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L
A CAÍDA DEL RELICARIO Y OTROS POEMAS
 
A
DRIÁN
S
OTO
 8
 
A
RGOS
 
A este ramo de flores le surge su luz blanquísima, como de pétalos nuevos; le crece lasombra hasta el centro del tallo, cual si fuera revelándose ante sus ancestros, que lasdejaron solas en el bosque, sin más que medio pan para aguardar toda la floresta.Y estas flores se duelen del pecho virgen que acarician, con su óctuple mirada del deseo,con sus cuellos erguidos ante el aire, y su mosto creciente, como regurgitándoles desdedentro, en el hocico espumeante de los caballos; del zapato enlutado por los
cordones… del
náufrago que regresa a casa y encuentra a su mujer tal como la abandonó, yo no quería,
 pero sí…, pero sí…, y es que más allá del puente me ha llamado desde la raíz del horizontey no supe qué responderle sino la mirada… Y estas flores sólo s
aben penderse de su ropacomo un banco de peces diminutos, se nublan de tantas caricias, pálidos, como si no lo
creyeran…, y ya no entienden las muy tontitas, por qué se duelen tan felices del pecho
virgen que acarician.
 
 
S
OBRE DOS PIERNAS
,
SUFRIMIENTO
 
Aún así no pierdo la esperanza:aunque el hombre es débil y sufre,aunque el hombre es débil y sangra, goteamás líquido que los mamíferos enormes del océano,más líquido que los monstruos heridos por sus héroes,más sangre que los antílopes, mellados por la furia.Y me pregunto ¿cómo cabrá tanta sangre en su cuerpo?Aunque el hombre sangraen un rito de auto afirmacióncinco litros cada noche,cinco litros cada día,cinco litros cada amor,cinco litros cada herida,cinco litros cada Dios o cada cielo o cada tierra de dos piernas.Y va a lo lejos y cae, o aunque no se mueve desfalleceal igual que una embarcación en el fin del mundo;cae y cae sin fina una nada que lo arrea.El hombre sufre inevitablemente:más fuerte que Dios sufre,más débil que Dios sufre;
 
sufre y sufre lo perdido, lo encontrado.Voltea a la derecha para hallar sufrimiento,a la izquierda en el pasillo sólo sufrimiento.Viene en el pecho un lagarto, largo como el llanto,largo como la sal en los ojos, largo como el mar,marchito como los senos de una musa explotada;mira al hombre de espaldas,lo observa con ojos precavidos, lacrimosos.Culpable advierte a aquelque viene al mundo llorando, y se va del mundo entre lágrimas,con los ojos vacíos de parques astrales, intuye la nulidad de su presencia.Sangra y sangra,y se toca el costado y no encuentra nada,y se toca la cabeza, se toca la habitación, el ventilador, el escusado,se toca la cartera, el pecho, los brazos y el asado: nada;el horizonte se lo toca con los dos ojos pero nada, nadaque no encuentra nada.Y pequeño, más débil cada veztiene menos lugares en dónde buscary menos sentidos con que hacerlo.Aunque sé que hay un cuarto oscuro donde sangra todo el hombregota tras gota. Yo... no pierdo la esperanza.
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