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Damián Neri - Preservar La Colectividad

Damián Neri - Preservar La Colectividad

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PRESERVAR LA COLECTIVIDAD
Damián Neri
“Varía localmente el campo electromagnético, cambia la distribución electrostática en un extremo dela moneda y podrás hacer que caiga cara en vez de cruz. ¡Felicidades, has manipulado el azar!” (JorvG. Looschip, Vigesimocuarta Generación de Cartógrafos Espaciales de Dreaya. 4071 d.C.)
S-21r leyó el código del contenedor metálico que su colega llevaba en las agarraderaselectromagnéticas. Sus fotoceldas se movieron del frasco al rostro gris e inexpresivo de S-22r. Los dos pequeños robots eran transportados por la cinta que llevaba al ColectivoSagitario.Llegaron al exterior, avanzaron sobre un gran puente. Allí, a lo lejos, hacia donde lacinta los llevaba, bañados por la luz del sol, se levantaban algunos edificios de varios cientosde pisos. El puente desembocaba en una estructura cubiforme, un gran cubo esparcido entreotros cubos, de color azul fuerte, contrastante contra el cielo violáceo. Los robots llegaron ensilencio hasta el edificio. Al atravesar el arco que delimitaba la puerta semipermeable, lailuminación abandonó su tono amarillento para dar paso al azul que emanaba de lasparedes. En el interior, las quinas trabajaban silenciosamente. Los dos robots sesepararon; S-21r fue hacia los niveles inferiores y S-22r hacia los superiores a través de lostubos elevadores.Once pisos arriba, el reparador vio que el robot acababa de llegar. S-22r se acercó alreparador. El humano tenía apariencia robótica, pues su cuerpo era de metal, era bajito,apenas superaba el metro de altura, lo mismo que mea S-22r, y sus ocho brazosdescansaban sobre los costados.—Acompáñame —le dijo mentalmente el reparador, mirando el contenedor quellevaba el robot.S-22r lo sigu. Entraron a un haz verde horizontal que delimitaba un campomagnético, y los impulsó hasta la parte oeste del edificio, allí donde se encontraban lasinstalaciones del complejo de investigación orgánica. El haz los hizo detenerse frente a lapuerta semipermeable de uno de los laboratorios. Los sensores de equilibrio del humano sedesbalancearon un poco, pero luego se estabilizaron. Atravesaron la puerta semipermeable.Quien los esperaba dentro clavó su vista en el contenedor del robot, era un hombre muy alto,de grandes alas, cubierto de pumas negras y brillantes. Las plumas que recubrían su cuerpovariaban de tonalidad y de brillo cuando se movía. Se acercó a S-22r y el pequeño autómatale entregó el frasco. El hombre alado se volvió hacia una mesa que se acababa dematerializar frente a una pared, allí depositó el recipiente, al que le conectó un tubo. Las alasdel hombre sufieron un espasmo. Palpó el recipiente. Se inclinó hacia adelante y lo miró decerca. El cilindro tenía un indicador de temperatura, marcaba por encima de los 70 Celsius.El hombre alado se giró tan bruscamente hacia el robot y hacia el humano que unas plumasse le desprendieron.—¿Qué le ha ocurrido al cerebro? —la voz mental del hombre alado llegó a losreceptores corticales del reparador y de S-22r. El par de plumas cayó con lentitud al suelo.—Se lo he entregado —transmitió S-22r—. Usted lo la colocado sobre la mesa.—Sí —respondió el alado—, eso lo sé. Me refiero a que la temperatura no es lacorrecta.—Eso no es posible —transmitió el robot.—¿Qué necesidad tienes de mentir? —emitió el reparador, dirigiéndose al alado.El hombre alado quitó de un tirón el tubo que había conectado al contenedor.
 
—No importa —dijo—. Pero han retrasado la instalacn de este cerebro en elorganismo de C. Y el tiempo es muy importante.—¿Me he equivocado? —preguntó S-22r.—Míralo por ti mismo —respondió el hombre alado mientras el robot se acercaba einspeccionaba en frasco sobre la mesa—. Has dejado que la batería se agotara.No entiendo mo ha podido pasar. —S-22r se dirigió hacia la puertasemipermeable del laboratorio—. Iré a reparación.La polaridad de la puerta semipermeable se invirtió y el robot se marchó pasando através de ella.El hombre alado sujetó el contenedor y, bajando la vista, miró al reparador. Leextendió el recipiente.—Lévate esto y que reestablezcan las neuronas y las conexiones faltantes.El reparador extendió el par superior de sus ocho brazos y tomó el contenedor, perose quedó parado como si no hubiese recibido la orden.El alado lo miró.—Ya sé que es muy raro —emitió el hombre alado.—¿Cuándo había ocurrido un error antes?—La Colectividad no tiene registro de algo así —el hombre alado se sintió incómodo,desvió la mirada del pequeño humano metálico—. Anda, el tiempo apremia.El sol, en su rápido recorrido por el firmamento, se ocultó en el horizonte, y el disco deun gigantesco planeta comenzó a asomar, pintado de naranja y de rojo y de verde. Lasgigantescas estructuras del Colectivo Sagitario adquirieron otra coloración bajo la luz delplaneta creciente. El satélite giraba y las unidades sobre su superficie pululaban, dirigiéndosea un lugar apacible para poder ser parte de, para ser, La Colectividad.El hombre alado iba entre ellos, él se dirigía, entre la masa de miles de cuerposbiológicos y robóticos, hacia la estructura sur del Colectivo Sagitario. Sus plumas negras semovían bajo la briza de los convectores atmosféricos de aire del satélite. Ya se encontrabacasi al pie del enorme cubo sur, desplazándose sobre la cinta transportadora junto a unalarga fila de cuerpos.Había siete carriles más de cintas transportadoras, todas a su izquierda. Frente a élhabía un helicoide, un organismo con mente humana y cuerpo de cometa helicoidal, e ibaunido a la cinta por un candado electromagnético, mientras el helicoide se mantenía a flote,girando sobre su eje; a su izquierda había un felinoide, de pelaje naranja manchado depúrpura, con la cabeza gatuna en alto.Fueron entrando en el edificio, a un túnel muy ancho tapizado a ambos lados depuertas semipermeables: las entradas a las habitaciones, a los pequeños cubos en los quese iban introduciendo las unidades. Las cintas interactuaban entre sí, si la habitación dealguna unidad estaba cerca, las cintas desplazaban a la unidad hacia las cintas de losextremos para que ésta pudiese cómodamente descender de la cinta transportadora y entrar a su cubo. El hombre alado, que estaba en un carril exterior, caminó hacia una plataformaindividual que se movía a la misma velocidad que las cintas, y cuando la cinta detectó lavariación de peso, ésta fue desacelerando constantemente hasta detenerse justo frente a suhabitación, marcada como S-7131H, código que, para todo efecto práctico, también era sunombre. Cruzó la barrera semipermeable. La luz del interior de la habitación surgió de lasparedes. El espacio era reducido, y en él sólo había un aparato de focalización de ondas. Elhombre alado sintió que algo se liberaba dentro de su torrente sanguíneo y todo le comenzóa parecer borroso. Siguiendo un impulso programado en su cerebro, cerró los ojos para
 
evitar el mareo. Percibió en palpitar de muchas mentes, ahora se encontraba dentro de LaColectividad.La Colectividad había entrado en una discusión sobre el aumento de la dosis delmedicamento que todas las unidades orgánicas venían usando desde hace algunos siglos.Las unidades humanas robóticas tambn recibían el medicamento, y las puramenterobóticas eran dotadas de un mecanismo receptor-transmisor diferente. El medicamentopotenciaba la capacidad telepática necesaria para mantenerse unido a la mente comunal.—Si es necesario para que La Colectividad se mantenga en todo su esplendor —transmitió el hombre alado, aunque al mismo tiempo era él y miles de millones de mentes alunísono—, estoy completamente de acuerdo.El voto por unanimidad de toda La Colectividad tardó un par de minutos para darse,aún había individuos que dudaban, pero luego de que se esparciera el acordante neural en elsistema atmosférico, todos estuvieron de acuerdo como una sola voz.El hombre alado sintió que la dosis del medicamento en su torrente sanguíneoaumentaba, a 121 megacetn como se acababa de acordar. Le dieron náuseas y se llevó lasmanos al estómago. Una sensación ácida subió por su tracto digestivo. Comenzó a vomitar.El suelo fue absorbiendo el líquido del vómito, y una ranura se abrió de una pared: le ofrecíauna lata de aerosol limpiador. El alado notó que se había ensuciado, contempló los restos devómito en el plumaje de sus piernas y su amplio pecho, con expresión de asco.—Salga de aquí, unidad S-7131H —escuchó una voz en su cabeza.El hombre alado no logró identificar la traza mental de quien hablaba.—¿Quién eres? —transmitió, mientras miraba fijamente la lata de aerosol que la paredle ofrecía.—Soy el sistema de refrigeración de los Colectivos Sagitario y Aries, le ordeno quesalga inmediatamente de aquí.Eso explicaba por qué no había traza mental, se trataba del sistema de refrigeraciónquien le hablaba.—¿Por qué tengo qué salir?—¡Salga, es una emergencia!¿El sistema de refrigeración notificando una emergencia? Reportar algo de esanaturaleza era trabajo del ordenador autístico central. Aún así hizo caso. Tomó el aerosol delespacio en la pared, y ésta se cerró. El hombre alado caminó hacia la puerta semipermeable,pero chocó contra ella. ¿Cómo pudo...? Se había olvidado de darle la señal a la puerta deque saldría. Luego, ésta se polarizó y lo dejó salir. Se dio cuenta de que las cintastransportadoras estaban detenidas excepto la más cercana a él, y el túnel estaba vacío.—¿Si es una emergencia por qué no están desalojando del edificio a los demás? —preguntó el hombre alado. Cuando se dio cuenta ya se encontraba en la cinta transportadoray era sujetado por las alas y brazos por dos fuertes robots flotantes. La lata de aerosollimpiador cayó y rebotó contra el suelo. El alado sacudió las alas pero las tenía plegadas yfuertemente sujetas y sólo logró lastimarse. La cinta aumentó de rapidez.—¿Qué es lo que quieren? —dijo, enojado y al mismo tiempo asombrado. Se estabaacercando hacia la salida del túnel.Cuando el hombre alado salió del túnel, una luz rosa lo bañó, el planeta gaseoso entorno al cual giraban ya estaba en el nit. Sintque perdía el equilibrio, la cintatransportadora iba cada vez más rápido, ahora ya estaba a unos cien metros del edificio sur del colectivo, y se seguía alejando.—Señal de auxilio —transmitió el hombre alado—, me tienen retenido bajo mi...Un estruendo. Una fuerte explosión llegó desde el edificio sur, y éste se convirtió enuna bola de fuego, y un viento enrarecido y sobrecalentado sacudió con violencia las plumas

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