En la historia social de la quiniela,según relatan los entendidos deltema, un hecho se repitió en formainvariable: quien ganaba y cobrabasu premio, volvía a jugar casi sin pen-sarlo, y guardaba el resto para algúnotro destino. Al parecer ya no es unaregla, o al menos ya no se cumple entodos los casos, pues como en mu-chas otros ámbitos de la comunidad,desde que el Bingo apareció enOlavarría modificó su realidad.“Antes la gente que ganaba, segu-ramente volvía a jugar algún núme-ro en la agencia y el resto del premiose lo gastaba. Ahora muchos decidengastar todo el premio en el Bingo yya cuando cobran lo anticipan:¿Gané? ¡Qué bueno, ahora me voypara el Bingo!”, cuenta Olivia y anali-za: “antes la gente se jugaba algúnvuelto de las compras o una monedaque andaba dando vueltas aunquesea. Ahora los vueltos se gastan to-dos en el Bingo, no hay liquidez en elbolsillo de la gente”.Eduardo, por su parte, pinta un pa-norama muy similar: “Antes de queaparezca el Bingo, el apostador ga-naba 70 pesos y jugaba 20 en el sor-teo de ese día. Ahora va, juega, ganay cobra para ir corriendo al Bingo. Elquinielero de raza, el que jugaba entodas las jugadas y apostaba más si
BINGO
Cuando la soga de la economíaempieza a ajustar el cuello, muchossueñan con que la fortuna aparezca paratener un respiro. Es allí cuando el juego y el azarpueden dar la esperanza de multiplicar los pesosque quedan en el bolsillo. Siempre y cuando quedealgo para “invertir”.Olivia aporta su visión, basada en el movimientode apuestas en el centro de la ciudad: “La gente juega más cuanto más difícil es el momento eco-nómico que está atravesando. A principio de mes,viene solo la gente que juega siempre; pero a finde mes, cuando todos se empieza a quedar sin pla-ta, es cuando más juega, sobre todo quienes notienen la costumbre”.La sensación en las agencias barriales, en cam-bio, parece ser otra. “Yo tengo varias agencias ale- jadas del centro, donde la costumbre por el juegoestá muy arraigada, y lo que percibo es que a finde mes no juegan porque no tiene más plata”, con-sidera Eduardo. Y completa: “si se juega más esporque a la gente le sobran unos pesos para ir a laagencia, pero si no tenés, no podés jugar”.
¿JUGARPARAZAFAR?
ganaba, prácticamente desaparecióde las agencias. Sigue jugando cadatanto, pero para ir al Bingo”.El análisis del fenómeno, según losagencieros, posee su raíz en la an-siedad que provoca el juego y la ve-locidad de las apuestas, la definicióny el cobro, o la aun más probablepérdida del dinero. “Si la quiniela sesorteara cada media hora podríacompetir con el Bingo”, suponeEduardo. “Es la ansiedad y la deses-peración de momento lo que impul-sa a elegirlo. Pero la plata se pierdemuy rápidamente ahí, la quiniela teda un tiempo para decidir si querésvolver a jugar o no”.
gitano, o al número del nombre, porque tam-bién cada nombre tiene su número”.Otra opción pueden ser las noticias, y en estecaso cifras que marcan tendencia por una situa-ción destacada: “Hay números que se jueganmucho según la ocasión, si Boca ganó 2 a 1 se vaa jugar mucho el 21 ese día, se juega lo que seadel momento”, relata Eduardo y recuerda unejemplo curioso: “el día que se inauguró el relojcucú en la rotonda de Pringles y Pueyrredón,uno de los más jugados fue el 35, el pajarito”.Una clase aparte de buscadores de señales sonlos que observan accidentes y tragedias. SegúnOlivia, “la patente de un auto involucrado” pue-de ser el camino al premio, si hubo heridos tal vez“la sangre o la desgracia” y, en el peor de los ca-sos, el muerto puede ser el número para encon-trar la suerte que otro perdió. Eduardo aportaotro dato que ayuda a caracterizar esta subclasede apostadores que combinan la desgracia y lasuerte: “en los accidentes de trenes, algunos delos números más jugados de la semana suelenser los de los vagones que chocaron”.Existe una última clase de adeptos a la quiniela:los seguidores de estadísticas. Pueden basarseen el número o en su significado aunque, en am-bos casos, la apuesta dependerá del resultadode sorteos anteriores, ya que conocen los núme-ros sorteados en los últimos 6 meses. Si se basanen la cifra al desnudo, probablemente su elec-ción andará cerca de aquel que no haya figuradoúltimamente. Sin embargo, según los expertos,esta decisión puede no ser la más acertada.“Es relativo, hay gente que tiene rachas perono hay una persona que gane más por saber jugar o llevar las estadísticas. Todo es azar, noexisten las certezas”, opina Fernando y explicaque “mucha gente deja de jugar un númerocuando sale, pero es muy común que se repita ydel mismo modo puede haber un número queno salga durante meses, o sea que la estadísticapuede ser perjudicial, al fin de cuentas”. Unareferencia concreta: en 2010, el 98 no salió du-rante más de 1.000 sorteos.Cuando se trata de relaciones de significados,en cambio, se encuentra el estadístico más eso-térico, casi un religioso del azar: “A la cabezasalieron las piernas, y después la prostituta, así que hay que jugarle a la mujer”, comenta antemi asombro un apostador creyente de esta cien-cia. Olivia, más acostumbrada que yo a este tipode declaraciones, recuerda ejemplos similaresde aquellos que se lamentan por no haber vistoese futuro evidente: “¡Cómo no me di cuenta!Salió el pan y la mesa, por supuesto iba a salir elvino”, comentó un jugador que pareció haber-se descuidado, mientras que otro, al esquivar lasuerte por una mala interpretación, lamentó:“salió el llanto y yo le jugué a la mujer. Tendríaque haberle jugado al niño”.Sea cual sea el camino que elijan los profetasdel bolillero, los que buscan la suerte en el mun-do onírico o los que entienden con números lavida y la muerte; a la hora de tomar coraje noimportarán nunca las posibilidades concretas deganar, ni las veces que hayan perdido, ni las se-ñales erróneas, ni los sueños que los guíen a laperdición. En todo caso, lamentarán lo que nopudieron ver, lo que interpretaron mal, lo queaquella señal les mostró y dejaron pasar. Es unmodo de ver el mundo, una forma de darle senti-do a un juego a través de la ilusión de estarlo jugando, de estar manipulando a esa suerte quese burla de todos y a veces, solo a veces,decide guiñar un ojo a algún afortu-nado y dar al resto esperanzas.Porque si uno ganó, la próxi-ma vez puedo ser yo.Pablo Ayala
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