modo, una explicación sobre la noción jurídica de delito que Gustavo Radbruch declaró"cautivadora por su claridad".Era imposible que eso durara; menos en un país como Alemania, donde los juristas estánhabituados a levar sus análisis hasta sus últimas consecuencias y a desenvolver sin cortapisatodas las consecuencias lógicas de los mandatos de la ley positiva, en su relación con lasconstrucciones ideales que pretendan fundarse sobre ellos.Paulatinamente fueron brotando las objeciones y fortaleciéndose las disidencias. Del curso deellas hablaremos más adelante. Lo que nos interesa subrayar es que la elaboración de losprimeros tiempos pareció pronto amenazada por peligrosas grietas, lo que finalmente condujo alos estudiosos de mejor capacidad teórica a la tarea de idear otra diferente que la reemplazara.Fue el papel que cumplieron Welzel y sus seguidores de mayor jerarquía: Maurach, Niese,Kaufmann y otros.La teoría sustitutiva carecía de la simplicidad de la precedente. Ello es también explicable. Elanálisis crítico de las anteriores concepciones teóricas había planteado infinidad de problemasnuevos, cada uno de los cuales debía contar con su propia solución en una teoría que quisieradesplazar a la anterior. No podía exigírsele, por ello, una sencillez que había sido desbaratadaen la misma criba de la primera. Sauer, con bastante intemperancia, acusa a la doctrina deWelzel de "haber puesto en desorden la sistemática, provocando polémicas estériles... lohomogéneo lo desgrana (acción y omisión, dolo y culpa); la doctrina del error será tratada endos e incluso en tres lugares distintos...".Las ideas de Welzel no han logrado, con todo, expulsar del campo a sus adversarios. Muchospenalistas de gran jerarquía, entre ellos J. Baumann, Engisch, Bockelmann, Schönke y otros semantienen en la posición tradicional y la sostienen con ahinco. De este modo, en el momentoactual existen dos teorías jurídicas paralelas sobre el delito, que se disputan la calidad deverdaderas o acertadas. Ambas cuentan con prestigioso respaldo y se preocupan celosamentede contabilizar sus adherentes, en manifiesta rivalidad.Veamos, ahora, la repercusión que esta disputa ha tenido en América Hispana.Anotemos, desde luego, que las tendencias jurídico – penales europeas, y principalmente lasalemanas, llegaban hasta nosotros con manifiesto retardo, de una o de dos décadas, cuandomenos. A ello se debe que teorías germanas que comenzaron a enunciarse a fines del siglopasado, solamente empezaran a comentarse en estos países por los años treinta y quellegaran a adquirir difusión apenas quince i veinte años más tarde. Las primeras noticias sobrela nueva posición de Welzel llegan a estas latitudes con las notas de José A. Rodríguez Muñoza la segunda edición del Tratado de Mezger (1946) y es solamente en los años sesentascuando el finalismo empieza propiamente a desarrollarse en tierra americana.De la producción jurídico – penal hispanoamericana más reciente siguen – aún cuando a vecescon salvedades o algunas variaciones no esenciales – la teoría clásica sobre el delito las obrasde Luis Jiménez de Asúa,
La ley y el delito y Tratado de Derecho Penal
; de Sebastián Soler,
Derecho Penal Argentino
; de Carlos Fontán Balestra,
Tratado de Derecho Penal
; de Ricardo C.Núñez,
Derecho Penal Argentino
; del que esto escribe,
Curso de Derecho Penal Chileno
, y deAlfonso Reyes Echandía, varias monografías y
Derecho Penal
(parte general). Adhieren, encambio, a la teoría de la acción final las obras de Enrique Cury,
Orientación para el estudio de la teoría del delito
; de Enrique Bacigalupo,
Lineamientos de la teoría del delito
, y de EugenioRaúl Zaffaroni,
Teoría del delito y Manual de Derecho Penal
. En una posición menos definidase halla Alfredo Etcheberry, en su
Derecho Penal
, porque no obstante declarar que sigue elpensamiento jurídico de Welzel, se separa en sus explicaciones teóricas sobre el delito de lamayor parte de las aplicaciones y consecuencias que este último considera inevitables.Con este material básico para su información teórica, buena parte de los profesores deDerecho Penal de nuestra América ha fijado su propia posición para su enseñanza acerca del
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