• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Revista
ÁPICES DIGITAL
 Escenario de eterna llegada. Cachi, Salta
Óleo con espátula, obra de Cecilia Revol Núñez,artista plástica que se destaca en pintura figurativa del norte argentino, de sugente y de sus costumbres
REDACCIÓN
Magdalena CámporaDiego RibeiraLuis Ángel Della GiovannaLuis Biondini
Raúl Lavalle
Editor responsable: Raúl LavalleDirección de correspondencia:Paraguay 1327 G [1057] Buenos Aires, Argentinatel. 4811-6998raullavalle@fibertel.com.ar 
nº 9 – 2011Número dedicado a la creación literaria y artística
 Nota: La Redacción no necesariamente comparte las opiniones vertidas en esta publicación.
1
 
ÍNDICE
Alejandro Pedro Destuet.
 La gracia recibida
 p. 3Alfredo Bernardi.
 El brote de tu voz
y
 Dama del lago
 p. 5Maximiliano Hünicken.
 Borges
 p. 7Santiago Voršič.
 Linterna
 p. 8José Telles.
 Espelhos d’Água
 p. 9Marina Artese.
 Poema XXXIV 
 p. 10Alfredo Bernardi.
 Brehom
 p. 11Maximiliano Hünicken.
 Leonardo (retrato en arte digital)
 p. 13Carmen Verlichak.
 Lo que queda
 p. 14Federico Caivano.
Creadores de ficción
 p. 15Radulfus.
 Lupa, lupa
 p. 19
Notas y reseñas
 p. 21
Minucias varias
 p. 242
 
LA GRACIA RECIBIDA
ALEJANDRO PEDRO DESTUETHace muchos años, al principio de un verano fui a una pequeñaciudad balnearia para dar una conferencia. Como la llevaba escrita y notenía preocupaciones, me propuse ser feliz.Llegué el día anterior a mi charla. El hotel era elegante y antiguo,con una amplia playa que aún estaba, afortunadamente, sin turistas. Subí a mi habitación. Me sentí inmediatamente a gusto. Teníauna hermosa y sobria decoración. Dos cuadros de marinas, un amplioescritorio con una hermosa lámpara
art nouveau
y una alfombra azul.Tras el cortinado se encontraba un amplio balcón, con una magníficavista al mar.Sentí un profundo bienestar. Me preparé para disfrutar del día.Recordé a mi abuela diciendo que siempre había que estar preparado para recibir la gracia.Me duché y pedí el almuerzo. Algo sencillo, una ensalada con pescado frío y una copa de vino blanco. Me cambié y bajé hacia el hall.Pedí al conserje que me instalaran una sombrilla con una reposera.Cargué la novela que estaba leyendo y me senté.Miré hacia el horizonte. Era un día diáfano y templado. A lo lejos podía divisar una isla. Calculé que podía estar a una media hora de nado.Sólo se escuchaba el suave murmullo de la espuma y los chillidosalegres de las gaviotas. La brisa rozaba mi cara y mis cabellos, como unamadre amorosa acaricia a su niño.Comencé a leer. El sol me molestaba pues ya había salido de sucenit y comenzaba su trayectoria hacia el ocaso sobre el horizonte.Sentía algo de somnolencia por el viaje. En un momento percibí quealguien cruzaba a mi lado en dirección a la orilla del mar. A contraluz,distinguí el nítido contorno de un cuerpo de mujer que avanzaba hacia elagua. La luz solar la enmarcaba en un halo dorado.Un racimo de nubes avanzaba. La mujer se había detenido al borde del agua y se había inclinado sobre una de sus rodillas. Por unmomento el sol se ocultó, y un haz blanquecino atravesó el cielo,iluminándola fugazmente. Parecía una diosa antigua, con su cuerpo3
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...