Siete Postales desde Nueva York
Ángel Luis LaraNueva York, noviembre de 2008.Madrugada del cinco de noviembre de 2008. La voz de Barack Obamaviaja desde Chicago y rebota por todo el planeta en tiempo real: “
Heoído vuestras voces. Necesito vuestra ayuda…”.
El barrio neoyorquinode Harlem es una olla a presión. Una marea de ochenta mil personasinunda sus calles desde hace horas. El cruce de la calle 125 con elAdam Clayton Powell Boulevard es una inmensa fiesta. “
Yes, we did…we, we, we… did
”. No se escucha ni una sola voz que diga “él lohizo”. Nosotros, nosotros, nosotros. La victoria electoral de Obama seconjuga en primera persona del plural en los gritos de lamuchedumbre congregada. Latinos, blancos, asiáticos, sobre todoafroamericanos. La mayoría jóvenes. Crecidos a lo largo de losúltimos cuarenta años, son la columna vertebral de la poblaciónflotante que a diario produce la gran manzana. De los dependientesdel
Starbucks
a los estudiantes del
City College
, del meseroindocumentado a la profesora del
high school
, de la enfermera alfotógrafo
freelance
, de los
graffiteros
o los músicos del metro a lostaxistas que tripulan los
cabs
amarillos de la ciudad. La alegría deHarlem subraya la dimensión de clase de gran parte de lo que estásucediendo. Durante años la semántica del poder los ha nombradocomo consumidores, público, gente, objetos fluctuantes, estadísticas.Esta noche se expresan como sujetos. Las barreras administrativas, laproducción de pánico y las trampas con las que los
neocon
hantratado de apartarlos de las urnas hasta el último momento hanencogido ante su determinación. Más que elegir entre dos opciones,muchos de ellos han conquistado su derecho al voto. Una verdaderainsurrección ciudadana. Por eso esta noche se ríen, bailan, seabrazan. Quien sólo mire a Obama no va a entender nada. Ellos han