Norberto Galasso, la revista
Todo
del 10 de diciembre de 1964 dio más detalles: Saer,un “muchachito exaltado” de “estentórea voz”, había denunciado las “trenzas” y la“falta de seriedad” del congreso, “protestando airadamente” también en la mesa redondasobre poesía, un día antes de despacharse contra los novelistas: “
Los burgueses
[deBullrich] no pasa de ser un best-seller y
Bomarzo
[de Mujica Lainez] podría estar fechada en 1760”, fue la provocación con que interrumpió el santafecino desde el público, según
Todo
; en la misma revista, una carta de Abelardo Arias, secretario de laSADE, aclaraba días más tarde que en ningún momento se había limitado la libertad deexpresión de Saer; hasta Arturo Jauretche intervino poco después en la polémica,acusando a Arias de haber dado “una contestación de contador público a un mozo Saer que parece alborotó el cotorro de un ´tourist´ congreso celebrado en Paraná”.
Casi tresaños después, una joven crítica de Rosario escribiría que la “personalidad [de Saer] y,más que nada, su posición iconoclasta, dieron alas a los chismes de los corrillos en elCongreso de Escritores Argentinos de 1964”.
Todavía en marzo de 1966, un reseñistaanónimo del semanario
Confirmado
titulaba “Realismo. El iracundo que leía a Joyce”su comentario de
Palo y hueso
; y precedía sus juicios más bien elogiosos del libro coneste relato de los sucesos de Entre Ríos: Nadie imaginó, en el apacible Congreso de Escritores realizado por laSADE en Paraná, en noviembre de 1964, que el macizo y encorvado muchachode 28 años que detuvo al orador en medio de un elaborado discurso iba a romper la corrección de esa larga siesta. Después de la primera frase, entre lahorrorizada indignación de las damas y caballeros presentes y el divertidoentusiasmo de los estudiantes de la Universidad del Litoral, Juan José Saer ingresaba explosivamente en la notoriedad: “Perdone que lo interrumpa, perousted macanea. En realidad, aquí no se hace más que macanear, porque mientrasustedes se tiran flores, los escritores de mi generación, los escritores de cualquier edad, conscientes del país real, nos sentimos excluidos”. Su discurso, fuera de programa, fue una diatriba contra la Sociedad Argentina de Escritores, la culturaoficial y el conformismo.
La nota termina declarando a Saer “decano de los iracundos del interior”. El epígrafe dela foto del escritor que ilustraba tales proposiciones, insistía: “Gritar fuerte para que se
sociológica”, en
El concepto de ficción
, Buenos Aires, Ariel, 1997, p. 240).
4
Las citas de las crónicas de
Todo
y de las cartas de lectores de Arias y Jauretche están transcriptas en laintroducción de Galasso al capítulo “La unidad democrática de la cultura” del libro de textos polémicosde Jauretche que compiló (Jauretche, Arturo,
Las polémicas de Jauretche
, Buenos Aires, Los NacionalesEditores, 1985, 5ª reimpresión, introducción y comentarios de Norberto Galasso, pp. 115-117). Debemosel encuentro con este material a María Celia Vázquez.
5
Desinano, Norma, “j.j. saer: después de la vuelta completa”,
setecientosmonos
, Rosario, a. IV, n° 9, junio de 1967, p.10.
6
“Realismo. El iracundo que leía a Joyce”,
Confirmado. Revista semanal de noticias
, Buenos Aires, a. I,n° 38, 10 de marzo de 1966, p. 52.
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