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Mistica Ciudad de Dios 2da Parte

Mistica Ciudad de Dios 2da Parte

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05/13/2013

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SEGUNDA PARTE
ONTIENE LOS MISTERIOS DESDE ENCARNACIÓNDEL VERBO DIVINO EN SU VIRGINAL VIENTRE HASTA LAASCENSIÓN A LOS CIELOS.INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA PARTEDE LA DIVINA HISTORIA Y VIDA SANTÍSIMADE MARÍA MADRE DE DIOS1.Al tiempo de presentar ante el Divino acatamiento el pequeñoservicio y trabajo de haber escrito la primera parte de la Vida San-tísima de María Madre del mismo Dios, para poner a la enmienda yregistro de la Divina luz lo que con ella misma había copiado, perocon mi cortedad; por lo que quise para consuelo mío saber de nuevosi lo escrito era del beneplácito del Altísimo y si me mandaba con-tinuar o suspender esta obra tan superior a mi insuficiencia; a estaproposición me respondió el Señor: Bien has escrito y ha sido denuestro beneplácito, pero queremos entiendas que, para manifestarlos misterios y altísimos sacramentos que encierra lo restante de lavida de nuestra única y dilecta Esposa, Madre de nuestro Unigénito,necesitas de nueva y mayor disposición. Queremos que mueras deltodo a lo imperfecto y visible y vivas según el espíritu, que renun-cies todas las operaciones de criatura terrena y sus costumbres yque sean de ángel, con mayor pureza y conformidad a lo que has deentender y escribir.2.En esta respuesta del Altísimo entendí que se me intimaba y seme pedía tan nuevo modo de obrar las virtudes y tan alta perfecciónde vida y costumbres, que, como confiada de mí, quedé turbada ytemerosa de emprender negocio tan arduo y difícil para una criaturaterrena. Sentí grandes contiendas en mí misma, entre la carne y elespíritu. Éste me llamaba con fuerza interior, compeliéndome aprocurar la gran disposición que se me pedía, administrándomerazones del grande agrado del Señor y conveniencias mías. Y por elcontrario la ley del pecado, que sentía en mis miembros, me
 
contradecía (gal.,5, 17; Rom., 7, 23), repugnaba a la Divina luz yme desconfiaba, temiendo yo misma mi inconstancia. Sentía eneste conflicto una fuerte remora que me detenía, una cobardía que
 
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me aterraba; y con esta turbación se me hacía más creíble elconcepto de que yo no era idónea para tratar cosas tan altas, y mássiendo ellas tan ajenas de la condición y profesión de mujeres.3.Vencida del temor y dificultad, determiné no proseguir esta obray poner todos los medios posibles para conseguirlo. Conoció elcomún enemigo mi temor y cobardía y, como su crueldad pésima seenfurece más contra los más flacos y desvalidos, valiéndose de laocasión me acometió con increíble saña, pareciéndole me hallabadesamparada de quien me librase de sus manos; y para disfrazar sumalicia procuraba transformarse en ángel de luz, fingiéndose muyceloso de mi alma y de mi acierto, y debajo de este falso pretextome arrojaba porfiadamente continuas sugestiones y pensamientos,ponderándome el peligro de mi condenación, amenazándomecon otro castigo semejante al del primer ángel
 
(Is., 14, 10-13),porque me representaba había yo querido comprender con soberbialo que era sobre mis fuerzas y contra el mismo Dios.4.Proponíame muchas almas que, profesando virtud,habían sido engañadas por alguna oculta presunción y por dar lugara las fabulaciones de la serpiente, y que escudriñar yo los secretosde la Majestad divina
 
(Prov., 25, 27) no podía ser sin soberbia muypresuntuosa, en que yo estaba metida. Encarecióme mucho que lostiempos presentes eran mal afortunados para estas materias, y loconfirmaba con algunos sucesos de personas conocidas en quien sehalló dolo y engaño, con el terror que otras han cobrado paraemprender la vida espiritual, con el descrédito que ocasionaríacualquiera cosa malsonante en mí, el efecto que causaría en los quetienen poca piedad; que todo esto conocería yo por experiencia ypara mi daño, si proseguía en escribir esta materia. Y siendo verdad,como lo es, que toda la contradicción que padece la vida espiritual,y el ser la virtud en lo místico menos recibida en el mundo, es obrade este mortal enemigo que, para extinguir la devoción y piedadcristiana en muchos, procura engañar algunos y sembrar su zizañaen la semilla pura
 
(Mt., 13, 25) del Señor, para ofuscarla y torcer elsentido verdadero, con que se dificulte más apartar las tinieblas dela luz; y no me admiro, porque éste es oficio del mismo Dios y dequien participa de la verdadera sabiduría y no se gobierna sólo porla terrena.
 
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5.No es fácil en la vida mortal discernir entre la prudenciaverdadera y falsa, porque tal vez aun la buena intención y celo equi-voca el juicio humano, si falta el acuerdo y luz de lo alto. Yo hetenido ocasión para conocer esto en lo que voy tratando; porquealgunas personas conocidas y devotas, otras que por su piedad meamaban y deseaban mi bien, otras con desprecio y menos afecto,todas a un tiempo me procuraron divertir de esta ocupación, y aundel camino por donde iba, como si fuera elección propia; y no meturbó poco el enemigo por medio de estas personas, porque eltemor de alguna confusión o descrédito que podía resultar a los quecon-migo ejercitaban su piedad, a la religión y a mis propincuos, ysingularmente al convento que vivo, les daba cuidado y a mí aflicción. Llevábame mucho la seguridad que se me representabasiguiendo el camino ordinario de las demás religiosas. Confieso seajustaba más a mi dictamen o mi natural inclinación y deseo ymucho más a mi encogimiento y grandes temores.6.Fluctuando mi corazón entre estas olas impetuosas, procuréllegar al puerto de la obediencia, que me aseguraba en el mar amar-go de mi confusión. Y porque mi tribulación fuese mayor, sucedióque en esta ocasión se trataba en la religión de ocupar en oficiossuperiores a mi Padre Espiritual y Prelado, que muchos años habíagobernado mi espíritu y tenía comprendido mi interior y persecu-ciones y me había ordenado escribiese todo lo que estaba tratado ycon su dirección me prometía acierto, quietud y consuelo. No seconsiguió este intento, pero ausentóse en esta ocasión por muchosdías (El P. Franciscano Andrés de la Torre fue tres veces MinistroProvincial y dirigió a la Venerable de 1627-1647. El P. Andrés deFuenmayor, también provincial, la dirigió
 
desde 1650 a 1665). Y detodo se valía el Dragón grande para derramar contra mi el furiosorío
 
(Ap., 12 15) de sus tentaciones, y así en esta ocasión como enotras trabajó con suma malicia por desviarme de laobediencia y doctrina de mi superior y maestro, aunque fue envano.7.A todas las contradicciones y tentaciones que digo, y otrasmuchas que no puedo referir, añadió el demonio quitarme la saluddel cuerpo, causándome muchos achaques, destemplanzas ydesconcertándome toda. Movióme una invencible tristeza, turbómela cabeza y parece me quería oscurecer el entendimiento e impedirel discurso y debilitar la voluntad y trasegarme toda en alma y