CULTURA DE CONSUMOClaudio Alvarez Terán3
Marx sostenía que natural y originalmente la mercancía tiene un valor de uso, funcional,es decir el valor que la cosa tiene en relación al uso que se va a dar a partir de lasnecesidades naturales de quien la consume, y que el capitalismo industrial transforma esevalor de uso en valor de cambio, es decir, le asigna a la mercancía un valor adicional quees el trabajo socialmente necesario para producir el bien.Mientras que las necesidades naturales que originan el valor de uso no permitenestablecer equivalencias según los diversos bienes, no pueden compararse dosnecesidades, ambas son igual de valiosas. ¿Entre una cocina y una llave, cuál de ambosbienes tienen mayor valor de uso?Sin embargo sí pueden compararse las cantidades de trabajo (socialmente necesario) quetienen las diversas mercancías, lo que se considera valor de cambio. Por ejemplo, si enuna mercancía A hay dos veces más trabajo que en una mercancía B, la mercancía Atiene un valor de cambio 2 respecto a la B. En este caso puede compararse el valor decambio de una cocina y de una llave.Pero lo que dice Baudrillard es que hoy ya no se intercambian mercancías por su valor de
uso ni por su valor de cambio, sino que se lo hace por su “valor signo”, por lo que significa
esa cosa para quien la compra, que no tiene relación con su utilidad material ni con suprecio sino con el factor de los bienes de ser comunicadores de un significado, deresponder a una motivación, una emoción, una vivencia, una sensación, un gusto, unaidentidad. Se ha pasado de una visión materialista a una visión cultural.La gente ya no consume bienes por sus características materiales sino por lossignificados que cada consumidor extrae de la posesión de la mercancía, así es como lacultura ingresa de lleno a la economía. El consumo ya no debe ser entendido comoconsumo de valor de uso (utilidad material) sino como consumo de signos.Solo en contadas ocasiones consumir es una transacción económica racional puramentecalculadora en busca de una utilidad de un bien, en la mayor parte se trata de unaactividad esencialmente cultural, en una experiencia.La cultura es el elemento central del consumo, ninguna sociedad ha estado tan saturadade signos y de imágenes como nuestra cultura contemporánea, y en este escenario losmedios son el gran responsable generando tal cantidad de signos e imágenes que logróconfundir el límite entre lo real y lo imaginario, se ha creado una cobertura estética de larealidad.La estetización de la realidad pone en primer plano la importancia del estilo con supermanente búsqueda de nuevas modas, estilos, sensaciones y experiencias, de tal modoque las publicidades dejan de contener información sobre los productos y ceden lugar a laexposición de imágenes sobre estilos de vida.Y no solo sucede esto con los bienes sino también con las experiencias que se conviertenen mercancías como los espectáculos deportivos, el turismo, los juegos, etc.Todos los bienes de consumo habituales y cotidianos se asocian con el lujo, la belleza, lafantasía, lo diferente, y cada vez se hace más difícil descifrar
cual es su “utilidad” original
para el cual estuvieron creados. Es posible hablar de un cálculo hedonista que ejerce elconsumidor, un cálculo basado en el placer, una economía emocional.Los consumidores no adoptan un estilo de vida por tradición o por hábito, sino que hacen
del estilo de vida un proyecto personal, el consumidor no solo “habla” por su vestimenta,
sino también por su casa, a través de su mobiliario, de su automóvil, de sus actividades
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