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L
A MATERIA CIDIANA EN LAS
C
RÓNICAS
G
ENERALES
:
NAVEGANDO LA LAGUNA DEL MANUSCRITO
E
2
DE LA
STORIA DE 
SPAÑA
 Manuel Hijano VillegasDurham University“En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del Carpio; perode que hicieron las hazañas que dicen, creo que la hay muy grande”Estas palabras puestas por Cervantes en boca del canónigo en su diálogocon Don Quijote en la primera parte de la obra (1605) ponen de manifiesto ellugar ambiguo, a medio camino entre la historia y la ficción, que la figura del Cidocupaba en la conciencia histórica a principios del siglo XVII. El canónigocervantino nunca leyó el
Cantar de mio Cid 
, la obra cuyo centenario celebramoshoy, pero conocía muy bien las hazañas del héroe a través del romancero o,muy probablemente, de alguno de los textos cronísticos a él dedicados quecircularon en el siglo XVI, incluyendo la muy difundida
Crónica popular del Cid 
 (14 ediciones en el siglo XVI, de 1498 a 1589), la
Chronica del famoso cavalleroRuy Diez Campeador 
, publicada por el abad de San Pedro de Cardeña Juan deBelorado (Burgos, 1512, 1552 y 1593) o incluso la edición de Florián de Ocampode
Las quatro partes enteras de la Cronica de España que mando componer el Serenissimo rey don Alonso llamado el sabio
(Zamora, 1541). A pesar dealgunas diferencias, todas estas obras ofrecen la misma biografía cidiana. Todasremontan, en última instancia, al relato de las crónicas generales elaboradas afinales del siglo XIII o principios del XIV en un intento por completar la inacabada
Estoria de España
de Alfonso X (1252-84)
1
. En este trabajo quisiera describir laformación y evolución de esta biografía cidiana medieval como fruto de lastransformaciones sufridas por la obra alfonsí durante el último tercio del siglo
1
Sobre la
Crónica popular del Cid 
véanse los trabajos de Cacho Blecua (2002) y Lucía Megías (2002). Laobra reproduce el texto de la
Crónica abreviada
(1482) de Diego de Valera, autor que empleó como fuentela
Crónica de 1344
, la cual se basa a su vez en la
Crónica de Castilla
. Belorado, por su parte, combinó lostextos de la
Crónica de Castilla
con el de la
Crónica de veinte reyes
, o
Versión crítica
(véase Catalán,2005, p. 136, n. 87). Por último, Ocampo reprodujo una compilación cronística (
Crónica ocampiana
) quecombinaba un texto similar al del ms.
 F 
(=2628, Bibl. Universitaria de Salamanca) de la
 Estoria de España
 con el de un ejemplar de la
Crónica de Castilla
(véase Bustos, 2002).
 
 2
XIII. Mi atención se centrará en uno de los
loci critici 
que más problemas sigueplanteando a la filología moderna: la llamada “Interpolación cidiana”, un relato delos últimos años de la vida del Cid que culmina en la semi-hagiográfica
*Leyendade Cardeña
el cual, entre otros testimonios, puede leerse en los capítulos 896-962 [=963] de la
Primera crónica general 
(
PCG
), la edición de la
Estoria deEspaña
preparada por Menéndez Pidal
2
. El estudio de los testimonios de la“Interpolación cidiana” resulta de gran interés para comprender el proceso deelaboración de las crónicas generales, así como para estudiar la creación ydifusión del mito del Cid como punto de referencia en la construcción de unaidentidad histórica nacional en la baja edad media.1. E
L
C
ID DE
A
LFONSO
XEl origen lejano de la biografía del Cid conocida por los contemporáneosde Cervantes está en la primera redacción de la
Estoria de España
en la que,bajo supervisión de Alfonso X el Sabio, los colaboradores del rey trabajabanhacia 1270. Una historia de España que debía incluir “todos los sus fechos queacaescieron en el tiempo pasado, et de los que agora acaescen en tiempopresent en que agora somos, tan bien de moros como de cristianos, et aun de judios si y acaesciese en que” (
PCG
, p. 653a
46-52
) no podía ignorar una figuracomo la del Cid, a quien juglares e historiadores habían convertido ya en elequivalente hispano del Roldán francés o del Arturo inglés. Sin embargo, nopodemos estar seguros de cuáles eran los planes exactos que hacia 1270 teníaAlfonso con respecto a la inclusión de la vida del Cid en la
Estoria de España
 porque carecemos de testimonios directos de esa primera redacción de la obra,o
Versión primitiva
, en la sección correspondiente a la historia de Castilla a partir de su primer rey Fernando I (1035-65). Nuestro conocimiento del texto procede,por un lado, de las crónicas que se elaboraron tras la muerte del rey a partir deuno de sus borradores provisionales y, por el otro, de la segunda redacción de laobra o
Versión crítica
, auspiciada también por Alfonso una década después,
2
Para este trabajo he consultado la edición de 1977. No se olvide que en todas las ediciones del texto loscapítulos [909] a [967] van numerados erróneamente como 908 a 966 (no hay, por tanto, “capítulo 967”).El estudio de las fuentes de cada capítulo, incluido en la edición de 1955 ofrece la numeración correcta.
 
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aunque en circunstancias muy distintas de la primera, hacia 1282-84, durante elexilio sevillano al que le obligó la rebelión de su hijo, el futuro Sancho IV (1284-95).Combinando el testimonio de las crónicas generales post-alfonsíes con elde la
Versión crítica
, podemos asumir que las fuentes cidianas reunidas hacia1270 por los historiadores alfonsíes para componer la
Estoria de España
eranprácticamente las mismas que las consultadas siglos después por don RamónMenéndez Pidal para su
España del Cid 
(1956). Junto con las fuentesprincipales de la obra, el
De rebus Hispaniae
(DRH) de Rodrigo de Toledo y el
Chronicon Mundi 
de Lucas de Tuy, se contaba, entre otras fuentes, con, almenos, dos cantares de gesta, nuestro
Cantar de mio Cid 
y un perdido
*Cantar del rey don Fernando y las particiones de los reinos
, con una historia latina, la
Historia Roderici 
(ed. Falque Rey, 1990), y con varias historias árabes, de lasque la principal, o mejor, la que ha sido identificada con mayor certeza por lacrítica, era la perdida
Elocuencia evidenciadora de la gran calamidad 
(
 Al-Bay 
ā
nal-w 
ā
d ih fi al-mulimm al-f 
ā
d ih
), obra escrita por un contemporáneo valencianodel Cid, Ibn ‘Alqama, y de la que sólo conservamos esta versión romance de lascrónicas y varios fragmentos reproducidos por la historiografía árabe medieval
3
.De acuerdo con el procedimiento empleado en las otras secciones de la
Estoria de España
, estas fuentes iban a ser despojadas de sus respectivosmarcos estructurales y su sustancia narrativa conjuntada y combinada dentro unrelato regido por un estricto esquema analístico, que incluía el año del monarcareinante en Castilla y León, los de la era hispana y la encarnación, el delemperador alemán y ocasionalmente, al informar de una sucesión en el tronocastellano, los del papado, el rey de Francia y la égira. En la
Versión crítica
lapresencia consistente de estas referencias cronológicas, así como la ausenciade errores de bulto en lo que se refiere a la armonización de los relatos de lasfuentes, otorgan al texto un carácter casi definitivo, con lo que esta versión nos
3
El principal testimonio árabe de la obra de Ibn ‘Alqama es el
 Al-Bay
ā
n
 
al-mugrib
del historiador marroquídel siglo XIV Ibn ‘Idari. Ibn ‘Idari reproduce de manera abreviada fragmentos de la obra de Ibn ‘Alqama a partir de la sección correspondiente a
 PCG
, p. 565b
24
(alivio de los valencianos al marchar el Cid aZaragoza). La traducción francesa de los fragmentos de Ibn ‘Alqama en Ibn Idari realizada por Lévi-Provençal puede consultarse en Menéndez Pidal, 1956, pp. 892-904.

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