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02 eneada

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A mediados del siglo III d. C., explosionaron varios movimientos filosóficos
de inspiración genuinamente griega, especialmente el platonismo, pujante
movimiento, que, iniciándose en Alejandría, se expande a todos los
importantes centros intelectuales greco-romanos, como Roma, Atenas,
Antioquía, Pérgamo, etc. El neoplatonismo, en Roma, está representado,
fundamentalmente, por Plotino. Porfirio, su discípulo, y el emperador Juliano
utilizaron la filosofía de Plotino como arma contra el cristianismo, pero los
cristianos lo utilizaron como el fundamento teórico de su religión.
A mediados del siglo III d. C., explosionaron varios movimientos filosóficos
de inspiración genuinamente griega, especialmente el platonismo, pujante
movimiento, que, iniciándose en Alejandría, se expande a todos los
importantes centros intelectuales greco-romanos, como Roma, Atenas,
Antioquía, Pérgamo, etc. El neoplatonismo, en Roma, está representado,
fundamentalmente, por Plotino. Porfirio, su discípulo, y el emperador Juliano
utilizaron la filosofía de Plotino como arma contra el cristianismo, pero los
cristianos lo utilizaron como el fundamento teórico de su religión.

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06/26/2012

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PROLOGO1- Los temas de la Enéada segundaComo es bien sabido, la estructura de la obra plotiniana no responde en absoluto alcriterio personal del autor más preocupado de la enseñanza oral y más ansioso de su propiaperfección, habría desdeñado en vida, y con imprevisión de futuro, el sentido metódico yconstructivo de su misma enseñanza.Puede pensarse con razón que Plotino tendría en su mente un propósito formal yheurístico, que diese vigor y fertilidad a su obra, esto es, que la hiciese más asequible yasimilable sus discípulos; pero, aun así, el esquema de un riguroso escolasticismo le eracompletamente ajeno y no concordaba con su carácter.Plotino recuerda un poco a Sócrates por la preocupación que domina su vida y suenseñanza; en algunos aspectos la similitud es tan manifiesta que ambos hombres puedenacercarse hasta parecer uno mismo. Plotino, fundamentalmente era un director deconciencias, un predicador y un moralista, en quien el ejemplo personal patentizaba más quela misma doctrina, cuyo alcance y repercusión posterior nunca pudo ser previsto por él. Esmuy cierto lo que dice a este respecto Emile Bréhier, ateniéndose en gran parte a lospormenores de la vida pública de Plotino, tal como la describe su discípulo Porfirio(1):“Plotino - nos indica Bréhier – no era un profesor a sueldo. Sus lecciones eran públicas ygratuitas. Además, contaba a su alrededor con un rculo de ricos que provan lasnecesidades de su vida. Consejero del emperador Galiano, director de conciencia de muchospersonajes aristocráticos, llevaba la vida de uno de los tantos sabios que, en el mundogrecorromano, desempeñaban un papel moral tan fecundo. Se le confiaba la tutela demuchos huérfanos y se le tenía especial confianza en su manera de juzgar a los hombres”He aquí, pues, algo que nos ilustra sobre la manera como Plotino hubo da concebir suobra; mejor dicho, ya nos precisa, por sí mismo, cómo esta obra no es en modo obrapremeditada, metódica y sistemática. No se fija totalmente con arreglo a un plan lógico, ni espensada como obra unitaria porque, en lo esencial, mira más al hombre y a su vida interior que a los resultados de una instrucción mera y simplemente formal.El patrón socrático-platónico pesaba demasiado sobre Plotino. Y aunque él mismoredactó por escrito su obra - muy tardíamente, es verdad, y ya a partir de los cincuenta y unaños -, puede asegurarse que sólo tomó cuerpo al calor de la discusión oral y del diálogocontinuo con los discípulos. La temática, incluso, era casi siempre ocasional, pues, como en
 
el caso de Sócrates, el juego de preguntas y respuestas dejaba al descubierto, muy amenudo, cuestiones verdaderamente imprevisibles. Plotino, en este aspecto, fue todavía máslejos que Sócrates; permitió una libertad mayor en las discusiones que sostuvo con susdiscípulos y aun hizo que éstos, Amelio y Porfirio especialmente, resolviesen por sí mismos,muchas de las objeciones que a él se le presentaban. De ahí la dificultad intrínseca quepresenta la obra plotiniana; porque es, en gran medida, el trasunto de una discusión oral enla que están vivamente comprometidos tanto el maestro como los discípulos. La viveza de ladiscusión o de la exposición oral trastorna la lógica expositiva del relato y, frecuentemente,descubre las contradicciones inherentes al diálogo.Plotino, que por otra parte miraba con preferencia al alma del hombre, tendía aconseguir de sus discípulos un estilo de vida y de dignidad moral que sobrepasase laintelección de sus propios argumentos. Si antes hablábamos de su propósito intelectual,nunca muy bien precisado por él, ahora debemos decir que la plena perfección yenriquecimiento del espíritu objetivo que trascendía toda intención filosófica y metafísica paraelevarse a un plano más alto de perspectivas puramente éticas y religiosas. Muchas veces,es cierto, las cuestiones filosóficas, éticas y religiosas, están íntimamente implicadas eincluso se pasa de unas a otras de manera casi insensible, pero, al fin, prevalece laimperiosa exigencia del maestro: “Plotino, el filósofo que ha vivido entre nosotros, parecierasentir odio de estar en un cuerpo.” Este venia a ser, en definitiva, el objetivo del pensamientotrascendente del pensamiento plotiniano; y, posiblemente, no era siquiera subsidiario de supensamiento, sino que se imponía a él, pues el deseo último de Plotino se concretaba en laposesión del Bien y en la activación y afirmación del alma, cuyo destino lo cifraba en la puracontemplación, más aún que en la acción: “No obramos sino por el Bien; y obramos, no paraque el Bien quede fuera de nosotros mismos y de nuestro alcance, sino para poseer el Biencomo resultado de nuestra acción.” (Enéada, III, 6, 6).Con arreglo a esto, bien se comprende cuál será el carácter de la obra de Plotino. En sufirme pretensión vitalista y animista, Plotino trata de salvar la parte espiritual del hombre, surealidad efectiva y verdadera sin la cual todo lo demás se aparece cómo lugar vacío, comomateria meramente definidora en las circunstancias de tiempo y espacio.Pero Plotino mismo combatía por un fin tan alto e idealizado, tan sincrónico con sudoctrina moral que la dialéctica de su obra pierde de hecho su fuerza persuasiva paradeclararse subsidiaria de una representación religiosa del universo, en la que el alma delhombre tiene ya su papel prefijado, a través de las prácticas y purificaciones convenientes,
 
que son ciertamente, y mucho más aún que la actividad racional misma, un modo depreparar el tránsito hacia la región de la pureza inteligible.Es claro, pues, que en Plotino no hay un orden y un sistema declarados, salva lo queen este aspecto debemos concederle por reconocimiento a la labor de su discípulo Porfirio.En un hombre de tan acentuada propensión mística como Plotino, el orden o la razón sóloexisten para acicate o estímulo de la contemplación. El único sistema que entoncestransparece del humano esfuerzo de Plotino es la virtual aspiración a “suprimir cuanto puedahaber de opaco en la vida del espíritu”. Lo dice Emile Bréhien con mucho acierto (2) alintentar caracterizar todo el sentido de la enseñanza plotiniana; el alma es un destello o unaexpresión viva de la mas alta realidad espiritual, y con esa alma quiere Plotino discutir odialogar, porque en ella anida, con la gran corriente espiritual de la vida, el hombre verdaderoque ansia la visión de Dios, desligado ya enteramente de todo lo que a él es ajeno, comomacrocosmo o como mundo, como razón o incluso como ciencia (3)Pero vayamos, en definitiva, a la cuestión que intentábamos proponer aquí, la cual noes otra que la disposición misma, sea sistemática, o no, de la obra que nos ha sido legadacon el nombre del neoplatónico Plotino.Se ha dicho en otro lugar’ que las Enéadas plotinianas son colecciones que abarcannueve tratados (evveadeç), reunidos hasta un total de cincuenta y cuatro que forman, por siguiente, los seis grupos históricamente considerados de esta obra. Conocemos los títulosde todos los tratados y sabemos incluso en qué orden cronológico los redactó Plotino.Porque si, entre ellos, la progresión sistemática, como dice Bréhier, es sólo aparente, nocabe dudar en cambio de la fidelidad y exactitud con que Porfirio recogió las lecciones dePlotino, redactadas por escrito por el propio en el intervalo que va desde el año 255, cuandoPlotino contaba unos cincuenta y un años, hasta el año 270 de nuestra era, que es con todaverosimilitud el de la muerte de filósofo, concluido ya el primer bienio del reinado delemperador Claudio.Con una extensión mayor o menor para cada uno de tratados, Las Enéadas no presentanuniformidad de criterio en cuanto a su amplitud temática. La Enéada sexta, por ejemplo, seextiende bastante más que las otras en la deliberación de los tensas que contiene. Bastedecir que la cuestión de los géneros del ser se dedican en ella tres libros o tratados, quecomponen realmente un todo único, equivalente casi al conjunto global de cualquier otraEnéada. Aquí, como en la reunión de los tratados IV y V de esta misma Enéada, o como enla consideración de las dificultades relativas al alma, que requieren la continuidad de los

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