristal, ni siquiera del agua químicamentepura.El agua destilada se resguardó, y se procesó de diferentes maneras, nunca como antes la provisiónde agua potable se restableció, y efectivamente la sensación del ciudadano común era la de quiense encuentra ante una cascada artificial, sabiendo que la maquinaria empleada para mantenerlaen funcionamiento cuenta con recursos ilimitados y renovables.Conforme el límite marítimo descendió, centímetro a centímetro, el espacio empleado en elacomodo de los cristales se incrementó sustancialmente, dotando de espacios anteriormente notomados en cuenta, a la fabricación de grandes centros habitacionales.Ese fue el segundo paso, a aquellos conglomerados de construcciones verdaderamente
monolíticas se les llamó ‘d
istritos
de cristal’
-hubo quienes jugaban con el término, cambiando
‘distritos’ por ‘detritus’, lo que también realzaba
paradógicamente la posibilidad de erigirconstrucciones sólidas y perfectas en niveles verticales además de horizontales-.Los primeros en habitar aquellas habitaciones aprovecharon las posibilidades estéticas de laestructura de aquellas habitaciones. La tensión impresa en cada uno de los módulos hizoresistente cada una de las edificaciones a inundaciones y erosión. De la mano con esta sensaciónde seguridad, se aprovechaba la extraordinaria visibilidad de los muros, que no disminuía elhorizonte visual por más muros que se encontraran entre el observador y el punto final de susmiradas. En todo edificio es posible mirar de uno a otro extremo del inmueble sin que exista lamenor distorsión visual, con una claridad que sobrepasa la de los espacios donde sólo existe aire oagua.Cada uno de los habitantes de aquel inmueble, como lo he comentado, empleó aquella posibilidadextraordinaria para hacer una vida en común, que derivó en un misticismo donde cada estructuraera tenida por el templo mayor, único y exclusivo de la secta que habitaba el edificio.Se entendía por vida comunal la convivencia de cada individuo sin necesidad de ocultar nada anadie, y los únicos lugares -por pudor más que por otra cosa- donde se permitió tener murosopacos, fueron los cuartos de aseo. Fuera de esos espacios, absolutamente todos los rincones eranvisibles, desde todos los ángulos.Por la noche nadie osaba sustraerse a las miradas ajenas, y esto mismo amplificó la sensación decofradía y hermandad al aprovechar de una forma también útil, la natural disposición del individuoal voyeurismo. Se coyuntaba en público, simultáneamente con cuanta pareja accediera alcomercio carnal, en cualquier momento.Aún así, la promiscuidad se mantenía en niveles mínimos. Los sujetos que disfrutaban de unapareja, por común acuerdo un día cualquiera rompían ese vínculo uniéndose a alguien másperteneciente a la misma construcción. Finalmente, tuvo que legislarse cómo llevar a cabo uniones
 
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con células adyacentes, para evitar altercados y la saturación en los espacios disponibles en cadaconstrucción.
Se le dio un nombre a este tipo de reglamentos: ‘Manuales de migra
ción, transplante y
adaptación’. Consistían sólo en algunas cláusulas prácticas, también reducidas a un mínimo de
sentido común, y muchas veces, fruto de cuestiones prácticas que, si bien no afectaban al gruesode las células, sí podían presentarse en algún momento a mediano o largo plazo en la mayoría deellas. Por ejemplo, la convivencia con mascotas.Aunque cada construcción tenía algunas normas propias y generalmente se admitía la convivenciacon mascotas, alguien que deseara cambiar de célula no podía, bajo ningún concepto, llevar a sumascota consigo. Esto para evitar la proliferación de enfermedades, o fomentar la mutación de lasafecciones ya existentes entre la comunidad.Sin embargo, aunque la mascota no podía migrar directamente de una célula o construcción aotra, sí era permitido que el hijo neonato de cualquier mascota pudiera crecer en otra célula, lejosde sus padres biológicos. Así, su crecimiento y adaptación permitirían las variaciones necesariaspara su crecimiento en un ambiente diferente del que vivieron sus padres, y podría contarse con laseguridad de tener al lado el espécimen más apto e idóneo de cada raza, familia, y especie.También para los seres humanos se impusieron limitantes. Nadie era candidato a mudar de célulaantes de pasar ocho meses viviendo en otra. Esta medida favorecía la heterogeneidad al disminuirdrásticamente cualquier posibilidad de que un hijo viviese en el mismo edificio que sus padres. Talconclusión se obtuvo después de tres años de estudios, al cabo de los cuales se resaltó lacostumbre arraigada de mudar residencia al cabo de los ocho meses estipulados. Aunque tambiénse dieron flagrantes transgresiones a esta medida, y colonias hubo arraigadas en edificios donde eltotal de habitantes eran miembros de una misma familia, sin cruce consanguíneo ajeno con nadiemás.Tales hechos fueron tolerados por el sistema judiciario y de salubridad, ya que era necesariatambién una razonable capacidad de transgresión para fomentar la cohesión del resto de lascolonias. Y haciendo uso de esa previsión típica, el estudio de los entornos ambientales vaticinó lasmutaciones que surgieron gradualmente, y la mayor parte de las veces, de manera insensible.Las más notorias se dieron en colonias cerradas, donde la interacción con el resto de colonias erainexistente. El cruce de cepas pertenecientes a la misma familia propició la aparición decaracterísticas brutales que no obstante, ofrecían también mayores garantías de supervivencia.Cuando las primeras colonias asentadas en los edificios presentaron graves enfermedadescutáneas, se decidió modificar las capas superiores para evitar la filtración de gamas dañinas deradiación solar hasta los límites inferiores, que como se ha dicho ya, recibían prácticamente lamisma cantidad e intensidad de rayos solares que los límites superiores. Por ello, se recubrieronpaulatinamente las techumbres con compuestos también derivados del cloruro de sodio, alteradospara evitar la filtración de radiación nociva.
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