Es la dicotomía mentalidad primitiva y mentalidad civilizada desde donde lasteorías historicistas sobre la religión, a las que el profesor sir Edward E. Evans-Pritchard denominó teorías «psicológicas», quedarán de algún modo más aclaradas,en la medida que dichas investigaciones ven el origen de la religión en un modo deconocimiento o en una reacción meramente emocional frente a lo inexplicable.
Mentalidad primitiva. Mentalidad civilizada
Desde este ángulo de enfoque parece pertinente que dejando a un lado todacronología analicemos, en primer lugar, la obra del filósofo francés Lucien Lévy-Bruhl(1857-1939) y, esto, debido a que ha sido él la persona que de manera mássistemática ha encarado el tema de las dos mentalidades resumiendo en su obra, porasí decir, las posiciones «ideológicas» que antes y después de la misma
han constituido el transfondo de ia meditación antropológica sobre el universo mental "primitivo».
Las concepciones de Lévy-Bruhl presentan alguna dificultad, han idoevolucionando de una obra a otra y al final parece como si se anularan a sí mismas.En su primera obra consagrada a este problema,
Les fonctions mental dans les sociétés inférieures
(1910), sostiene que entre las sociedades humanas y respecto alas operaciones mentales puede haber diferencias tan grandes como las que seobservan en Biología entre los animales vertebrados y los invertebrados. Anuncia quesu intento es comparar dos mentalidades que —según él— difieren al máximo: lamentalidad de las sociedades llamadas inferiores, en general, y nuestra propiamentalidad. Dentro del concepto de «mentalidad primitiva» engloba a todas aquellassociedades que tienen un nivel cultural que considera más bajo que el de nuestracivilización —a pesar de su gran y manifiesta variedad— y trata de estudiar las «re-presentaciones colectivas» de estas sociedades caracterizadas como inferiores y elmecanismo mental que regula su juego (funcionamiento).Por representaciones entiende, cuando el vocablo es aplicado a los «primitivos»,un fenómeno complejo en el cual «el elemento cognoscitivo» está mezclado aelementos «emocionales». De esta manera, las «representaciones primitivas» no separecen a nuestros conceptos. La diferencia se encuentra en gran medida en elcarácter «místico» de las primeras. Y Lévy-Bruhl, aclara, que utiliza el adjetivo«místico» no como alusión al misticismo religioso de nuestras sociedades, sino en elsentido de «la creencia en fuerzas, influencias y acciones no perceptibles por lossentidos y, sin embargo, reales».La «mentalidad primitiva» y la «mentalidad civilizada» son diferentes, aunque,según su opinión, es posible una «comunicación practicable» entre ellas. No obstante,ésta no llega hasta la completa inteligibilidad. En definitiva, para Lévy-Bruhl, lamentalidad primitiva no está regida por una lógica diferente a la nuestra pero obedece,sin embargo, también, a otras leyes distintas de nuestra lógica. Y caracteriza a estas«otras leyes» de prelógicas. La mentalidad primitiva es, pues, mística en cuanto alcontenido de sus representaciones y prelógica en lo referente a los niveles entre éstas.«Este pensamiento (el primitivo) —dice— no es antilógico, ni siquiera alógico. Al lla-marlo «prelógico» quiero decir tan sólo que no se esfuerza ante todo, como nuestropropio pensamiento, por evitar la contradicción.» El pensamiento primitivo obedece,pues, a un principio que nuestro autor llama «ley de la participación». Y es neutro conrespecto al principio de no contradicción. Y Lévy-Bruhl denomina «ley de la par-ticipación» al principio propio de la mentalidad primitiva por el que se vinculan las«representaciones colectivas» de orden místico. En virtud de este principio, o a causa