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Los enemigos del Estado y el caso mexicano
Por Carlos De la Rosa Xochitiotzi
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 Adelantar la punibilidad a actos preparatorios, aplicar penas desproporcionadas ysuprimir garantías procesales, todo esto en el marco de una legislación con unaevidente tendencia de combate, cuyo pilar fundamental es la distinción entreindividuos considerados
personas 
e individuos que no lo son; si fuera posibleobtener una radiografía del denominado Derecho penal del enemigo, éstas seríanlas partes más prominentes y visibles de su esqueleto. El Derecho penal delenemigo no busca el castigo como medio de retribución del delito ni utiliza lasanción como un medio de comunicación disuasivo, sólo el enfrentamiento liso yllano con los enemigos del Estado y su posterior eliminación. El Derecho penal es,probablemente, la versión moderna más cruda de la expresión de la fuerza delEstado a través del orden normativo.El concepto de Derecho penal del enemigo arribó a la discusión jurídico-penal amediados de los años ochenta de la mano de Günther Jakobs. Fue en lasJornadas de Profesores de Derecho Penal de 1985 en Alemania donde porprimera vez Jakobs expuso la idea del Derecho penal del enemigo
2
. El conceptosurgió, en primera instancia, como una herramienta de análisis referida adeterminadas disposiciones contenidas en el Código Penal alemán,específicamente algunos tipos penales que anticipaban la punibilidad a actospreparatorios y que, por lo tanto, buscaban la eliminación del peligro potencialrepresentado por el individuo y no el castigo de la conducta en sí. El Derechopenal del enemigo nació como un instrumento para criticar dichas disposiciones,sin embargo, con el paso de los años este modelo ha adquirido una imparableinercia que lo coloca como una salida, aparentemente viable, para hacer frente alos retos que el D
erecho penal “tradicional” ha sido
incapaz de solventar.
1
Estudiante de Derecho, UNAM, México.
2
AA.VV.,
Derecho penal del enemigo: el discurso penal de la exclusión 
, t. 2, España, Edisofer,2006, p. 391
 
 
El Derecho penal del enemigo, no pretende remplazar al denominado Derechopenal ordinario, busca ser un complemento de éste último, una especie de brazodel Estado facultado para realizar acciones que el Derecho penal ordinario tienevedadas. La coexistencia entre un Derecho penal del enemigo y otro dirigido a losciudadanos ordinarios responde a la distinción controvertida que discrimina entre
personas 
y
no personas 
. Cuando las
personas 
cometen delitos son sujetos delDerecho penal ordinario, un Derecho penal garantista resultado de años deevolución legislativa; por el contrario, las
no personas 
son sometidas al Derechopenal del enemigo.Dentro de la lógica del Derecho penal del enemigo la
persona 
es distinta al serhumano. El ser humano se define como el producto de procesos biológicos,mientras la
persona 
es el resultado de procesos sociales. Para que un ser humanopueda adquirir la categoría de persona requiere haber adquirido el compromiso devivir en la sociedad, pero sobre todo cumplir con todos los deberes que ésteimplica. Quien no cumple sus deberes sociales no es una persona para el Derechopenal del enemigo. Por ello mismo las
no personas 
son categorizadas comoenemigos del Estado, por su manifestada y elegida perseverancia para vivir fuera
del marco del Derecho o, en palabras de Bernd Müssig por “una
falta permanentede fidelidad al ordenamiento jurídico.
3
Los enemigos deben ser castigados nosólo por sus actos, sino principalmente por su sola posición en la sociedad, por elpeligro latente que representan, las
no personas 
son enemigos del Estado y, porende, de la estructura social, por el simple hecho de existir. El trato que se da aestos individuos no ofrece la posibilidad de aplicar medidas alternas, sino sólo suextirpación social, preferentemente antes de que su potencial peligrosidad sedesate.Todo lo anterior impone a la sociedad una peligrosa visión maniquea, losindividuos son separados en
buenos 
y
malos,
 
amigos 
y
enemigos.
El Derechopenal del enemigo establece una política criminal con tintes bélicos, cuyo fin es laprotección del bienestar social a costa de la eliminación de unas cuantas
3
AA.VV.,
Derecho penal del enemigo: el discurso penal de la exclusión 
, t. 2, op. cit. p. 388.
 
 
amenazas. La historia hace sonar las alarmas, las legislaciones actuales parecenignorarla. Aunado a esta idea de afirmar la identidad social a través de la creaciónde
amigos 
y
enemigos 
, existe la incertidumbre sobre los límites de ladenominación del enemigo. Al aceptar una legislación del enemigo se abreirremediablemente la posibilidad de que cualquier individuo pueda entrar dentro dela misma dado que se trata de un derecho de autor y no de acto. El ámbitosustancial del Derecho penal del enemigo está abierto, pues no existen ni delitosde enemigos ni enemigos del Estado por antonomasia. Aquellos que se niegan apagar impuestos, o aquellos que cometen afrentas contra los símbolos patriospueden llegar a adquirir la calidad de enemigos por absurdo que parezca. No estáde más señalar que hasta el día de hoy el Derecho penal del enemigo ha estadodirigido a terroristas, delincuentes económicos, narcotraficantes y, en general, alos individuos que forman parte de la delincuencia organizada; sin embargosubsiste la posibilidad de que nuevos tipos penales sean incluidos bajo el imperiode la razón de Estado cuyo único pretexto sea la estabilidad del orden.El Derecho penal del enemigo constituye un escándalo para la lógica deprotección de los derechos fundamentales, pues implica la suspensión de losmismos como una medida para lograr un sistema
efectivo 
de combate a lospeligros sociales, como si las garantías del imputado representaran lastres queentorpecen la actuación de la autoridad. La seguridad colectiva a costa de todo,incluso de los derechos de los individuos. Las implicaciones del Derecho penal delenemigo en el proceso generan de entrada una posición sumamente crítica, puessiguiendo la lógica de este modelo, el individuo aprehendido carece de la calidadde persona y, por lo tanto, carece de las garantías procesales propias de laspersonas, empezando por la presunción de inocencia, pues se le trata comoenemigo sin haber comprobado aún su responsabilidad. Sólo basta la
 justificad
 necesidad de la autoridad para suspender sus garantías e impedir que éstasobstaculicen la tarea del Estado.A partir de los acontecimientos terroristas de la década pasada el Derecho penaldel enemigo ha adquirido un impulso que aparenta ser imparable. Aquellos
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