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Las cuatro caras del phármakon y la “falta de juicio” en los textos cervantinos

Las cuatro caras del phármakon y la “falta de juicio” en los textos cervantinos

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En el presente trabajo, hemos analizado los textos cervantinos desde la perspectiva
de los fármacos psicotrópicos en diferentes escenas de uso; remedios terapéuticos,
agentes tóxicos y venenosos (filtros de amor, pócimas venenosas), compuestos
alexifármacos (cuerno de unicornio, piedras bezoares) y sustancias de abuso (ungüentos
de brujas).
En el presente trabajo, hemos analizado los textos cervantinos desde la perspectiva
de los fármacos psicotrópicos en diferentes escenas de uso; remedios terapéuticos,
agentes tóxicos y venenosos (filtros de amor, pócimas venenosas), compuestos
alexifármacos (cuerno de unicornio, piedras bezoares) y sustancias de abuso (ungüentos
de brujas).

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FARMACOLOGÍA Y TOXICOLOGÍA
© Under License of Creative Commons Attribution 3.0 License
1
2011Vol. 1 No. 1:1doi: 10:3823/600
Las cuatro caras del
 phármakon
y la“falta de juicio” en los textos cervantinos
Resumen
En el presente trabajo, hemos analizado los textos cervantinos desde la perspec-tiva de los fármacos psicotrópicos en diferentes escenas de uso; remedios terapéuti-cos, agentes tóxicos y venenosos (ltros de amor, pócimas venenosas), compuestosalexifármacos (cuerno de unicornio, piedras bezoares) y sustancias de abuso (ungüen-tos de brujas). Las obras cervantinas en las que se hace referencia a estos preparadosson
El Quijote
,
La Galatea
,
Viaje del Parnaso,
 
La española inglesa
,
El licenciado Vidriera
,
El celoso extremeño
,
El coloquio de los perros
,
Pedro de Urdemalas
y
La entretenida
. En-tre los agentes de origen herbal citados por Cervantes en el contexto analizado seencuentran el beleño, tabaco, ruibarbo, romero, verbena y, de forma enmascarada, elopio. En relación con otros preparados dotados de actividad psicotrópica, Cervantesno identica sus ingredientes, aunque, a tenor de la sintomatología descrita, podríanser plantas de la familia de las solanáceas, como el beleño, solano, datura, belladonao mandrágora.
Palabras clave:
Cervantes, fármacos psicotrópicos, venenos, antídotos, drogas deabuso, Renacimiento.
The four faces of the
 phármakon
and the“lack of judgment” in the Cervantine textsSummary 
In this paper, we have analysed the Cervantine texts from the perspective of psy-chotropic substances in dierent scenes of use: therapeutical remedies, toxic andpoisonous agents (love lters, poisonous potions), alexipharmic compounds (unicornhorn, bezoar stones) and abuse drugs (witches ointments). Cervantine works whichrefers to these preparations are
Don Quixote
,
The Galatea,
 
Voyage to Parnassus, TheSpanish-English lady 
,
The licentiate of glass
,
The jealous Extremaduran, The colloquy of the dogs, Pedro de Urdemalas
and
The amusing woman
. Agents of herbal origin men-tioned explicitly by Cervantes in the analyzed context include the henbane, tobacco,rhubarb, rosemary, vervain, and masked way, opium. In relation to other of prepara-tions endowed with psychotropic activity, Cervantes does not identify its ingredients,though, within the meaning of the symptoms described by the author, they could beplants of the
Solanaceae
family, as the henbane, nightshade, jimsonweed, belladonnaor mandrake.
Key words:
 
Cervantes, psychotropic drugs, poisons, antidotes, abuse drugs, Ren-aissance.
Francisco López-Muñoz
1,2
, Cecilio Álamo
1
,Pilar García-García
1
1
Departamento de Farmacología, Facultad deMedicina, Universidad de Alcalá, Madrid.
2
Facultad de Ciencias de la Salud, UniversidadCamilo José Cela, Madrid
* Correspondencia:
Dr. Francisco López-Muñoz,C/ Gasómetro, 11, portal 3, 2º A. 28005 Madrid.
E-mail:
 
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FARMACOLOGÍA Y TOXICOLOGÍA
2
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2011Vol. 1 No. 1:1doi: 10:3823/600
Introducción
Desde la visión cientíca actual, bajo el epígrafe de agentespsicotrópicos se englobarían todas aquellas sustancias con ca-pacidad para actuar directamente sobre el funcionalismo de lapsiquis o la mente, es decir sustancias capaces de modicar elestado de ánimo, el comportamiento, etc., bien con un objeti-vo terapéutico (psicofármacos) o puramente recreativo (drogasde abuso). En este sentido, la psicofarmacología constituye hoyen día una disciplina cientíca plenamente consolidada, concarta de naturaleza diferencial dentro del marco de la farmaco-logía. Sin embargo, resultaría completamente erróneo aplicarlos parámetros cientícos que rigen esta disciplina al análisishistórico, en general, y al de la sociedad europea tardorrena-centista (materia que nos ocupa), en particular, no sólo en loque concierne especícamente al fármaco, sino también, y loque es más importante, al propio concepto de la enfermedadmental o de lo que hoy conocemos como trastorno por abusode sustancias.El Diccionario de la Lengua Española dene el término “locura”como “privación del juicio o del uso de la razón”. Sin embargo,esta denición no se corresponde con los signicados que laacepción aludida ha tenido a lo largo de la historia e incluso,en un mismo tiempo, en diferentes entornos culturales. Dehecho, el signicado comúnmente aceptado en la actualidady en la cultura occidental, como sinónimo de enfermedad otrastorno mental, es relativamente reciente, y parte de nalesdel siglo XIX, con la introducción clínica de la nosología krae-peliana. Previamente, la locura siempre ha sido interpretadacomo una desviación de las normas sociales (
de lire ire
, queen latín viene a signicar “desviado del surco recto”), aunque,realmente, hasta el siglo XX nunca ha resultado fácil discernirla cualidad o la intensidad de estas desviaciones para podercatalogar a un sujeto como “loco”, gracias, en gran medida,a la obra de Emil Kraepelin (1856-1926) y su nosología [1]. Así pues, los criterios históricos empleados en medicina para eldiagnóstico de la locura han sido muy imprecisos, e inclusocontradictorios, al igual que el trasfondo etiológico de la mis-ma, que fue evolucionando desde la inuencia sobrenatural ola posesión demoníaca en la Antigüedad, al castigo divino enel Medioevo. Finalmente, serían las corrientes humanistas delRenacimiento las que enlazarían los conceptos de locura y derazón, y aportarían las primeras aproximaciones cientícas alcontexto de la alteración mental.Algo parecido ha sucedido con el recurso al fármaco. Etimo-lógicamente, el término “fármaco” procede del griego
 phár-makon
(
φάρμακον 
), acepción que aparece en
La Iliada
y que secaracteriza por sus múltiples signicados, entre los que desta-can cuatro de nuestro interés: “remedio”, “veneno”, “antídoto”y “droga”. Por tanto, un fármaco, ateniéndonos a su conceptooriginal, englobaría no sólo a aquellas sustancias empleadasen el tratamiento y la prevención de enfermedades, sino tam-bién a aquellas no vinculadas a la cura de las mismas y que po-drían ocasionar efectos lesivos al ser administradas accidentalo intencionalmente, así como a las usadas en la neutralizaciónde dichos efectos. Finalmente, bajo este paraguas también seencontrarían todas las sustancias consumidas de forma socialcon el objetivo de modicar el estado de ánimo e incluso lasconsumidas en eventos de orientación mágica o heterodoxa.En cualquier caso, los límites entre estas cuatro caras del
 phár-makon
no están, incluso hoy día, totalmente perlados, de for-ma que la diferencia entre medicamentos y venenos estriba enla dosis administrada, en la susceptibilidad individual o en elproceso diferencial de acumulación orgánica. Baste recordar,en este sentido, las palabras de Paracelso (Theophrastus Philli-ppus Aureolus Bombastus von Hohenheim) (1493-1541) en suobra
Defensiones
(1537-38): “Alle Dinge sind ein Gift… Allein dieDosis macht, daß ein Ding kein Gift ist” (“Todo es veneno... Sólola dosis hace el veneno”) [2]. Incluso el propio Andrés Laguna(1494-1560) lo aclara mucho mejor: “El veneno en griego se lla-ma pharmaco, el cual nombre es común así a las medicinassantas y salutíferas, como a las malignas y perniciosas: y puesno hay veneno tan pestilente, que no pueda servir en algo aluso de la medicina” [3].El Renacimiento, en su vertiente médica, supuso un auténticocambio de mentalidad en la forma de entender al ser humano,sus comportamientos y sus padecimientos. Este movimientocultural, impulsado por la fuerza vital que imprimía el Huma-nismo, se caracterizó por una gran atracción hacia las cultu-ras clásicas y un vivo deseo de poseer, de primera mano, y nomediatizado por las traducciones efectuadas por los árabes opor los representantes de las escuelas escolásticas medievales(consideradas plagadas de prejuicios y limitaciones), los cono-cimientos generados en éstas. Adicionalmente, la introducciónde la imprenta desde 1440 permitió una amplia difusión delos conocimientos cientícos en general, y del saber médicoen particular. Finalmente, el descubrimiento del Nuevo Mun-do y la expansión comercial hacia Oriente permitió ampliar el
armamentarium
terapéutico disponible por los galenos euro-peos [4]. Baste recordar, en este sentido, las ediciones críticasy comentadas de los escritos médicos de la Antigüedad clásica,destacando las famosas ediciones del
Dioscórides,
realizadas porPietro Andrea Mattioli (1500-1577) y Andrés Laguna [5], o la publi-cación de nuevos tratados terapéuticos relativos a los remediosprocedentes de las Indias, como la obra de Nicolás Monardes(1507-1588)
Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestrasIndias Occidentales que sirven en Medicina
(1565). Sin embargo,durante este periodo, incluso en su fase más tardía, pervivieroncreencias y conductas propias de épocas pretéritas, enmarcadasen la irracionalidad de la magia, la brujería o la presencia del ma-ligno, y también se manejaron, con objetivos extraterapéuticos,una gran cantidad de sustancias dotadas de propiedades tóxicas.En este sentido, hay que resaltar que muchas de las sustanciasque formaban parte del arsenal terapéutico de la medicina du-rante el Renacimiento también eran empleadas, en el entornomágico de la época, como venenos o agentes recreativos enel ámbito de las prácticas de hechicería y brujería, como, porejemplo, los famosos “ungüentos de brujas”.Todos estos usos de los agentes psicotrópicos y venenos queafectan a la cordura, así como el manejo de productos tóxicospor parte de colectivos marginales, pueden apreciarse en las
 
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obras literarias del máximo exponente de la literatura españo-la, Miguel de Cervantes (1547-1616) (
Fig. 1
), que constituyen,sin duda, un magníco espejo en el que observar todos losentramados sociales, usos y costumbres de la España tardo-rrenacentista. Precisamente, una de las constantes de los tex-tos cervantinos reside en la continua aparición de personajesmarginales y marginados, incluidos los locos, en un afán de suautor de efectuar una aguda y sagaz crítica a la sociedad enque vivió. La prueba más evidente de ello se encuentra en losnumerosos personajes de sus
Novelas Ejemplares
(1613), comolas brujas o las hechiceras, muy relacionadas con el ejercicioheterodoxo de la medicina y muy vinculadas, en el imaginarioespañol de la época, con individuos de procedencia moriscao judía [6].
¿De donde proceden los amplios conocimientosde Cervantes en materia de fármacos y venenos?
La dicultad para determinar los auténticos conocimientos deCervantes en materia médica, en general, y terapéutica/toxico-lógica, en particular, ha sido puesta de maniesto en diversosestudios [7-9]. Hay que tener presente, en este sentido, queCervantes era partícipe, como hijo de cirujano-sangrador (Ro-drigo de Cervantes, 1509-1585), hermano de enfermera (An-drea de Cervantes, 1545?-1609) y bisnieto de bachiller médico(Juan Díaz de Torreblanca (¿-1512), de ciertos conocimientosdel arte de la medicina, conocimientos que pudo haber trans-fundido a sus creaciones literarias. Además, los médicos tam-bién se encontraban entre sus amistades más íntimas, comoFrancisco Díaz (1527-1590), para cuyo tratado de urología es-cribió un soneto preliminar, o los vallisoletanos Alonso López“el Pinciano” (1547-1627), reconocido poeta y también críticoliterario, y Antonio Ponce de Santa Cruz (1561-1632), catedráti-co de la Universidad de Valladolid [10]. Incluso algunos autoreshan llegado a postular que el autor de
El Quijote
(
El IngeniosoHidalgo Don Quijote de La Mancha
, 1605) tal vez podría habercursado especícamente algunas materias médicas [11]. Ade-más, Cervantes vivió durante un periodo en el que la medicinaespañola experimentó un gran avance [12-14], destacando, eneste sentido, los autores que se ocuparon de la medicina de lamente, como Oliva Sabuco de Nantes Barrera (1562-?), AntonioGómez Pereira (1500-1558), Juan Luís Vives (1492-1540) o JuanHuarte de San Juan (1529-1588), el autor español de mayor pro-yección internacional de su época, y en cuya una única obra(
Examen de ingenios para las ciencias
, 1575) se ha querido veruna inuencia directa en la concepción de
El Quijote
[14-15].Todos estos autores, y sus obras, dan fe del gran interés susci-tado en España durante el siglo XVI por los trastornos mentalesy el papel jugado por la mente en la estabilización de la orga-nicidad. Por otra parte, y especícamente en relación con losenfermos mentales, Cervantes también pudo haber obtenidoinformación de primera mano, tanto clínica como terapéutica,de su contacto directo con los enfermos internados en el Hos-pital Psiquiátrico de Sevilla [16].Por otra parte, en la biblioteca particular de Cervantes se hanidenticado varios tratados de materia médica muy conocidosen su época. Los textos médicos recopilados por Eisenberg [17]en su minucioso estudio de reconstrucción de la biblioteca cer-vantina son el
Libro de las quatro enfermedades cortesanas queson catarro, gota arthética, sciática, mal de piedra y de riñonese hijada, e mal de búas
(1544), de Luis Lobera de Ávila (1480?-1551), la
Práctica y theórica de cirugía en romance y latín
(1584),de Dionisio Daza Chacón (1513-1596), la
Practica in Arte Chirur-gica Copiosa
, de Giovanni de Vigo (1450-1525) y traducción deMiguel Juan Pascual (1537), el
Tratado nuevamente impressso detodas las enfermedades de los riñones, vexiga, y carnosidades dela verga
(1586) de Francisco Díaz, el
Examen de ingenios para lasciencias
(1575) de Juan Huarte de San Juan y, lo que es más im-portante en el tema que nos concierne, el
Dioscórides
comen-tado e ilustrado por Andrés Laguna, que si corresponde, comoindica el investigador, al legado paterno, debía correspondera la edición salmantina de 1563, o una de sus reimpresionesde 1566 o 1570, ya que Rodrigo de Cervantes falleció en 1585.Así pues, el amplio conocimiento de las plantas y de otros re-cursos terapéuticos que exhibe Cervantes [18-20] posiblemen-te proceda de la lectura y de la consulta de obras técnicas,como la famosa edición del
Dioscórides
editada por Laguna.En este sentido, como resalta Eisenberg [17], Cervantes era
FIGURA 1.
 Visión alegórica de Miguel de Cervantes, segúnun dibujo de Charles Monnet, grabado por PierreDuos, para el frontispicio de la edición de Gabri-el de Sancha de
El ingenioso hidalgo Don Quixotede la Mancha
(Madrid, 1797-1798).

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