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Ejercicios de Redaccion

Ejercicios de Redaccion

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03/18/2014

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EJERCICIO # 9Tema:
Autocorrección de textos.
Subtema:
Barbarismos
Lee el siguiente texto y subraya todos los vulgarismos queencuentres.LA MUERTE TIENE(PERMISO
Edmundo ValadezSobre el estrado, los ingenieros conver{an, ríen. Se golpean unos aotros con bromas incisivas. Sueltan chistes gruesos cuyo clímax essiempre áspero. Poco a poco su atención se concentra en el auditorio.Dejan de recordar la última juerga, las intimidades de la muchachaque debutó en la casa de recreo a la que son asiduos. El tema de sucharla son ahora esos hombres, ejidatarios congregados en unaasamblea y que están ahí debajo, frente a ellos.Si debemos redimirlos. Hay que incorporarlos a nuestra civilización,limpiándolos por fuera y enseñándolos a ser sucios por dentro...Es usted un escéptico, ingeniero, además, pone usted en tela de juicio nuestros esfuerzo, los de la Revolución.¡Bah! Todo es inútil. Estos jijos son irremediables. Están podridos enalcohol, en ignorancia. De nada ha servido repartirles tierras.Usted es un superficial, un derrotista, compañero. Nosotros tenemosla culpa. Les hemos dado las tierras, ¿Y que? Estamos ya muysatisfechos. Y el crédito, los abonos, una nueva técnica agrícola,maquinaria, ¿van a inventar ellos todo eso?El presidente, mientras se atusa los enhiestos bigotes, acariciabahasta por la iza sus dedos con fruición, observa tras sus gafas,inmune al floreteo de los ingenieros. Cuando el olor animal, terrestre,picante, de quienes se acomodan en las bancas, cosquillea su olfato,saca un paliacate y se suena las narices ruidosamente. El también fuehombre del campo. Pero hace ya mucho tiempo.Los de abajo se sientan con solemnidad, con el recogimiento delhombre campesino que penetra en un recinto cerrado: la asamblea oel templo. Hablan parcamente y las palabras que cambian dicen decosechas, de lluvia, de animales, de créditos. Muchos llevan susitacates al hombro, cartucherías para combatir al hombre. Algunosfuman, sosegadamente, sin prisa, con los cigarrillos como si leshubieran crecido en la propia mano.
 
Otros, de pie, recargados en los muros laterales, con los brazoscruzados sobre el pecho hacen una tranquila guardia.El presidente agita la campanilla y su retintín diluye los murmullos.Primero empiezan los ingenieros. Hablan de los problemas agrarios,le la necesidad de incrementar la producción, de mejorar los cultivos.Prometen ayuda a los ejidatarios, los estimulan a plantear susnecesidades.- Queremos ayudarlos, pueden confiar en nosotros.Ahora, el turno es para los de abajo. El presidente los invita aexponer sus asuntos. Una mano alza, tímida. Otras la siguen. Vanhablando de sus cosas: el agua, el cacique, el crédito, la escuela.Unos son directos, precisos; otros se enredan, no atinan aexpresarse. Se rascan la cabeza y vuelven el rostro a buscar lo queiban a decir, como si la idea se le hubiera escondido en algún rincón,en los ojos de un compañero o arriba, donde cuelga un candil.Allí. En un grupo, hay cuchicheos. Son todos los del mismo pueblo.Les preocupa algo grave. Se consultan unos a otros: consideran quienes el que debe tomar la palabra.- Yo crio’que Jilipe: sabe mucho.Ahora, de aquello, la ciudad y su posición solo le han dejado elpañuelo y la rugosidad de sus manos.- Ora, tú, Juan, tú hablaste aquella vez.No hay unanimidid. Los aludidos esperan empujados. Un viejo, quizáel patriarca decide:- Pos que le toque a Sacramento...Sacramento espera.- Ándale, levanta la mano.La mano se alza, pero no la ve el presidente. Otras son más visibles yganan turno. Sacramento escudriña al viejo. Uno, muy joven, levantala suya, bien alta. Sobre el bosque de hirsutas cabezas pueden verselos cinco dedos morenos, terrosos, la mano es descubierta por elpresidente. La palabra esta concedida.- Órale, párate.
 
La mano baja cuando Sacramento se pone de pie. Trata de hallarlesitio al sombrero. El sombrero se transforma en un ancho estorbo,crece, no cabe en ningún lado. Sacramento se queda con él en lasmanos. En la mesa hay señales de impaciencia. La voz del presidentesalta, autoritaria, conminativa.- A ver ese que pidió la palabra, lo estamos esperando.Sacramento prende sus ojos en el ingeniero que se halla a unextremo de la mesa. Parece que sólo va a dirigirse a él; que losdemás han desaparecido y han quedado únicamente ellos dos en lasala.- Quiero hablar por los de San Juan de las Manzanas. Traimos unaqueja contra el Presidente Municipal que nos hace mucha guerra y yano lo aguantamos. Primero les quitó sus tierritas a Felipe Pérez y aJuan Hernández, porque colindaban con las suyas. Telegrafiamos aMéxico y ni nos contestaron. Hablamos los de la congregación ypensamos que era bueno ir al Agrario, pa’ la restitución. Pos de nadavalieron las vueltas ni los papeles, que las tierritas se le quedaron alpresidente municipal.Sacramento habla sin que se alteren sus facciones. Pudiera creerseque reza una vieja oración, de la que sabe muy bien el principio y elfin.- Pos nada, que como nos vio con rencor, nos acusó quesque porrevoltosos. Que parecía que nosotros le habíamos quitado sus tierras.Se nos vino entonces con eso de las cuentas; lo de los prestamos,siñor, que dizque andábamos atrasados. Y el agente era de su malparecer, que teníamos que pagar hartos intereses. Cresencio, el quevive por la aloma, por ai donde está el aguaje y que le intelige a esode los números, pos, hizo las cuentas y no era verda: nos queríacobrar de más. Pero el Presidente Municipal trajo unos señores dexico, que con muchos poderes y que si no pagábamos nosquitaban las tierras. Pos como quien dice, nos cobró a la fuerza lo quedebíamos.Sacramento habla sin énfasis, sin pausadas premeditadas. Es como siestuviera arando la tierra. Sus palabras caen como granos alsembrar.- Pos luego lo de m’ijo, siñor. Se encorajinó el muchacho. Siviera(usté que a mi me dio mala idea. Yo lo quise detener. Habíatomado y se le enturbió la cabeza. De nada me valió mi respeto. Sefue a buscar al Presidente Municipal, pa’ reclamarle... Lo mataron a la

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