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Narciso y Goldmundo

Narciso y Goldmundo

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HERMANN HESSE
NARCISO Y GOLDMUNDO 
Traducción de
Luis T
OBÍO
PRIMERA EDICI0N
Julio de 1948 
VIGESIMO CUARTA EDICIÓN
Noviembre de 1984
IMPRESO EN LA ARGENTINAISBN 950-07-0159-6TITULO DEL ORIGINAL EN ALEMÁN: "NARZISS UMD GOLDMUND" © 1957. Hermann Hesse.
 
ÍNDICE
CAPÍTULO I ......................................................................................... 3CAPÍTULO II ....................................................................................... 10CAPÍTULO III ..................................................................................... 17CAPÍTULO IV ......................................................................................23CAPÍTULO V .......................................................................................32CAPÍTULO VI ......................................................................................40CAPÍTULO VII .....................................................................................48CAPÍTULO VIII ...................................................................................57CAPÍTULO IX ......................................................................................71CAPÍTULO X .......................................................................................80CAPÍTULO XI ......................................................................................88CAPÍTULO XII .....................................................................................98CAPÍTULO XIII .................................................................................. 105CAPÍTULO XIV .................................................................................. 116CAPÍTULO XV ................................................................................... 124CAPÍTULO XVI .................................................................................. 133CAPÍTULO XVII ................................................................................. 141CAPÍTULO XVIII ................................................................................ 150CAPÍTULO XIX .................................................................................. 158CAPÍTULO XX ................................................................................... 1652
 
CAPÍTULO I
Ante la puerta de entrada del convento de Mariabronn —un arco de medio puntosustentado en pequeñas columnas geminadasalzábase, en el mismo borde delcamino, un castaño, solitario hijo del mediodía que un romero había traído en otro tiempo,árbol gallardo de robusto tronco. Su redonda copa pendía blandamente sobre el camino yaspiraba las brisas a pleno pulmón. Por la primavera, cuando todo era ya verde enderredor y hasta los nogales del convento ostentaban su rojizo follaje nuevo, ndemoraba buen trecho la aparición de sus hojas. En la época en que son más cortas lasnoches, hacía surgir de entre la fronda los pálidos rayos verdeclaros de sus extrañasflores, cuyo áspero olor evocaba recuerdos y oprimía. Y en octubre, recogida la uva y lasotras frutas, caían de su copa amarillenta, al soplo del viento del otoño, los espinososerizos, que no todos los años llegaban a madurez, y que los rapaces del convento sedisputaban y el subprior Gregorio, oriundo de Italia, asaba en la chimenea de su celda.Exótico y tierno, el hermoso árbol mecía ante la puerta del convento su copa, huéspeddelicado y friolento venido de otras regiones, pariente secreto de las esbeltas y mellizascolumnas de arenisca de la entrada y de los adornos, labrados en piedra, de ventanas,cornisas y pilares, amado de los italianos y otras gentes latinas, y pasmo, por extranjero,de los naturales del país.Varias generaciones de alumnos del convento habían ya pasado bajo aquel árbolforastero: las pizarras bajo el brazo, parloteando, riendo, jugando, riñendo, según laestación descalzos o calzados y con una flor en la boca, una nuez entre los dientes o unabola de nieve en la mano. Constantemente llegaban nuevos muchachos; cada dos añoslas caras eran otras, en su mayoría parecidas, con pelo rubio y ensortijado. Algunos sequedaban allí, se hacían novicios, luego monjes, eran tonsurados, vestían hábito ycordón, leían libros, doctrinaban a los muchachos, envejecían, morían. Otros, terminadoslos estudios, regresaban a sus hogares, ora castillos nobiliarios ora moradas decomerciantes o artesanos, corrían por el mundo entregados a sus diversiones yquehaceres, quizá, ya hombres cabales, hacían alguna vez una visita al convento,llevaban a los frailes sus hijos pequeños para que recibieran enseñanza, permanecían uninstante contemplando, sonrientes y pensativos, el viejo casto y tornaban adesaparecer. En las celdas y salones del convento, entre los sólidos arcos semicircularesde las ventanas y las recias columnas geminadas de piedra roja, se vivía, se enseñaba,se estudiaba, se administraba, se gobernaba; muchas especies de artes y ciencias,sagradas y profanas, claras y recónditas se cultivaban en aquel lugar, y se transmitían deunas generaciones a otras. Los religiosos escribían y comentaban libros, ideabansistemas, coleccionaban obras de los antiguos, hacían códices miniados, velaban por lafe del pueblo y se sonreían de ella. Erudición y piedad, candor y disimulo, sabiduría delEvangelio y sabiduría de los griegos, magia blanca y magia negra, todo florecía allí enmayor o menor grado, para todo había lugar. Había lugar tanto para la vida anacorética yla penitencia como para la sociabilidad y las comodidades; del carácter del abad queestuviese al frente y de las tendencias dominantes de la época dependía el queprevaleciera y predominara lo uno o lo otro. Unas veces el convento gozaba de renombrey era muy visitado por causa de sus exorcistas, otras por su música excelente, otras por algún santo varón que realizaba curaciones y prodigios, otras por sus sopas de lucio y suspasteles de hígado de venado, cada cosa en su tiempo. Y entre la grey de monjes ydiscípulos, de los devotos y los tibios, los que ayunaban y los que se regalaban, entre losmuchos que allá iban, vivían y morían, siempre había alguno singular a quien todos
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