Jacob Burckhardt -
De las «Reflexiones sobre la historia universal»
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qué punto el
derecho
debe ser considerado como un reflejo del estado en la cultura. Teniendo encuenta que el derecho puede ser fuerte como un conjunto de
usos sociales
aun con la ausencia casitotal del estado y sin la asistencia de éste (como ocurría por ejemplo entre los antiguos germanos),no sería difícil llegar a la conclusión de que el estado no es su única premisa.Asimismo debemos advertir que nos fijamos solamente en los estados que representan ya unaverdadera fase de cultura, prescindiendo por ejemplo de los nómadas, aunque éstos tomen a vecescontacto con la cultura en algunos centros de intercambio, en ciertos puntos de las costas, etc., ytambién de los estados satélites con una especie de semicultura, como la tenían por ejemplo losceltas.El tipo fundamental nos lo brinda indiscutiblemente el Egipto, que fue tal vez el prototipo y modelode los otros despotismos asiáticos de la Antigüedad, y luego comparativamente México y el Perú.Allí donde nos encontramos con una cultura completa hasta manifestarse en una vida urbanarefinada, el estado es siempre, en estos periodos primitivos, la parte, con mucho, más fuerte, sin queentremos a prejuzgar si es también la más antigua.A favor del estado habla tal vez el indicio claro de que surgió como producto de esfuerzosformidables, a través de miles de años de forcejeos y de luchas terribles, y no como una cristalizaciónevidente por sí misma y espontánea. La religión viene a vigorizarlo con el nimbo de un derechosagrado y le confiere un imperio verdaderamente incondicional. Todo el saber y todo el pensamiento,toda la fuerza física y todo el esplendor se ponen al servicio de este doble poder. Las mayoresinteligencias -sacerdotes, caldeos, magos- rodean el trono.La clara característica del predominio del estado sobre la cultura la tenemos en el modo unilateral deenjuiciar y paralizar ésta. En la parte en que esto sea obra de la religión trataremos de ello en elcapítulo siguiente. Pero también el estado como tal toma parte en ello.Aquí nos encontramos con el problema del comercio cerrado. Este tipo de comercio ¿responde almandato del estado o tiene más bien su base en la soberbia nacional
o en el odio, el temor y larepugnancia instintivos? La cultura de por sí tiende siempre a comunicarse y a compensarse, pero elestado civilizado costó tantos esfuerzos y sacrificios hasta conseguir que las cosas se encauzasen unpoco, que de fuera sólo se temían perturbaciones y no se esperaba nada bueno.Allí donde existía primitivamente este modo de pensar, el estado se encarga de irlo sistematizandolegalmente con el tiempo. Su indicio más claro es la carencia de navegación en los pueblos del litoralcomo lo eran los egipcios y los mexicanos, mientras que otros pueblos en estado de naturaleza (comolos de las Antillas antes de llegar Colón) la poseían. En Egipto existía en cambio una navegación muyperfecta por el Nilo. Los persas, en cambio, llegaron incluso a dotar todo el valle inferior del Tigris decataratas artificiales para que ninguna flota extranjera pudiera abordar su país.
La negación de lo individual
La institución de las castas tuvo probablemente un origen doble: los sacerdotes y los guerrerosdebían de existir ya al nacer el estado; las demás castas, correspondientes a otras funciones,debieron de haberse creado con posterioridad. Lo esencial de las castas, a saber, la obligación dededicarse a la misma ocupación de sus padres, debió de obedecer más bien a órdenes del estado quea órdenes de los sacerdotes, pues si realmente hubiese sido por mandato de éstos habrían suprimidotambién el derecho de connubio entre las castas, lo que, si prescindimos de los pastores de cerdosque representaban una especie de parias, no ha podido probarse, al menos en cuanto a Egipto, adiferencia de lo que ocurre en la India, donde rige dicha prohibición.
De esta fuerte negación de lo individual brota luego, tal vez, una cultura parcial relativamente alta,que si bien puede tener su razón de ser en el aspecto técnico, en la perfección heredada de lashabilidades externas (aunque también las artes textiles, la carpintería, la fabricación del vidrio, etc.,permanecen completamente estacionarias), en el aspecto espiritual trae consigo al menos elestancamiento, la limitación, la oscuridad hacía fuera. Este sistema rompe con la libertad del in-dividuo, la cual no consiste precisamente en el capricho de
hacer
lo
que a cada cual se le antoja, sinoen la inexistencia de barreras para el conocimiento y la comunicación y en el libre impulso para lacreación, que es precisamente lo que aquí se entorpece.Paralelamente con esto tenemos el hecho de que las dos castas superiores, en un principio, tendíana estancar violentamente el arte y la ciencia superiores en Egipto, declarándolas sagradas del modo
1
Recordemos que las palabras
hospes
(“huésped”) y
hostis
(“extranjero”, “enemigo”) tienen la misma raíz.
2
Arriano VII, 7, 7, donde se cuenta cómo Alejandro se burlaba de esto. Sobre el viraje dado en Egipto bajoPsamético y la enorme prosperidad del país en aquel entonces, véase Curtius,
Griechische Geschichte,
t. I, pp.345 ss.
3
Las castas principales aquí son los vaicias y los sudras, la gran masa de los arios y no arios.
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