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Domingo XXXI del tiempo ordinario (ciclo A)
El evangelio que acabamos de escuchar nos describe, queridos hermanos, elestilo que el Señor quiere que exista entre nosotros, sus discípulos. Para ello el Señorempieza por criticar a los letrados y fariseos, por decirnos lo que no le gusta de ellos,de su manera de actuar. Pero la finalidad de esta crítica es, obviamente, proponernosotro estilo, otra manera de ser y de actuar. Tres son las críticas que el Señor hace a losletrados y fariseos:1) Que su vida no es coherente con su doctrina. Con ello el Señor nos indicaque espera de nosotros que nuestra vida sea coherente con la verdad que profesamosen nuestra fe. Pero al mismo tiempo nos enseña, como subraya San Jerónimo (ss. IV-V), que debemos saber apreciar la verdad aunque sea proclamada por personas queno son coherentes con ella. El Señor dice, en efecto: “
haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen
”. No hay que negar una verdad, porque quien laproclama no sea coherente con ella: Los medievales –que eran cristianos- decían: “Ladiga quien la diga, la verdad procede siempre del Espíritu Santo”.2) Que no ayudan a las personas a vivir según la verdad. El Señor critica así laactitud de quienes no hacen más que proclamar la verdad, pero sin ayudar alprójimo a vivirla. Es la actitud de los sempiternos moralistas, que nos dicen lo queestá bien y lo que está mal, lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, pero queno son capaces de echarnos una mano para hacer el bien y evitar el mal. El Señor, encambio, espera de nosotros que seamos hombres y mujeres que saben echar unamano, ayudar a los demás a vivir según la verdad y el bien. Es muy fácil condenar elaborto (y hay que hacerlo); pero lo que el Señor quiere es que ayudemos a la chicaque está embarazada a tener a su hijo (cf. Misioneras de la caridad).3) Que todo lo que hacen es para que los vea la gente. El Señor critica lavanidad, la hinchazón del ego, el querer cultivar una imagen de sí mismo, el vivirpara la imagen -en vez de para la verdad-, el estar obsesionado por el reconocimientosocial, como si en ello nos fuera la vida, cuando en realidad “nuestra vida está
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