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PO 102806/03/08
Internacionales
Crisis mundial: Un 2001 a la americana

Mientras continúan los debates sobre si Estados Unidos ingresó o no en recesión, la
caída del precio de las casas se acentúa. Lo mismo ocurre con la Bolsa. Esta presión
deflacionaria (caída de precios de los activos) se combina con los aumentos de
combustibles y materias primas, que fogonean la inflación. El incremento de los precios
de los alimentos ya está provocando un generalizado descontento social en varios
países.
La baja del precio de la vivienda paraliza las ventas, afianzando la deflación de precios
y alargando el plazo de ventas inmobiliarias a un año. En ciudades otrora prósperas, la
baja de precios ya supera el 20% desde fines de 2005. Un "creciente número de
deudores debe más por sus casas que lo que valen, ...y han decidido dejar de pagar
sus hipotecas" (Wall Street Journal, 29/2).
De 8,8 millones de hipotecas, un 17% tiene préstamos mayores que el valor de la
casa. Si el precio de las casas cae otro 10%, como se espera, unos 14 millones de
hipotecas quedará por encima del precio de los inmuebles.
Las hipotecas son, en promedio, de "225.000 dólares, más de 3 billones (millones de
millones) de deuda serían afectados. Dado que el costo de un desalojo se come el 25%
o más del valor del préstamo, las pérdidas pueden ser enormes si una amplia fracción
de estos endeudados se va" (The Economist, 28/2).
La desvalorización de las viviendas reduce el patrimonio de sus propietarios y, por
consiguiente, sus gastos de consumo. Cada 10% de declinación en el valor de las
propiedades recorta 2 billones (dos millones de millones) del patrimonio de las
familias, y esto eventualmente reduce el gasto anual en consumo en unos 100.000
millones. La construcción de nuevas casas está 38% debajo de hace doce meses (Wall
Street Journal, 20/2).

Sin plan B

El secretario del Tesoro, H. Paulson, ha subrayado su oposición a cualquier plan de
rescate de los deudores hipotecarios.
Las masivas tenencias de bonos garantizados por hipotecas del Citigroup, UBS AG,
Royal Bank of Scotland, Wachovia, Barclays, Société Generale, BNP Paribas y Dresdner
Bank cuentan con un seguro que garantiza el pago ante eventuales incumplimientos
(swap).
Pero los fondos aseguradores están quebrados, agotaron su capital. Si las agencias de
calificación les reducen la nota, se perdería un valor contable de bonos por 2,4 billones
(millones de millones) de activos nominalmente garantizados.
Los reguladores gubernamentales han intimado a los bancos a que aporten capital
nuevo para hacer frente a lo que sería una situación de quiebra.
La advertencia apresuró a los bancos "involucrados" a rescatar a sus propios
aseguradores, reuniendo 3 mil millones de dólares, y evitaron (por ahora) la reducción
de calificación. Se trata de un rescate decorativo.
A pesar de la catástrofe, el secretario Paulson, ex ejecutivo de un banco, declaró: "no
creo ver ningún escenario donde los contribuyentes americanos necesitan participar
con más dólares en impuestos" (Wall Street Journal, 28/2). ¿Por qué excluye un
rescate masivo, como sería una estatización de los bonos en default?

La devaluación del dólar
El presidente de la Reserva Federal (banco emisor) indicó esta semana "que la

debilidad del dólar es una de las escasas luces en el panorama de la economía
estadounidense, al ayudar a las exportaciones, el empleo y (reducir) el déficit
comercial" (Wall Street Journal, 29/2). El anuncio de nuevas reducciones de tasas de
interés ayudó al derrumbe del dólar frente al euro y otras divisas. O sea que impulsa la
devaluación del dólar, lo cual significa abaratar las exportaciones norteamericanas,
impulsar la inflación y licuar las deudas externas e internas del Estado y de las
corporaciones norteamericanas. Licúa los 3,2 billones en títulos de deuda pública
(treasury) y privada (bonos de empresas), nominados en dólares, que se encuentran
en manos de bancos centrales y fondos privados extranjeros y de la banca privada
norteamericana, trasladándoles pérdidas gigantescas. La devaluación impulsa hacia
arriba los precios de las materias primas hasta que choquen con los límites de la
demanda y se produzca su derrumbe.

China en el corral

China, con 1,4 billones de dólares en reservas y un superavit comercial que alcanzó
19.500 millones de dólares mensuales (en enero), debe canjear ese ingreso mensual
de divisas por moneda nacional (renminbi).
Para secar el mercado y evitar presión inflacionaria emite bonos nominados en moneda
local, por los cuales paga tasas que son 200-250 puntos superiores a las que recibe
por las inversiones de sus reservas en activos en dólares. En el caso de las inversiones
que ha hecho en bancos internacionales (Blackstone, Barclay), ha sufrido fuertes
pérdidas por el deterioro de esos pulpos. El banco central de China, en consecuencia,
"está perdiendo miles de millones de dólares por mes de sus reservas extranjeras en
las inversiones en activos en dólares" (Financial Times, 18/2).
La inflación interna en China llegó al 7,1% anual, pero la autoridad monetaria no
puede aumentar las tasas de interés para reducir la demanda y la inflación, porque de
ese modo aumentaría lo que debe pagar por su deuda interna, mientras las inversiones
de sus reservas se desvalorizan como resultado de la caída del dólar. La alternativa de
valorizar más rápidamente su moneda, el renminbi, no solamente encarecería sus
exportaciones, sino que produciría algo peor: se encarecería su deuda interna en
dólares mientras perderían valor sus créditos internacionales en la misma moneda.
China se encuentra atrapada por su principal socio comercial, Estados Unidos. El
agotamiento del modelo chino ha producido un mercado accionario a la baja, que ya
perdió un tercio de su capitalización desde su cumbre en octubre pasado. Esto explica
que la pasión por penetrar en China se haya convertido en su contrario: la banca
Morgan Stanley quiere vender su parte en el principal agente de corretaje de acciones.
Pero la caída de los montos negociados en las bolsas de Shangai y Shentzen dificulta
encontrar un comprador.

Hacia un rescate masivo de los bancos

En un cuadro de deterioro creciente, hasta los más "liberales" impulsan una
intervención del Estado. "Hay una creciente sensación en Washington que el gobierno
federal, durante esta administración o la próxima, se sentirá obligado a montar una
respuesta más agresiva y costosa a los no pagos de hipotecas, que han desestabilizado
al mercado financiero y amenzan enredar más ampliamente a la economía en recesión"
(Wall Street Journal, 28/2). Pero antes de esto será necesario que la devaluación del
dólar desarrolle todas sus consecuencias: que el comercio exterior de Estados Unidos
pase del déficit al superávit y que la deuda norteamericana se desvalorice fuertemente.
Un 2001 argentino, a la americana.
Los banqueros están presionando por diferentes salvatajes, "donde el gobierno ponga
freno a la espiral de desalojos y limite las pérdidas comprando y refinanciando franjas
enteras de hipotecas", recreando una versión de la institución que refinanció las
hipotecas en la mitad de la década de 1930. Podría "comprar hipotecas a descuento y

refinanciarlas en nuevos préstamos con garantía del gobierno. El riesgo crediticio por
las hipotecas refinanciadas se trasladaría al Tío Sam" (The Economist, 28/2). Pero por
sobre todas las cosas se trata de que el Estado se quede con los bonos y títulos en
default, como ocurrió con México y Chile en 1982, y emita una deuda pública en
beneficio de los bancos. Es lo que intentó hacer el gobierno británico con el banco
Northern Rock antes de decidir su nacionalización integral.
El Banco de Inglaterra nacionalizó al Northern Rock luego de haberle prestado 50.000
millones de dólares y de darle otros 60.000 millones de dólares en garantías. Ahora ha
cedido hipotecas por 80.000 millones de dólares a una sociedad, Granite, que deberá
liquidarlas a precio de remate. En total ha puesto, para salvar a un solo banco,
190.000 millones de dólares. A pesar de esto enfrenta un juicio de los accionistas del
banco, que se sienten perjudicados por un monto entre 76.000 millones y 300.000
millones de dólares.
Ben Bernanke, el presidente del Banco Central norteamericano, acaba de advertir ante
el Senado que será inevitable, de todos modos, la quiebra de numerosos bancos.
Estados Unidos se enfrenta a una gigantesca pérdida de riqueza capitalista y a un
principio de disgregación de su tejido económico y social. La política temeraria de
impulsar la devaluación del dólar extenderá rápidamente la crisis a todos los países.

Nicolás Roveri
PO 102614/02/08
Internacionales
La bancarrota del Société Generale

¿Por qué el supuesto fraude por 4.900 millones de euros en el banco francés Société
Generale saltó o se detectó ahora, cuando los documentos y el material con el que
cuenta la Fiscalía de Nanterre demuestran que Jerome Kerviel -el supuesto empleado
infiel- comenzó a hacer sus maniobras fraudulentas en febrero de 2007 y prosiguió
hasta mediados de enero de 2008?

¿Cómo se explica que con semejante fraude el propio banco reconozca que Kerviel no
se benefició personalmente de las transacciones?

Kerviel, un operador del banco, manejaba cuentas por más de 50.000 millones de
euros (73.000 millones de dólares). Los 50.000 millones en "posiciones" -capital
expuesto en un determinado título, divisa o inversión especulativa- estaban repartidos
del siguiente modo: 30.000 millones en el índice Eurostoxx, 18.000 millones en el Dax
de Francfort y 2.000 millones en el Footsie de Londres, los tres índices que Kerviel
tenía asignados, según el propio informe de Société Generale.

"Hace pocas semanas, Kerviel hizo una enorme apuesta por el índice alemán DAX, del
que compró 140.000 DAX-Futures", según señala la revista Der Spiegel.

Kerviel apostó a una suba de la bolsa alemana, con el propósito de recuperar unos
2.000 millones de euros perdidos a causa de las hipotecas subprime estadounidenses.
Pero la Bolsa de Francfort bajó y el banco francés tuvo que tragarse una pérdida de
unos 2.000 millones de euros. Esta pérdida no pasó inadvertida para la firma de
servicios financieros Newedge, que lleva para Société Générale los negocios de Eurex".

Según su abogado, Kerviel, "desde el 1° de enero, tomó posiciones de riesgo como
todos los corredores". "No robó nada, no se llevó nada, no tomó ganancias para sí",
insistió el abogado Christian Charriere-Bournazel, en declaraciones vía telefónica aThe

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