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El fenómeno siempre me resultó curioso, incom-prensible y claramente irracional. El misterioso im-pulso de arriesgarse a luchar esa batalla de unocontra cien, de uno contra mil o de uno contravarios millones. Solo unos pocos elegidos conse-guirán esas victorias heroicas, pero muchos otroscaerán. Sin embargo, mientras me quedo paradoen la puerta de un local de apuestas durante al-gunos minutos y veo a la gente entrar y salir con-vencidos de sus chances, convencidos de queesta vez sí puede ser, me doy cuenta de que es talvez ahí donde debo rastrear las motivaciones, la
Cada día miles de olavarrienses se atreven a ingresar al extraño mundo de las chances, enel que claramente llevan las de perder. Distintos agencieros de la ciudad hablan con ElUmbral y revelan anécdotas, costumbres, creencias y corrientes “teóricas” acerca de cómoganar, para ayudarnos a conocer un poco más acerca de esta cultura de la probabilidad.
energía necesaria para correr el riesgo. En la posi-bilidad de levantarse y volver a pelearla, siemprey cuando haya quedado algo para arriesgar. Esque tal vez no sea un premio lo que realmentebuscan los guerreros de la timba, sino que es esemismo riesgo del juego lo que los apasiona y loshace volver a arriesgar.Además del tradicional sorteo de Lotería de lossábados y las jugadas diarias de quiniela, que sonlas elecciones más populares, se puede optar porel Loto, el Quini 6, la Quiniela Plus, el Brinco ymuchos otros juegos que ofrecen cifras millona-rias cada semana para seducir a quienes sueñancon olvidar las preocupaciones económicas o sim-plemente suavizar el impacto del fin de mes.“Quini 6 y Loto son los que tienen los pozos más jugosos”, explica Olivia Orsatti, una de las respon-sables de una agencia céntrica, y da algunos deta-lles sobre las opciones disponibles: “según el jue-go elegís una combinación de 6 u 8 números de 2cifras y participás por un premio importante quearranca alrededor de los 350.000 pesos, pero se vaacumulando, si no sale, hasta sumar millones”.La percepción de los especialistas indica que anadie le preocupan las chances en esta modali-dad de juego, sino que “la gente juega cuantomás plata hay”. Según los agencieros antes de jugar la mayoría consulta por el premio: “¿salióla Plus? Y si está en 3 millones apuestan. En cam-bio, si el premio es de 350.000, porque ya salió,probablemente regresen para el próximo sorteoo elijan otro juego que ofrezca una mejor sumaesa semana”, revela Orsatti, mientras que Eduar-do Cocuzza, otro agenciero local, respaldó la ideacon un dato: “ponés un cartel con la cifra delpremio y cuando lo ven se tientan a jugar”.Sin embargo, las chances son las mismas encada sorteo y el premio mínimo no es nada des-preciable. Mas allá de esto, lo importante es quela recompensa ayude a incentivar la ilusión deganar: “nadie evalúa las chances. La posibilidadde llegar al premio es de una en varios millones,por eso no tiene mucho sentido evaluarlas, esazar puro, y eso es lo que disfruta el jugadorasiduo”, analizaron desde una agencia céntrica.En este sentido, Fernando Di Carlo, titular deotra agencia, cuenta que “últimamente se pusomuy de moda la Quiniela Plus, que ofrece pozosinteresantes y sale una vez por semana en pro-medio”. La modalidad en este caso consiste enelegir 8 números entre 100 y en del sorteo sur-gen 20 bolillas, “si los 8 elegidos están entre esos20, se trata de una apuesta ganadora”, explica DiCarlo y advierte: “el pozo del Quini y del Loto, encambio, a veces tarda 7 u 8 meses en salir. En elQuini tenés que acertar los 6 números sortea-dos, entre 46 posibilidades. El Loto es similar,pero los números llegan hasta el 39. Por eso esmás difícil que salga y se juega menos”.En todos los locales consultados coincidieron enrecalcar la abrumadora popularidad de la quiniela:“El 80 % de la gente juega a la quiniela”, asegura DiCarlo. El jugador de esta especie no es el mismoque busca los grandes pozos, no espera sumasgrandiosas ni quiere competir entre millones dechances. Es el jugador del día a día y la realidadcambiante es la que condiciona mayormente laelección. Se trata de una parte de la vida de mu-chos que va más allá del premio y en cierto modono es lo más importante ganar o perder, sino su-mergirse en ese mundo del azar. “A mucha gente legusta la quiniela porque ya sus abuelos y sus pa-dres tenían la pasión por jugar a la quiniela”, expli-ca Eduardo para intentar ilustrar el fenómeno.Unos pocos tienen números fijos que los acom-pañan, como si fueran amuletos o comodines,pero la mayoría va eligiendo a partir de lo que letoca vivir, como si su vida pudiera traducirse enlos números que le darán fortuna. Según Fer-nando, “hay algunos clientes que juegan sus nú-meros, pero la mayoría van variando”.Los numerólogos de la vida “juegan por el sig-nificado de los números en los sueños o en si-tuaciones que van atravesando cada día”, cuen-ta Olivia, y agrega que “una opción muy comúnson los cumpleaños, de familiares o de quienesadmiran. Según los años que cumple, los añosque deja, el día, el mes o el año. Si hace un añoque se murió Sandro tal vez le jueguen al 01, o al
 
En la historia social de la quiniela,según relatan los entendidos deltema, un hecho se repitió en formainvariable: quien ganaba y cobrabasu premio, volvía a jugar casi sin pen-sarlo, y guardaba el resto para algúnotro destino. Al parecer ya no es unaregla, o al menos ya no se cumple entodos los casos, pues como en mu-chas otros ámbitos de la comunidad,desde que el Bingo apareció enOlavarría modificó su realidad.“Antes la gente que ganaba, segu-ramente volvía a jugar algún núme-ro en la agencia y el resto del premiose lo gastaba. Ahora muchos decidengastar todo el premio en el Bingo yya cuando cobran lo anticipan:¿Gané? ¡Qué bueno, ahora me voypara el Bingo!”, cuenta Olivia y anali-za: “antes la gente se jugaba algúnvuelto de las compras o una monedaque andaba dando vueltas aunquesea. Ahora los vueltos se gastan to-dos en el Bingo, no hay liquidez en elbolsillo de la gente”.Eduardo, por su parte, pinta un pa-norama muy similar: “Antes de queaparezca el Bingo, el apostador ga-naba 70 pesos y jugaba 20 en el sor-teo de ese día. Ahora va, juega, ganay cobra para ir corriendo al Bingo. Elquinielero de raza, el que jugaba entodas las jugadas y apostaba más si
BINGO
Cuando la soga de la economíaempieza a ajustar el cuello, muchossueñan con que la fortuna aparezca paratener un respiro. Es allí cuando el juego y el azarpueden dar la esperanza de multiplicar los pesosque quedan en el bolsillo. Siempre y cuando quedealgo para “invertir”.Olivia aporta su visión, basada en el movimientode apuestas en el centro de la ciudad: “La gente juega más cuanto más difícil es el momento eco-nómico que está atravesando. A principio de mes,viene solo la gente que juega siempre; pero a finde mes, cuando todos se empieza a quedar sin pla-ta, es cuando más juega, sobre todo quienes notienen la costumbre”.La sensación en las agencias barriales, en cam-bio, parece ser otra. “Yo tengo varias agencias ale- jadas del centro, donde la costumbre por el juegoestá muy arraigada, y lo que percibo es que a finde mes no juegan porque no tiene más plata”, con-sidera Eduardo. Y completa: “si se juega más esporque a la gente le sobran unos pesos para ir a laagencia, pero si no tenés, no podés jugar”.
¿JUGARPARAZAFAR?
ganaba, prácticamente desaparecióde las agencias. Sigue jugando cadatanto, pero para ir al Bingo”.El análisis del fenómeno, según losagencieros, posee su raíz en la an-siedad que provoca el juego y la ve-locidad de las apuestas, la definicióny el cobro, o la aun más probablepérdida del dinero. “Si la quiniela sesorteara cada media hora podríacompetir con el Bingo”, suponeEduardo. “Es la ansiedad y la deses-peración de momento lo que impul-sa a elegirlo. Pero la plata se pierdemuy rápidamente ahí, la quiniela teda un tiempo para decidir si querésvolver a jugar o no”.
gitano, o al número del nombre, porque tam-bién cada nombre tiene su número”.Otra opción pueden ser las noticias, y en estecaso cifras que marcan tendencia por una situa-ción destacada: “Hay números que se jueganmucho según la ocasión, si Boca ganó 2 a 1 se vaa jugar mucho el 21 ese día, se juega lo que seadel momento”, relata Eduardo y recuerda unejemplo curioso: “el día que se inauguró el relojcucú en la rotonda de Pringles y Pueyrredón,uno de los más jugados fue el 35, el pajarito”.Una clase aparte de buscadores de señales sonlos que observan accidentes y tragedias. SegúnOlivia, “la patente de un auto involucrado” pue-de ser el camino al premio, si hubo heridos tal vez“la sangre o la desgracia” y, en el peor de los ca-sos, el muerto puede ser el número para encon-trar la suerte que otro perdió. Eduardo aportaotro dato que ayuda a caracterizar esta subclasede apostadores que combinan la desgracia y lasuerte: “en los accidentes de trenes, algunos delos números más jugados de la semana suelenser los de los vagones que chocaron”.Existe una última clase de adeptos a la quiniela:los seguidores de estadísticas. Pueden basarseen el número o en su significado aunque, en am-bos casos, la apuesta dependerá del resultadode sorteos anteriores, ya que conocen los núme-ros sorteados en los últimos 6 meses. Si se basanen la cifra al desnudo, probablemente su elec-ción andará cerca de aquel que no haya figuradoúltimamente. Sin embargo, según los expertos,esta decisión puede no ser la más acertada.“Es relativo, hay gente que tiene rachas perono hay una persona que gane más por saber jugar o llevar las estadísticas. Todo es azar, noexisten las certezas”, opina Fernando y explicaque “mucha gente deja de jugar un númerocuando sale, pero es muy común que se repita ydel mismo modo puede haber un número queno salga durante meses, o sea que la estadísticapuede ser perjudicial, al fin de cuentas”. Unareferencia concreta: en 2010, el 98 no salió du-rante más de 1.000 sorteos.Cuando se trata de relaciones de significados,en cambio, se encuentra el estadístico más eso-térico, casi un religioso del azar: “A la cabezasalieron las piernas, y después la prostituta, así que hay que jugarle a la mujer”, comenta antemi asombro un apostador creyente de esta cien-cia. Olivia, más acostumbrada que yo a este tipode declaraciones, recuerda ejemplos similaresde aquellos que se lamentan por no haber vistoese futuro evidente: “¡Cómo no me di cuenta!Salió el pan y la mesa, por supuesto iba a salir elvino”, comentó un jugador que pareció haber-se descuidado, mientras que otro, al esquivar lasuerte por una mala interpretación, lamentó:“salió el llanto y yo le jugué a la mujer. Tendríaque haberle jugado al niño”.Sea cual sea el camino que elijan los profetasdel bolillero, los que buscan la suerte en el mun-do onírico o los que entienden con números lavida y la muerte; a la hora de tomar coraje noimportarán nunca las posibilidades concretas deganar, ni las veces que hayan perdido, ni las se-ñales erróneas, ni los sueños que los guíen a laperdición. En todo caso, lamentarán lo que nopudieron ver, lo que interpretaron mal, lo queaquella señal les mostró y dejaron pasar. Es unmodo de ver el mundo, una forma de darle senti-do a un juego a través de la ilusión de estarlo jugando, de estar manipulando a esa suerte quese burla de todos y a veces, solo a veces,decide guiñar un ojo a algún afortu-nado y dar al resto esperanzas.Porque si uno ganó, la próxi-ma vez puedo ser yo.Pablo Ayala
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