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Resumen del libro "Causalismo y finalismo en el derecho penal"
La confusión sistemática originada por el "Finalismo" INTRODUCCIÓNMás de treinta años dedicados a la enseñanza del Derecho Penal en los niveles de grado y deposgrado, nos han permitido apreciar las dificultades que para los alumnos tienen algunas delas materias que se comprenden dentro de ella. Sin otro ánimo que el de proporcionar algunasreflexiones que nos inspiran esa dilatada experiencia, asumimos la tarea de examinarcríticamente dichos escollos, en la seguridad de que la amabilidad de otros colegas excusaránuestra audacia y que todos comprenderán que nuestra finalidad no va más allá de un esfuerzopor resolver problemas didácticos que hacen amargo y desagradable para muchos alumnos elaprendizaje de nuestro reino.Tales dificultades surgen primordialmente en la teoría del delito, punto central de la enseñanzade la parte general, si se tiene en cuenta la forma en que se trata actualmente el ramo en lacasi totalidad de las escuelas de derecho de América Hispana.En efecto, esa teoría del delito ha pasado a constituir en los últimos años la parte sustancial dedicha enseñanza; a ella dedican profesores y estudiantes lo mejor de sus desvelos.El relieve tan marcado que se concede a esta teoría del delito es explicable. Ella es el fruto, enplano universal, de más de un siglo de refinada elaboración conceptual y ha llegado a erigirseen una de las metas cimeras de la más depurada reflexión jurídica. El derecho penal puedeestar orgulloso de haber proporcionado a la ciencia jurídica un grado tan inminente de avanceteórico, mediante la utilización racional de la especulación abstracta y la aplicación rigurosa dela lógica jurídica. Porque precisamente la profundidad que ha alcanzado la teoría del delito, lasistematización tan acabada que se procura para ella y el nivel de versación jurídica que esnecesario para su dominio, la convierten en un verdadero paradigma de las construccionesracionales que es capaz de producir el Derecho.De ahí que la teoría del delito haya pasado a convertirse en uno de los temas preferidos paraaquilatar una profunda preparación jurídica, no tan sólo dentro del plano interno del DerechoPenal, sino que también en el ámbito jurídico general. Cuando menos ella iguala, como virtualpiedra de toque, el alcance que tradicionalmente se asignaba, para el mismo fin, a la teoría delacto jurídico y de las obligaciones en el campo de Derecho Privado.Es muy explicable que quienes iniciaron la elaboración de la teoría del delito hayan hechoefectivos esfuerzos por presentar una construcción muy clara y fácilmente comprensible paralos penalistas. Así es posible observarlo en las explicaciones de Liszt, Beling, M. E. Mayer.Eran tiempos en los que recién se disipaban las confusiones conceptuales precedentes y enlos que por falta de profundización del nuevo sistema no se levantaban aún muchasobjeciones. Bastaba, en consecuencia, proponer una elaboración sencilla, bien tratada,simétrica y sin excesivas complicaciones; con ella podía aspirarse a resolver todas lasdificultades con el menor despliegue posible de proposiciones y de reglas. Se logró, de ese
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modo, una explicación sobre la noción jurídica de delito que Gustavo Radbruch declaró"cautivadora por su claridad".Era imposible que eso durara; menos en un país como Alemania, donde los juristas estánhabituados a levar sus análisis hasta sus últimas consecuencias y a desenvolver sin cortapisatodas las consecuencias lógicas de los mandatos de la ley positiva, en su relación con lasconstrucciones ideales que pretendan fundarse sobre ellos.Paulatinamente fueron brotando las objeciones y fortaleciéndose las disidencias. Del curso deellas hablaremos más adelante. Lo que nos interesa subrayar es que la elaboración de losprimeros tiempos pareció pronto amenazada por peligrosas grietas, lo que finalmente condujo alos estudiosos de mejor capacidad teórica a la tarea de idear otra diferente que la reemplazara.Fue el papel que cumplieron Welzel y sus seguidores de mayor jerarquía: Maurach, Niese,Kaufmann y otros.La teoría sustitutiva carecía de la simplicidad de la precedente. Ello es también explicable. Elanálisis crítico de las anteriores concepciones teóricas había planteado infinidad de problemasnuevos, cada uno de los cuales debía contar con su propia solución en una teoría que quisieradesplazar a la anterior. No podía exigírsele, por ello, una sencillez que había sido desbaratadaen la misma criba de la primera. Sauer, con bastante intemperancia, acusa a la doctrina deWelzel de "haber puesto en desorden la sistemática, provocando polémicas estériles... lohomogéneo lo desgrana (acción y omisión, dolo y culpa); la doctrina del error será tratada endos e incluso en tres lugares distintos...".Las ideas de Welzel no han logrado, con todo, expulsar del campo a sus adversarios. Muchospenalistas de gran jerarquía, entre ellos J. Baumann, Engisch, Bockelmann, Schönke y otros semantienen en la posición tradicional y la sostienen con ahinco. De este modo, en el momentoactual existen dos teorías jurídicas paralelas sobre el delito, que se disputan la calidad deverdaderas o acertadas. Ambas cuentan con prestigioso respaldo y se preocupan celosamentede contabilizar sus adherentes, en manifiesta rivalidad.Veamos, ahora, la repercusión que esta disputa ha tenido en América Hispana.Anotemos, desde luego, que las tendencias jurídico – penales europeas, y principalmente lasalemanas, llegaban hasta nosotros con manifiesto retardo, de una o de dos décadas, cuandomenos. A ello se debe que teorías germanas que comenzaron a enunciarse a fines del siglopasado, solamente empezaran a comentarse en estos países por los años treinta y quellegaran a adquirir difusión apenas quince i veinte años más tarde. Las primeras noticias sobrela nueva posición de Welzel llegan a estas latitudes con las notas de José A. Rodríguez Muñoza la segunda edición del Tratado de Mezger (1946) y es solamente en los años sesentascuando el finalismo empieza propiamente a desarrollarse en tierra americana.De la producción jurídico – penal hispanoamericana más reciente siguen – aún cuando a vecescon salvedades o algunas variaciones no esenciales – la teoría clásica sobre el delito las obrasde Luis Jiménez de Asúa,
La ley y el delito y Tratado de Derecho Penal 
; de Sebastián Soler,
Derecho Penal Argentino 
; de Carlos Fontán Balestra,
Tratado de Derecho Penal 
; de Ricardo C.Núñez,
Derecho Penal Argentino 
; del que esto escribe,
Curso de Derecho Penal Chileno 
, y deAlfonso Reyes Echandía, varias monografías y
Derecho Penal 
(parte general). Adhieren, encambio, a la teoría de la acción final las obras de Enrique Cury,
Orientación para el estudio de la teoría del delito 
; de Enrique Bacigalupo,
Lineamientos de la teoría del delito 
, y de EugenioRaúl Zaffaroni,
Teoría del delito y Manual de Derecho Penal 
. En una posición menos definidase halla Alfredo Etcheberry, en su
Derecho Penal 
, porque no obstante declarar que sigue elpensamiento jurídico de Welzel, se separa en sus explicaciones teóricas sobre el delito de lamayor parte de las aplicaciones y consecuencias que este último considera inevitables.Con este material básico para su información teórica, buena parte de los profesores deDerecho Penal de nuestra América ha fijado su propia posición para su enseñanza acerca del
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concepto de delito. Y son algunos de los profesores más jóvenes quienes se inclinan hacia lateoría welzeliana de la acción final.Para nuestros fines, constituye un punto importante establecer si aquellos profesores impartensus enseñanzas relativas al concepto de delito basándose únicamente en una de las dosteorías señaladas, o si creen necesario explicar a los alumnos ambas teorías a la vez.Sabemos de muchos seguidores de la teoría clásica que dan a conocer solamente ésta, porconsiderarla la única que está en condiciones de ser asimilada por el estudiante medio. Perono son pocos los profesores "finalistas" que hacen una prolija exposición de la teoría clásica,para luego continuar con la que recibe su adhesión, no sin antes haber hecho una ácida críticade la primera.Conforme a nuestra apreciación, derivada de una larga experiencia docente, la teoría clásicadel delito, pese a que envuelve un alto grado de abstracción, es de mucho más fácilcomprensión para el alumno medio de Derecho Penal al nivel de grado. Ella constituye un plansintetizador y lógicamente articulado, que aparte de seleccionar correctamente todos loscaracteres esenciales del delito, los organiza en un orden muy simple y los enjuicia de maneragradual conforme a categorías usualmente empleadas al tratar de otros aspectos de lohumano. Contiene una determinación abreviada de lo que es realmente el delito para elDerecho Penal, conduce significativamente al conocimiento de una idea en sí misma muycompleja como es la de delito e integra todos los aspectos necesarios en un esquema globalque es modelo de economía de recursos argumentales.La teoría de la acción final carece de esas virtudes, pues si bien procura también unadescomposición intelectual del complejo concepto de delito, superpone en los variadosaspectos ideas que se confunden, se repiten o pertenecen a órdenes diversos, se niega a unanálisis que separe, para los solos fines de una explicación conceptual, caracteres afiliados adistintas categorías y resiste denodadamente los esfuerzos para juntar lo que parecesemejante. El alumno no encuentra dentro de su exposición ni simplicidad ni orden ni simetría;además, no hay forma de entenderla si no se divide todo el conjunto de delitos dolosos deacción, delitos culposos de acción y delitos de omisión. En el fondo, se trata de tres teoríasdiferentes.Si una sola de las dos teorías que tratamos tiene dificultades, es de imaginar las que podránhallarse en una enseñanza de ambas, la clásica y la de la acción final. Es posible que con granesfuerzo memotécnico los alumnos medios puedan esquematizar una explicaciónmínimamente satisfactoria de ellas para los efectos de un examen de momento. Rendido éste,todas las ideas se mezclarán para formar un conjunto informe, del que solamente se retendráque cada teoría pretende dar una explicación bastante diferente acerca de lo que es delito.Comprendemos que alumnos especialmente dotados o estudiantes de posgrado o aquellosque han podido efectuar desusadamente un estudio más dilatado y profundo de la materia,podrán superar los tropiezos y lograr un punto más o menos satisfactorio de conocimientos.Pero ello sucederá tan sólo en casos excepcionales o respecto de los que tengan particularpredilección por el Derecho Penal o se propongan encauzar sus actividades profesionales ofuncionarias en su aplicación especializada. El grueso de los alumnos de grado no podránpenetrar en el fondo de los conceptos debatidos ni captará los aspectos más importantes de ladiscusión.Esto bastaría para preferir, por lo menos para fines didácticos, la más clara y sencilla de lasconcepciones, esto es, la clásica.Pero se suman factores adicionales que aumentan la confusión. Pese a las diferenciasnotables que se contienen en las dos teorías de que tratamos, el enunciado que ambas hacensobre el concepto de delito, es enteramente coincidente en las palabras. Para ambas debeentenderse por delito una
conducta típica, antijurídica y culpable.
Si dos teorías que concibende muy diferente manera un ente jurídico como el delito, proporcionan de él una definiciónidéntica, hay que concluir que cada una asigna significados distintos a las palabras de que se
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