3favorecer el libre mercado, pero procurando al mismo tiempo abstenerse de adoptarposiciones éticas.(6)Una de las más importantes variables utilitaristas es el principio de la unanimidad,basado en el criterio del “óptimo de Pareto”, según el cual una política es “buena” si aalguno o algunos les va “mejor” (en términos de bienes capaces de satisfacer lasnecesidades) con dicha política y a ninguno le va “peor”. Una versión estricta del óptimo dePareto implica unanimidad: toda persona aceptará una acción gubernamental con la quecree que le irá mejor o, en todo caso, no peor. En los últimos años, el profesor JamesBuchanan ha subrayado con energía este principio de la unanimidad como base de unmercado libre con acuerdos voluntarios y contractuales. Este principio ofrece grandesatractivos a los economistas “sin juicios valorativos” y deseosos de emitir juicios políticos,porque, con mucha mayor razón que en el caso de la simple mayoría, un economista puededefender con seguridad una economía favorablemente acogida
por
todos
los miembros deuna comunidad. Pero aunque a primera vista este principio de la unanimidad es atrayentepara los libertarios, lleva en su propio núcleo una grieta vital e irreparable: que la bondad delos contratos libres o de los cambios –aprobados por unanimidad– respecto de la situaciónactual depende enteramente de la bondad o de la justicia de esta situación
en sí misma
considerada. Ahora bien, ni el óptimo de Pareto ni su variante del principio de unanimidadpueden decirnos nada sobre la bondad o la justicia de este
status quo
, ya que se centran tansólo en el tema de los
cambios frente a
esta situación, es decir, en el punto cero.(7) Y no esesto todo: la exigencia de que los cambios cuenten con aprobación unánime congelaforzosamente el
status quo
actual. Si esta situación es injusta o represora, el principio deunanimidad se convierte en un grave obstáculo a la justicia y la libertad, no en un baluarteen el que apoyarse. Los economistas que invocan el principio de unanimidad como unpronunciamiento al parecer neutral a favor de la libertad están emitiendo un juicio de valormasivo y absolutamente intolerable en apoyo de la congelación del
status quo
.La variante –generalmente aceptada– del óptimo de Pareto conocida como “principiode la compensación” exhibe todas las deficiencias del estricto principio de la unanimidad yañade algunas nuevas de su propia cosecha. Según este principio, una política pública es“buena” si los que salen ganando (en capacidad de satisfacción de sus necesidades) con ellapueden compensar a los que salen perdiendo y obtener además ganancias netas. Porconsiguiente, aunque en un primer momento hay quienes pierden capacidad de satisfaccióna causa de esta política, ya no los habría cuando se lleva a cabo la compensación. Ahorabien, este principio da por supuesto que es conceptualmente posible sumar y restar lassatisfacciones de diferentes personas y medir, por tanto, sus pérdidas y ganancias; y asumetambién que pueden calcularse con precisión las pérdidas y ganancias individuales. Pero laeconomía nos informa que las “utilidades”, y, por consiguiente, también las ganancias ypérdidas de “utilidad”, son conceptos psíquicos puramente subjetivos, que los observadoresexteriores no pueden medir y ni siquiera estimar. Así, pues, no es posible sumarlas,restarlas, ponderarlas o compararlas con las de otros, y mucho menos pueden descubrirselas compensaciones precisas. Los economistas concuerdan, en general, en medir laspérdidas psíquicas de “utilidad” mediante el precio monetario de un activo o de unapropiedad. Así, por ejemplo, si el humo de las locomotoras de un ferrocarril daña una
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