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BENEDICTO XVI - ADDRESS TO H.E. Mr. RAJAONARIVONY NARISOA NEW AMBASSADOR OFMADAGASCAR TO THE HOLY SEE - 18 December 2008 (Inglés)
COMENTARIO PASTORAL
Hasta ahora nunca habíamos visto tan de cerca un desastre natural como el terremoto y el tsunami quegolpearon Japón en marzo 2011. Las imágenes inundaron el mundo por medio de la televisión, los diariosy sobre todo por medio del Internet, donde aun podemos verlas. Quienes no estamos en el lugar deldesastre, olvidamos pronto: una semana, dos semanas al máximo, y perdemos el interés. En el lugarmismo, sin embargo, el recuerdo puede perdurar aun medio siglo, si no más, especialmente entreaquellos que han perdido todo.No olvidéis. Nunca olvidéis. Quizá una o dos imágenes les llamaron la atención, les impresionaron, comola del hombre en el viaducto. El agua cae torrencialmente en la calle debajo de él, agua negra llena deescombros. El agua sube rápidamente. Aparecen las barcas, flotando en la corriente. El hombre mirahacia abajo, curioso, y camina al otro lado para ver que el agua continúa su camino de destrucción,camina de nuevo hacia atrás, donde estaba antes, hasta que se da cuenta, al igual que el conductor deun auto que estaba cerca de él, que en realidad quizá no está seguro en el viaducto. Y, entoncescomienza a correr... ¿Logrará salvarse?Llamamos madre a la naturaleza, pero es una madre inconstante, voluble. Los árboles dan su fruto, loscampos producen el grano, el arroz, las papas, las flores iluminan y alegran nuestro día con miles decolores, si ... si el sol brilla, si llueve en el tiempo justo y en la cantidad justa, si la tierra permanececalmada y si el mar no se mueve. No hablemos de los otros seres que se mueven y con quienescompartimos este planeta, para mejor o para peor, desde los animales domésticos hasta las langostasdestructivas y los elefantes. El hombre en el viaducto, ¿qué tan bien conocía a la madre naturaleza?Parecía fiarse de ella. Ciertamente, no vio el golpe que venía, la rabia, no imaginó que el rostro tiernopodría convertirse en malvado.No olvidéis. Nunca olvidéis. Pero ¿es que hemos de seguir adelante con nuestra vida, y olvidar el pasado,que lo pasado quede en el pasado? Sí, debemos hacerlo, pero sin olvidar lo que hemos visto aquel día.Uno podría llamarlo una revelación, algo que normalmente está escondido en la profundidad delconocimiento del corazón. En un instante de nuevo, nos dimos cuenta, claramente, que no tenemos unlugar perdurable en la tierra, que el cuidado materno de la naturaleza tiene sus límites, y que estos sondesconocidos, imprevisibles. Aun aquellos a quienes se les advirtió del tsunami y no corrieroninmediatamente, rápidamente fueron arrastrados por los acontecimientos. El hombre del viaducto podíaser cualquiera, cuando la naturaleza se vuelve furiosa, violenta.Podemos llamar madre a la naturaleza, en sentido figurado. Pero también tenemos un Padre,literalmente, Creador del cielo y de la tierra y, es a Él a quien podemos dirigirnos en la oración demanera segura. El hombre del viaducto, ¿habrá rezado? ¿Cuántos milagros tienen lugar durante eltsunami? Probablemente, muchos más de los que pensamos, y muchos menos de lo que hubiéramosquerido. Dado que son raros, es mejor rezar y pedir el consuelo. El consuelo es más importante que losmilagros, porque ayuda a las víctimas de la naturaleza a lo largo del día, de las semanas y de los añosdespués de que han sido olvidadas por el resto del mundo.No olvidéis. Nunca olvidéis. Un día puedes ser el hombre en el viaducto. La madre naturaleza nos pone atodos juntos, para mejor o para peor. Pero podemos poner nuestra confianza completamente en Diosnuestro Padre, aun siendo tan débiles y vulnerables, y presentarle nuestras necesidades, las necesidadesde las víctimas de los desastres naturales.(No pudimos encontrar de nuevo el video original al cual hemos hecho referencia aquí, pero parte de élse puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=zY2HPT7obWE&feature=relmfu )
Marc Lindeijer, sj Trabaja en la Curia General de los Jesuitas para la Causa de los Santos Jesuitas