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OTTO LO SANTO

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LO SANTOLO RACIONAL Y LO IRRACIONAL EN LA IDEA DE DIOSRUDOLF OTTO Alianza Editorial, Madrid, 1996
Título original:
Das Heilige
Traductor: Fernando VelaPrimera edicn en «El Libro de Bolsill: 1980Cuarta reimpresión en «El Libro de Bolsillo»: 1996Reservados todos los derechos. De conformidad con lodispuesto en el art. 534 bis del Código Penalvigente, podrán ser castigados con penas de multa yprivación de libertad quienes reprodujeren oplagiaren, en todo o en parte, una obra literaria,artística o científica fijada en cualquier tipo desoporte sin la preceptiva autorización.© C. H. Beck’sche Verlagsbuchhandlung (Oscar Beck)München, 1963.© Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A, Madrid, 1980,1985, 1991, 1994, 1996.Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid;teléf. 393 88 88ISBN: 84-206-1793-8Depósito legal: M. 43.389-1995Impreso en Closas-Orcoyen, S. L. Polígono IgarsaParacuellos de Jarama (Madrid)Printed in Spain
El estremecimiento es la parte mejor de lahumanidad. Por mucho que el mundo se hagafamiliar a los sentidos, siempre sentirá loenorme profundamente conmovido.
GOETHE
 
1. Racional e irracional
Lo racional es predicado de algo irracional. -Racionalismo religioso. - Error del racionalismo.
Para toda idea teísta de Dios, pero muysingularmente para la cristiana, es esencial que ladivinidad sea concebida y designada con rigurosaprecisión por predicados tales como espíritu, razón,voluntad, voluntad inteligente, buena voluntad,omnipotencia, unidad de sustancia, sabiduría y otrossemejantes; es decir, por predicados que correspondena los elementos personales y racionales que el hombreposee en sí mismo, aunque en forma más limitada yrestringida. Al mismo tiempo, todos esos predicadosson, en la idea de lo divino, pensados como
absolutos;
es decir, como perfectos y sumos. Estospredicados son, empero,
conceptos
claros y distintos,accesibles al pensamiento, al análisis y aun a ladefinición. Si llamamos
racional
al objeto que puedeser pensado de esa manera, hemos de designar comoracional la esencia de la divinidad descrita endichos predicados, y como religión racional, aquellareligión que los reconoce y afirma. Sólo por ellos esposible la fe como convicción en conceptos claros,opuesta al mero
sentimiento.
No es verdad, a lo menosen relación con el cristianismo - como dice Goethe -,que «el sentimiento sea todo y que el nombre seasonido y humo». En este caso, el
nombre
es tanto comoel
concepto.
Justamente, una de las señalescaracterísticas de la altura y superioridad de unareligión es, a nuestro juicio, que posea «conceptos»y conocimientos - quiere decirse
conocimientos de fe-
de lo suprasensible en conceptos como los citados yotros subsiguientes. Y un signo indicador muyesencial - aunque no el único ni tampoco el principal- de la superioridad del cristianismo sobre otrasformas y grados de religión, es que dispone deconceptos de eminente claridad, transparencia yplenitud.
 
Hemos de acentuar esto al principio con todaenergía. Pero en seguida hay que salir al paso de unequívoco que puede conducir a una visión parcial eincorrecta, y es la idea de que los predicadosracionales - los indicados y otros semejantes -apuran y agotan la esencia de la divinidad. Puedendar ocasión a este equívoco el estilo y el caudal deconceptos que usa el lenguaje religioso, el tonopedagógico de pláticas y sermones, y aun las mismasSagradas Escrituras. En ellos el elemento racionalocupa el primer plano; incluso parece a menudo que loracional lo es todo. Pero que lo racional aparezca alprimer rmino es cosa que se puede esperar deantemano; pues todo lenguaje, en cuanto consiste enpalabras, ha de transmitir principalmente conceptos.Y cuanto más claros e inequívocos son esos conceptos,tanto mejor es el lenguaje. Pero aun cuando lospredicados racionales están de ordinario en eltérmino más visible, dejan tan inexhausta la idea dela divinidad, que precisamente sólo valen y son
 para
y
en
un algo irracional. Son, sin duda, predicados
esenciales,
pero predicados
esenciales sintéticos,
yúnicamente serán comprendidos correctamente si se lostoma de esa manera; es decir, como predicadosatribuidos a un objeto que los recibe y sustenta,pero que no es comprendido por ellos ni puede serlo,sino que, por el contrario, ha de ser comprendido deotra manera distinta y peculiar. Pues de algunamanera ha de ser comprendido; si no lo fuera, nopodría, en general, decirse nada de él. La propiamística no cree que sea totalmente incomprensible,aun cuando lo llama
árreton
(lo inefable,indefinible); pues entonces la mística deberíaconsistir en el silencio. Pero precisamente ha sidola mística verbosa en extremo.Aquí tropezamos, por primera vez, con lacontraposición entre racionalismo y religiónprofunda. Este antagonismo y sus características hande ocuparnos con frecuencia. Pero el carácter primeroy sobresaliente del racionalismo, con el que se

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