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Siete Postales Desde NY

Siete Postales Desde NY

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10/24/2011

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Siete Postales desde Nueva York 
Ángel Luis LaraNueva York, noviembre de 2008.Madrugada del cinco de noviembre de 2008. La voz de Barack Obamaviaja desde Chicago y rebota por todo el planeta en tiempo real: “
Heoído vuestras voces. Necesito vuestra ayuda…”.
El barrio neoyorquinode Harlem es una olla a presión. Una marea de ochenta mil personasinunda sus calles desde hace horas. El cruce de la calle 125 con elAdam Clayton Powell Boulevard es una inmensa fiesta. “
Yes, we did…we, we, we… did
”. No se escucha ni una sola voz que diga “él lohizo”. Nosotros, nosotros, nosotros. La victoria electoral de Obama seconjuga en primera persona del plural en los gritos de lamuchedumbre congregada. Latinos, blancos, asiáticos, sobre todoafroamericanos. La mayoa venes. Crecidos a lo largo de losúltimos cuarenta os, son la columna vertebral de la poblacnflotante que a diario produce la gran manzana. De los dependientesdel
Starbucks
a los estudiantes del
City College
, del meseroindocumentado a la profesora del
high school
, de la enfermera alfotógrafo
freelance
, de los
graffiteros
o los músicos del metro a lostaxistas que tripulan los
cabs
amarillos de la ciudad. La alegría deHarlem subraya la dimensión de clase de gran parte de lo que estásucediendo. Durante años la semántica del poder los ha nombradocomo consumidores, público, gente, objetos fluctuantes, estadísticas.Esta noche se expresan como sujetos. Las barreras administrativas, laproducción de pánico y las trampas con las que los
neocon
hantratado de apartarlos de las urnas hasta el último momento hanencogido ante su determinación. Más que elegir entre dos opciones,muchos de ellos han conquistado su derecho al voto. Una verdaderainsurrección ciudadana. Por eso esta noche se en, bailan, seabrazan. Quien sólo mire a Obama no va a entender nada. Ellos han
 
tejido la red desde hace meses y le han puesto cuerpo a unmovimiento de expresión ambivalente, complejo, contradictorio. Elfenómeno Obama no es unívoco: como mínimo tiene un arriba y unabajo. Nos recuerda que el poder siempre descubre paradojas,tensiones, posibilidades inmanentes. Que su teatro a veces seconvierte en instrumento político de los subordinados. Otra vez unproceso electoral ha sido más que eso. De nuevo emerge una nuevacualidad de lo político que señala más allá. Como ocurrió en Madriden marzo de 2004, el voto expresa más que representa. Quizá uno delos elementos más interesantes de la actual crisis sistémica sea lacreciente inoperancia de toda medida, la dificultad para convertir lasinergia de los nuevos sujetos del trabajo vivo en algoritmos. Eldesolado testimonio de Alan Greenspan ante el congresista HenryWaxman de hace unos días todavía rebota en mi cabeza: “
Estabaconvencido de que la maquinaria funcionaba excepcionalmente bien
”.Son las dos de la mañana y en Harlem sigue la fiesta. Subido a unamarquesina un joven
skater 
ha cambiado su monopan por unmegáfono: “
¿Qué hora es?
”. Miles de voces le responden:
es la horadel cambio
”. De repente, la música de Tracy Chapman se descuelgadesde una de las ventanas de un
 project 
de la calle 125:
necesitamos construir nuevos símbolos, nuevos signos, un nuevolenguaje. El mundo está roto y no merece la pena arreglarlo. Es lahora de empezar todo de nuevo, de provocar un nuevo comienzo” 
.Obama es un nuevo software que ha sido instalado en el códigofuente de la política estadounidense. Expresa el deseo de algo nuevoque hoy atraviesa las multitudinarias celebraciones que se sucedenpor todo el país. Como ocurre con todas las máquinas, en realidad noexplica nada por mismo. Funciona como analizador de losprofundos malestares que la devastación neoliberal ha sembradodurante décadas y de la crítica situación por la que atraviesa elsistema operativo norteamericano. No obstante, Obama es un virtual.Por la ausencia de información real sobre su programa concreto degobierno y lo vago de su retórica a lo largo de la campaña electoral,
 
nadie está seguro en realidad de cómo va a actualizarse. Esperanzade los más jodidos y reformismo capitalista. Síntoma del caráctersistémico de la actual crisis e inyección de energía. Claros y oscuros.Sin embargo, esta madrugada no parece haber lugar para elescepticismo o los puntos suspensivos. Nadie piensa en una posiblefutura decepción. “
Fucking Bush… Go home!
”. En el barrio sigue lafiesta. Esta noche cada esquina de Harlem regala la mejor postal deNueva York.
Postal 1: del singular de la representación al plural de lasrepresentaciones
La esquina del Martin Luther King boulevard con Amsterdam Avenueestá más iluminada por los flashes de las cámaras que por las tenuesfarolas que a duras penas alumbran el cruce. Todo el mundo caminala calle 125 hacia el este. La imagen es la de un enorme ríodigitalizado: maras de fotos, tefonos viles, Blueberries,Iphones, cámaras de video, Ipods, pequeñas grabadoras, todo vale. Algunos se aferraran a la necesidad de registrar lo que está pasando para que nadie pueda arrebatárselo. Otros no pueden gobernar laexcitación y el deseo de contarlo. Hay quien no puede creerlo y  prefiere mirarlo desde la pequeña pantalla de su cámara, como si ladistancia que interpone la imagen congelada y la mediación queejerce el vidrio tornaran lo que está pasando inmediatamente enevento, en historia. Frente a la estatua de Adam Clayton Powell unainmensa pantalla proyecta el discurso de Obama desde Chicago.
La gran pantalla y la proliferacn de las pequas pantallasmultiplicadas. La lógica comunicativa que ha acompañado el viaje deObama a la Casa Blanca desvela el hilo fundamental de su estrategia.Un juego permanente con el afuera y el adentro. El pliegue a laespectacularizacn de la potica que todo proceso electoralcontemponeo impone y, al mismo tiempo, la apertura de unpotente canal hipermedia que ha convertido a la gente común no sóloen repetidores del mensaje, sino también en relativos participantesde la forma y el contenido del mismo. Bloggers, graffiteros,diseñadores gráficos, sicos, fanzineros, activistas sociales,párrocos, comunidades en Internet, jóvenes voluntarios que han

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