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Domingo XXVII T. O. (A)1
Domingo XXVII del tiempo ordinario (ciclo A)
La imagen de la viña sirve, tanto en el evangelio como en la primeralectura de hoy, para describirnos sintéticamente el drama de la historia de lasalvación. Este drama consiste precisamente en que Dios, para realizar su plande salvación universal, ha elegido una porción de la humanidad a la que hacuidado y educado con todo cariño, para que le sirviera de instrumento de suobra de salvación; y esta porción de la humanidad, que es la casa de Israel,que es la Iglesia, que es el alma de cada bautizado, en vez de existir para elSeñor, en vez de florecer y fructificar para Él, ha querido existir, florecer yfructificar para sí misma, en vez de para Dios.Para recordarle que la razón de su existencia era ser el pueblo
de Dios
,es decir, su pertenencia total al Señor, el Señor ha ido enviando a los profetas.Cada uno de ellos, a su manera y según las circunstancias de su tiempo, hadicho en el fondo lo mismo: no existís para vosotros mismos sino para Dios, larazón de ser de vuestra existencia no es que exista
un pueblo
más, sino queese pueblo sea
de Dios
, y que por lo tanto exista, funcione, actúe, florezca y défrutos
 para Dios
, como signo de la presencia de Dios en medio de los hombresy de su voluntad salvadora. Y este mensaje ha sentado siempre mal, porquelos miembros de ese pueblo han querido existir para ellos en vez de para Dios.Por eso han maltratado a los profetas.Finalmente, Dios se ha jugado la gran carta enviando a su propio Hijo.Éste les ha repetido lo mismo, les ha dicho que su razón de ser no era existir como una nación independiente frente al Imperio Romano, sino dar gloria aDios. Y el resultado ha sido su muerte en la cruz: lo que el Hijo les decía, noera lo que ellos querían oír. Y desde entonces hasta ahora, y hasta que vuelvael Señor, la cuestión sigue siendo la misma: ¿de quién y para quién soy yo?¿De quién y para quién es la Iglesia?
Todo es vuestro, vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios
”, afirma sanPablo (1Co 3,21-23). Cada uno de nosotros
es de Cristo
puesto que, por la fey el bautismo, ha sido injertado en Cristo, hecho miembro del Cuerpo del cual
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