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En el viejo Egipt o de los fara ones, los sacerdot es de Sais dijeron a Solón que la At lántida había sido dest ruida nueve mil años antes de conversar co n él .
La civilización at lante todavía no ha podido ser superada por nuestra tan cacareada civilización moderna. Conocieron la energía atómica y la ut iliza ro n en la gu er ra y la pa z.
La cien cia at lante tuv o la ve nt aja de es tar un ida a la ma gia; se fa br ica ro n robots ex traordinarios, cierto tipo de elem entales superiores cont rolaban dichos robots que, dotados así de int eligenc ia, parecían se res humanos y servían fielment e a sus am os. Cualquier robot podía informar a su dueño de los pe ligr os qu e le ac ec ha ba n y, en ge ne ra l, so br e mú ltipl es co sa s de la vi da pr ác tica .
Tenían los at lantes máquinas tan poderosas y maravillosas, como aquella que telepát icament e podía transmitir a la ment e de cualquier ser humano prec iosa información int elec tual. Las lám paras at óm icas ilum inaban los palacios y templos de paredes transparentes. Las naves marítimas y aé re as fu er on imp ul sa da s po r en er gía nu cl ea r.
Los at lantes aprendieron a desgravitar los cuerpos a voluntad. Con un pequeño aparato que cabía en la palma de la mano, podían levantar cu al qu ier cu er po po r pe sa do qu e és te fu er a.
El di os Ne pt un o go be rn ó sa bi am en te la At lán tida . Er a de ad mi ra rs e y ve rs e el tem plo sacrat ísimo de este sant o dios. Las paredes y muros plat eados de dicho tem plo asom braban por su belleza y las cúpulas y tec hos eran tod os de or o ma ci zo y de la me jor ca lida d.
El ma rf il, el or o, la pl at a, el lat ón , luc ían de nt ro de l tem pl o de Ne pt un o co n todos los regios esplendores de los antiguos tiempos. La gigantesca escultura sagrada del muy venerado y muy sublime dios Nept uno era de oro puro toda. Aquella inefable estat ua mist eriosa, mont ada en su bello carro arrastrado por exóticos corceles y la respetable corte de cien nereidas, infundían en la mente de los devotos atlantes profunda ve ne ra ci ón .
Las ciudades atlantes fueron florecientes mientras sus habitantes pe rm anec ieron fieles a la re ligión de su s pa dr es, mien tra s cu mp lieron co n los pr ec ep tos de l di os Ne pt un o, mi en tra s no vi ol ar on la ley y el or de n. Pe ro cuando las cosas sagr adas fuer on pr ofanadas, cuando abusaron del sexo, cu an do se ma nc ha ro n co n los si et e pe ca do s ca pital es , fu er on ca st iga do s y su me rg ido s en el fo nd o de l oc éa no .
Los sacerdot es de Sais dijeron a Solón: "Todos cuantos cuerpos celestes se mueven en sus órbitas sufren pert urbaciones que determinan en el tiempo una destrucción periódica de las cosas terrestres por un gran fu eg o" .
El cont inent e at lante se ex tendía y orientaba hacia el aust ro y los sitios más elevados hacia el septentrión, sus mont es excedían en grandeza, el ev ac ión y nú me ro a tod os los qu e ac tua lme nt e ex ist en .
La fa mo sa hi st or ia de l Di luv io Un ive rs al , cu ya s ve rs ion es se en cu en tra n en todas las tradiciones humanas, es simple recuerdo de la gran catástrofe at lan te.
Todas las enseñanzas religiosas de la América primitiva, todos los sa gr ados cu ltos de los inc as , ma ya s, aztec as , et c., los dios es y dios as de los antiguos griegos, fenicios, escandinavos, indostaníes, etc., son de origen at lante. Los dioses y diosas citados por Homero en la Ilíada y la Od ise a, fu er on hé ro es re ina s y re ye s de la At lán tida .
Las antiguas civilizaciones indo-americanas tienen su origen en la At lántida. Las religiones egipc ia, inca, maya, et c., fueron las primitivas re ligion es at lantes.
El al fa be to fe ni ci o, pa dr e de tod os los al fa be tos eu ro pe os , tien e su ra íz en un an tigu o al fa be to, qu e fu e co rr ec tam en te tra ns mi tido a los ma ya s po r los at lantes. Todos los símbolos egipc ios y mayas provienen de la mism a fuente y así se explica la semejanza, demasiado grande para ser
La catástrofe que ac abó con la At lántida fue pavorosa. No cabe duda alguna que el resultado de violar la ley es siem pr e catastrófico. La époc a de sumergimiento de la Atlántida fue realmente una era de cambios ge ol óg ico s. Em er gi er on de l se no pr of un do de los ma re s ot ra s tier ra s fi rm es qu e fo rm ar on nu ev as isl as y nu ev os co nt ine nt es .
Algunos sobrevivientes de la catástrofe atlante se refugiaron en el pequeño continente llamado Grabonzi, hoy África, el cual aumentó de tamaño y extensión debido a que otras áreas de tierra firme, que em er gi er on de en tre las ag ua s ve ci na s, se su ma ro n al mi sm o.
El Golfo de México antiguam ente fue un herm oso valle. Las islas de las Antillas, las Canarias, España, son pedazos de la sumergida At lántida. El antiguo mar de Kolhidius, situado al noroeste del continente recién form ado entonces y conocido como Ashhartk (Asia), cambió de nombre y hoy se conoce con el nombre de Mar Caspio. Las cost as de este Mar Ca sp io es tán fo rm ad as po r tier ra s qu e al em er ge r de l oc éa no se un ier on al co nt ine nt e de As ia.
El Asia, el Mar Caspio y todo ese bloque de tier ra junto, es lo que hoy en día se conoce con el nombre de Cáucaso. Dicho bloque en aquellos tiem pos se llam ó Friankt zanarali y más tarde Kolhidishissi, pero hoy en día, re pi to, se llam a Cá uc as o.
Por aquella époc a había un gran río que fert ilizaba toda la rica tierra de Tikliamis y que desembocaba en el mar Caspio. Ese río se llamaba entonces Ok soseria y todavía ex ist e, pero ya no desemboc a en el Mar Ca sp io de bi do a un tem bl or se cu nd ar io qu e lo de sv ió ha cía la de re ch a.
El rico caudal de agua de ese río se prec ipitó violentam ente por la zona más deprimida del cont inent e asiát ico, dando origen al pequeño Mar de Aral Pero el antiquísimo lec ho de ese viejo río, llam ado ahora Am udarya, tod av ía pu ed e ve rs e co mo sa gr ad o tes timo ni o de l cu rs o de los si gl os .
Después de la tercera gran catástrofe, que ac abó con la At lántida, el antiguo país de Tikliam is con su form idable capital, situada a orillas del menc ionado río, fue cubierto con todos sus pueblos y aldeas por arena y ah or a es só lo un de si er to.
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