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Touraine. Que es la democracia

Touraine. Que es la democracia

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Alain Touraine
¿Qué es la democracia?
1. La democracia: una idea nueva2. Derechos del hombre, representatividad, ciudadanía3. La limitación del poder 4. Representatividad de los actores políticos5. Ciudadanía6. Republicanos y liberales
1
7. La apertura del espacio público8. La política del sujeto9. La recomposición del mundo
1. La democracia: una idea nueva
FCE, México, 2001, págs. 15-34
Un triunfo dudoso
La DEMOCRACIA es una idea nueva. Como el Este y en el Sur se derrumbaron losregímenes autoritarios y Estados Unidos ganó la guerra fría contra una Unión Soviéticaque, después de haber perdido su imperio, su partido todopoderoso y su adelantotecnológico, terminó por desaparecer, creemos que la democracia ha venció y que hoy endía se impune como la forma normal de organización política, como el aspecto político deuna modernidad cuya forma económica es la economía de mercado y cuya expresióncultural es la secularización. Pero esta idea, por más tranquilizadora que pueda ser para losoccidentales, es de una ligereza que debería inquietarlos. Un mercado político abierto,competitivo, no es plenamente identificable con la democracia, así como la economía demercado no constituye por sí misma una sociedad industrial. En los dos casos, puededecirse que un sistema abierto, político o económico, es una condición necesaria pero nosuficiente de la democracia o del desarrollo económico; no hay, en efecto, democracia sin
1
Alain Touraine, “Republicanos y Liberales” en
¿Qué es la democracia?
, c.6, FCE, México, 2001, 115-132.Para uso exclusivo de los estudiantes.
 
A. Touraine, 11, “Democracia: una idea nueva”.
libre elección de los gobernantes por los gobernados, sin pluralismo político, pero no puede hablarse de democracia si los electores sólo puede notar entre dos facciones de laoligarquía, del ejército o del aparato del Estado. Del mismo modo, la economía de mercadoasegura la independencia de la economía con respecto a un Estado, una Iglesia o una casta, pero hace falta un sistema jurídico, una administración pública, la integración de unterritorio, empresarios y agentes de redistribución del producto nacional para que deudahablarse de sociedad industrial o de crecimiento endógeno (
 self-sustainning growth
).En la actualidad muchos signos pueden llevarnos a pensar que los regímenes llamadosdemocráticos se debilitan tanto como los regímenes autoritarios, y están sometidos aexigencias del mercado mundial protegido y regulado por el poderío de Estados Unidos y por acuerdos entre los tres principales centros de poder económico. Este mercado mundialtolera la participación de unos países que tienen gobiernos autoritarios fuertes, de otros conregímenes autoritarios en descomposición, de otros, aún, con regímenes oligárquicos y, por último, de algunos cuyos regímenes pueden considerarse democráticos, es decir donde losgobernados eligen libremente a los gobernantes que los representan.En retroceso de los Estados, democráticos o no, entra una disminucn de la participación política y lo que justamente se denominó una crisis de la representación política. Los electores ya no se sienten representados, lo que expresan denunciando a unaclase política que ya no tendría otro objetivo que su propio poder y, a veces, incluso elenriquecimiento personal de sus miembros. La conciencia de ciudadanía se debilita, ya sea porque muchos individuos se sienten s consumidores que ciudadanos y scosmopolitas que nacionales, ya porque, al contrario, cierto número de ellos se sientenmarginados o excluidos de una sociedad en la cual no sienten que participan, por razoneseconómicas, políticas, étnicas o culturales.La democracia así debilitada, puede ser destruida, ya sea desde arriba, por un poder autoritario, ya desde abajo, por el caos, la violencia y la guerra civil, ya desde sí misma, por el control ejercido sobre el poder por oligarquías o partidos que acumulan recursoseconómicos o políticos para imponer sus decisiones a unos ciudadanos reducidos al papelde electores. El siglo XX ha estado tan fuertemente marcado por regímenes totalitarios,que la destrucción de éstos pudo aparecer a muchos como una prueba suficiente del triunfode la democracia. Pero contentarse con definiciones meramente indirectas, negativas de lademocracia significa restringir el análisis de una manera inaceptable. Tanto en su libro másreciente como en el primero, Giovanni Sartori tiene razón al rechazar absolutamente laseparación de dos formas de democracia, política y social, formal y real, burguesa ysocialista, según el vocabulario preferido por los ideólogos, y al recordar su unidad. Tiene,incluso, doblemente razón: en primer lugar, dado que no podría emplearse el mismotérmino para designar dos realidades diferentes si no tuvieran importantes elementoscomunes entre sí y, en segundo lugar, porque un discurso que conduce a llamar democraciaa un régimen autoritario y hasta totalitario se destruye a sí mismo.¿Será preciso que nos contentemos con acompañar al péndulo en su movimiento de retornoa las libertades constitucionales, después de haber buscado extender durante un largo sigloque comenzó en 1818 en [Francia, la libertad política ala vida económica y social? Unaactitud semejante no aportaría ninguna respuesta a la pregunta: ¿cómo combinar, cómoasocial el gobierno por la ley con la representación de los intereses? No haría sino subrayar 2
 
A. Touraine, 11, “Democracia: una idea nueva”.
la oposición de esos dos objetivos y por lo tanto la imposibilidad de construir e incluso dedefinir la democracia. Henos aquí de vuelva en nuestro punto de partida. Aceptemos con Norberto Bobbio, entonces, definir a la democracia por tres principios institucionales: en primer lugar como “un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecenquién está autorizado a tomar las decisiones mediante qué procedimientos (
 Il futuro dellademocrzcia, 5)
; a continuación, diciendo que un régimen es tanto más democrático cuantouna mayor cantidad de personas participa directa o indirectamente en la toma dedecisiones; por último, subrayando que las elecciones a hacer deben ser reales. Aceptemostambién decir con él que la democracia descansa sobre la sustitución de una concepciónorgánica de la sociedad por una visión individualista cuyos elementos principales son laidea de contrato, el reemplazo del hombre político según Aristóteles por el homo
oeconomicus
y por el utilitarismo y su búsqueda de la felicidad para el mayor número. Perodespués de haber planteado estos principios “liberales”, Bobbio nos hace descubrir que larealidad política es muy diferente del modelo que acaba de proponerse: las grandesorganizaciones, partidos y sindicatos, tienen un peso creciente sobre la vida política, lo quea menudo quita toda realidad al pueblo “supuestamente soberano”; los intereses particulares no desaparecen ante la voluntad general y las oligarquías se mantienen. Por último, el funcionamiento democrático no penetra en la mayor parte de los dominios de lavida social, y el secreto, contrario a la democracia, sigue desempeñando un papelimportante; detrás de las formas de la democracia se constituye cuando un gobierno de lostécnicos y los aparatos. A esas inquietudes se agrega un interrogante más fundamental: sila democracia no es más que un conjunto de reglas y procedimientos, ¿por qué losciudadanos habrían de defenderla activamente? Sólo algunos disputados se hacen matar  por una ley electoral.Es preciso concluir que la necesidad de buscar, detrás de las reglas reprocedimiento queson necesarias, e incluso indispensables para la existencia de la democracia, cómo seforma, se expresa y se aplica una voluntad que representa los intereses de la mayoría almismo tiempo que la conciencia de todos de ser ciudadanos responsables desorden social.Las reglas de procedimiento no son más que medios al servicio de fines nunca alcanzados pero que deben dar su sentido a las actividades políticas: impedir la arbitrariedad y elsecreto, responder a las demandas de la mayoría, garantizar la participación de la mayor cantidad posible de personas en la vida pública. Hoy, cuado retroceden los regímenesautoritarios y han desaparecido las “democracias populares” que no eran sino dictadurasejercidas por un partido único sobre un pueblo, ya no podemos contentarnos con garantíasconstitucionales y jurídicas, en tanto la vida económica y social permanecería dominada por oligarquías cada vez más inalcanzables.Tal es el objeto de esta reflexión. Desconfiado con respecto a la democracia participativa,inquieto ante todas las formas de influencia de los poderes centrales sobre los individuos yla opinión pública, hostil a los llamados al pueblo, la nación o la historia, que siempretermina por dar al Estado una legitimidad que ya no proviene de una elección libre, se pregunta acerca del contenido social y cultural de la democracia de hoy en día. A fines delsiglo XIX, las democracias limitados fueron desbordadas, por un lado, por la aparición dela democracia industrial y la formación de gobiernos socialdemócratas apoyados por lossindicatos y, por el otro, por la formación de partidos revolucionarios originados en el pensamiento de Lenín y de todos los que daban prioridad a la caída de un antiguo régimen3

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