ACRE Y SIN EMBARGO AMABLE
ASOCIACIÓN DE CONSERVADORES RESTAURADORES DE ESPAÑA
Fernando Carrera Ramírez
Desde que se dieron los primeros pasos hace aproximadamente un año, más de 800colegas han mostrado interés en la iniciativa que denominamos ACRE para la constituciónde una asociación profesional de conservadores restauradores de ámbito estatal.Esta respuesta vino a confirmar lo que sospechábamos: que muchos colegas se sentíandesasistidos y desorientados. El desconcierto
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cuando no el cabreo- provenía de unaexperiencia profesional demoledora a todos los niveles: competencia desleal, categoríalaboral impropia, falta de representatividad en órganos técnicos y consultivos,titulaciones irregulares y, quizá como causa de todo lo anterior, una absolutadesregulación de la actividad profesional.Estamos seguros de que cada uno de los 800 podría redactar una experiencia vital quecontuviera alguno, sino todos, de los ingredientes reseñados. Sin embargo, desde el meroprincipio hemos preferido no hundirnos en el pozo de la melancolía sino empezar aconstruir una solución que se presenta larga y compleja, que nadie nos va a regalar peroque se atisba en un futuro no tan lejano.En el listado de los defectos, habría que señalar asimismo alguno propio: nunca está demás recurrir a la incómoda autocrítica. Nos referimos a la tristemente larga historia dedesencuentros entre las dos propuestas académicas existentes en España y que aúnpermanece insolente tras el publicitado proceso de Bolonia. Proviniésemos de uno u otrogremio, los unos siempre nos sentimos mejores que los otros, lo que fue aprovechado porsonrientes competidores que nos observaban condescendientes y nos regalaban losobrante del banquete patrimonial.Los conservadores, desconcertados, nos fuimos acostumbrando a este estado de cosas;hace años apenas importaba porque había trabajo y la situación era intrínseca a laprofesión. El paso del tiempo ha producido un lógico incremento de profesionales y uninexplicable empeoramiento de las condiciones del mercado de trabajo. Y unos cuantosde nosotros, representantes de todos los demás, decidimos que había que intentarnuevamente enderezar las cosas. Eso sí, ese intento debía de nacer con un condicionanteirreversible: la batalla entre conservadores (universitarios vs. diplomados) había dedesaparecer. Ahora todos íbamos a ser graduados, pero también percibíamos que esacontienda
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rancia, obsoleta- pertenecía a la Academia, que la había alimentado obviandolas penurias de sus egresados.Un año después y con razonable retraso estamos por fin listos. La Asociación se haconstituido, ha iniciado sus primeros pasos y está dispuesta a recibir a todos los quequieran aportar su esfuerzo. Este escrito pretende esbozar someramente las pretensionese intereses de la asociación en la que habéis de participar activamente.