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ai
*LlCTrr
A
CAPÍTULO
9
i%
EL
RETORNO
DE LA
POLÍTICA
A LAS
CALLES
(2002-2005)
La
autonomía
no
es
un
cerco
sino
que
es
una
apertura, apertura
ontológica
y
posibilidad
de
sobrepasar
el cerco
de
la
información,
delconocimiento
y
de
la organización
que
caracteriza
a
los seres
autoconstituyentes
como
seres
keterónomos.
[...]
La
autonomíasignifica
alterar
el
sistema de
conocimiento
y
de
organización
yaexistente;
significa
constituir
un
propio
mundo
según
otras leyes.
Cornelius
Castoriadis,
Los
dominios
del
hombre.
INTRODUCCIÓN
A
fines de
2001, la
Argentina
se
sumergió
en una de la
más
graves
y
profundas
crisis
de toda su
historia.
A
partir
de la insta
lación
del llamado
"corralito",
que
limitaba
el
retiro
de
efectivo
y
la
disponibilidad
de los
depósitos
bancarios, en
sólo
un mes el
país vivió
una
sucesión
de hechos extraordinarios que dabancuenta de la
magnitud
del derrumbe: la anunciada ola de saqueos, que
abarcó
a gran parte del
país;
el decreto del
estado
de
sitio;
los masivos "cacerolazos" en la ciudad de Buenos
Aires;la represión
abierta y
brutal,
que
tuvo
un saldo de 40 muertos;
la
renuncia de De la
Rúa
y la
cinematográfica
huida en el
helicóptero
desde
la
Casa
Rosada; en fin, la
sucesión
de cinco mandatarios presidenciales en
sólo
diez
días...Sin
embargo, 2002 no fue solamente el
o
de la
crisis
y
la
descomposición
social.
En realidad, los
sucesos
del 19 y 20 de
diciembre
de 2001 abrieron
también
un nuevo
ciclo
de
movilización,
marcado por el regreso de la
política
a las calles, de
la
mano de una
multiplicidad
de actores sociales. En mediode un
clima
de gran efervescencia
social,
los
barrios,
las calles,las plazas, los locales
y fábricas
recuperadas
fueron
dando
forma
a un nuevo espacio
público,
donde
tuvieron
lugar los
pri-
meros cruces e intercambios entre un conjunto
heterogéneo
de actores sociales
movilizados.
Las grandes ciudades, en es-263
 
MARISTELLA
SVAMPA
LA
SOCIEDAD
EXCLUYENTE
pecial,
Buenos
Aires,
devinieron
pues
la
expresión
paradig
mática
de la
recuperación
del espacio
público
por parte de los
sectores
movilizados.
El
2002 fue
así
un año a
todas
luces
extraordinario,
con toda
la
carga ambigua del
término,
pues
el
país
se
sumergió
en unacrisis generalizada, al tiempo que fue
descubriéndose
comouna sociedad profundamente
movilizada
que, entre la indigna
ción
y la
reacción
desesperada, buscaba
recuperar su capacidadde
acción,
mediante la
creación
de lazos de
cooperación
y
soli
daridad, fuertemente
socavados
luego de una larga
década
deneoliberalismo.
En
consecuencia,
la
Argentina,
que
hasta
hacía
poco
tiem
po
había
sido considerada como "el mejor alumno" de los organismos multilaterales de
crédito,
prontamente se
erigió
enuna usina de acciones colectivas, en uno de los "laboratoriossociales" s novedosos
y
visitados de la periferia globalizada.
No
era para menos: el nuevo escenario
otorgaría
mayor
visibilidad
a los
movimientos
sociales existentes, sobre todo a las organizaciones piqueteras, muchas de las
cuales
fueron estableciendo
vínculos
con
sectores
de las
clases
medias movilizadas,
al
tiempo que
comenzarían
a interactuar e insertarse en las redes promovidas por los movimientos
críticos
de la globaliza-
ción
neoliberal.
Asimismo,
esta
apertura
promovió
la emergencia y expan
sión
de otras formas autoorganizadas de lo social, como las
asambleas
barriales, las
cuales
se constituyeron como las
legíti
mas
herederas
de las jornadas de diciembre de 2001, sobretodo en la ciudad de Buenos
Aires
y en ciertos lugares del Co-nurbano Bonaerense. En
este
contexto de fuertes
movilizacio
nes
también
fueron adquiriendo un rol
destacado
las
fábricas
quebradas
y
recuperadas
por sus trabajadores. En efecto, aunque ya se
habían
dado diferentes
casos
en la
década
del 90, las
fábricas
recuperadas
tendrían
un poder de
multiplicación
yuna mayor
visibilidad
a partir de diciembre de 2001. Recordemos que en el marco de la
recesión económica
de fines de los 90
y,
sobre todo luego de la crisis de
2001,
no fueron pocos los empresarios que realizaron un vaciamiento de las
empresas,
mien
tras
que otros abandonaron la actividad
económica,
manteniendo los activos
fijos,
pese
al cierre de las
fábricas.
Ante
esta
situación,
los trabajadores eligieron el
único
camino posiblepara conservar la fuente de trabajo, a
saber,
resistir ocupandolas instalaciones
y
poniendo en
producción
las
empresas.
Asimismo,
se expandieron los colectivos culturales y de in
formación
alternativa. Al
igual
que en el
caso
anterior, si bienmuchos de
éstos
ya
existían,
a partir de 2001, no
sólo
se
multi
plicaron,
sino que desarrollaron
nuevas
formas de interven
ción político-cultural,
a la vez expresivas y comunicativas, sobretodo en el marco de las
asambleas
barriales y las
fábricas
recu
peradas.
Como ya hemos anticipado en otro
capítulo,
la
proliferación
de
este
tipo
de colectivos puso de manifiesto
hasta
quépunto la cultura constituye un eje de
reconstrucción
de la expe
riencia
individual
y,
a la vez, una
expresión
de resistencia colec
tiva,
sobre todo para las
clases
medias movilizadas.Por otro lado, el establecimiento del
"corralito"
y la poste
rior
salida del
régimen
de
convertibilidad,
dieron origen a unaserie de movilizaciones protagonizadas por grupos de ahorris-tas perjudicados por el congelamiento, la
pesificación
y la re
programación
de los
depósitos
producidos entre fines de 2001
y
enero de 2002. Las diversas asociaciones que se fueron constituyendo
desde
comienzos de 2002 —tanto en el
nivel
nacionalcomo en el regional y
local—
protagonizaron una serie de pro
testas
virulentas contra las instituciones bancarias (sobre todoaquellas de capital extranjero) que se negaban a
restituir
los de
pósitos,
contra las autoridades
públicas
que dictaron o mantu
vieron
las medidas y, por
último,
contra el Poder
Judicial
(ensus distintas instancias), al cual llamaron a pronunciarse sobre
la
legalidad
y
constitucionalidad
de las normas en
cuestión.En
fin, a
este
cuadro hay que agregar la gran
expansión
delas
redes
del trueque, producto del colapso de la
economía formal,
así como la
súbita visibilidad
de los cartoneros, cuya solapresencia en la ciudad
venía
a refrendar, de una vez por todas,
la
entrada del
país
en la extrema pobreza latinoamericana.Conscientes de que no podremos abordar la totalidad de
estas
experiencias, hemos decidido
detenernos
sólo
en algunas:
el
movimiento
de
asambleas
barriales, los colectivos culturales
y
las organizaciones de
desocupados.
Sin duda, un estudio completo
debería
abarcar
también
los grupos de ahorristas, sobre
los
cuales
existe muy poca
investigación
realizada,
26
a
como la
 
MARISTELLA
SVAMPA
experiencia de las
fábricas
recuperadas,
un proceso sin dudaabierto y
multidimensional,
para el cual ya existen numerosostextos y abordajes.
27
Analizaremos
entonces
en primer lugar las
asambleas
ba
rriales;
su
evolución
y dificultades; para
detenernos
luego en
un
balance
acerca
del legado de
éstas
y la
significación
de loscolectivos culturales. En fin, a partir del cambio de escenario
político,
en 2003, buscaremos explicar las
razones
y el alcance
del
actual proceso de
estigmatización
que sufren las organizaciones de
desocupados.
Cerraremos
este
último capítulo
conuna breve referencia a las
movilizaciones
sociales emergentes.
LAS ASAMBLEAS BARRIALES: UNA
EXPERIENCIA
POLÍTICA
"FUERTE"
Poco tiempo
después
de los
grandes
"cacerolazos" de finesde diciembre de 2001, los
actores
movilizados comenzaron areunirse en
asambleas.
Hacia mediados de enero de 2002,
esta
nueva
práctica
asociativa fue
multiplicándose,
sobre todo en laciudadde Buenos Aires y en ciertos lugares del Conurbano yciudades del
interior.
En
este
sentido, las
asambleas
barriales
fueron
las
legítimas
herederas
de aquel mandato destituyeme("que se vayan todos"), que se
había
expresado en las jornadasde diciembre. Ciertamente,
esta
consigna revelaba el alcance de
la
ruptura producida en
términos
de
representación
y concep
ción
de la
política, y
el desplazamiento hacia
nuevas
formas deprotagonismo, constituidas a distancia del mundo de la
política
institucional.
Sin embargo, la crisis y las movilizaciones que le
siguieron
fueron
también
portadoras de
demandas
constituyentes, que buscaban
articular
la organización
social con la
exi
gencia de fundar una nueva
institucionalidad,
mediante unademocracia directa
y
participativa.
La significación
de las
asambleas
barriales
puede leerse
endiferentes planos. De manera general, las
asambleas
barrialesexpresaron la emergencia de un nuevo protagonismo, a la vezindisolublemente
político
y social, que apuntaba a quebrar elfatalismo
discursivo-ideológico
de los 90. Como corolario, las
asambleas
trajeron consigo la promesa de la
creación
de
espa
cios de
solidaridad
y
de confianza, a partir de los
cuales
(re)
cons-266
LA
SOCIEDAD
EXCLUYENTE
truir
los lazos sociales, tan
socavados
y
mercan
tilizados
tras
una
década
de neoliberalismo. V
En
segundo lugar, las
asambleas
barriales fueron
roníoi
^
mandóse
como un espacio de
organización
y de delibenu
ion
que se
pensaba
en ruptura con las formas tradicionales de
i
e
^
presentación política
y en favor de otras formas de autoorgani &
zación
de lo
social,
con aspiraciones a la
horizontalidad
y procli-
^ves al ejercicio de la
acción
directa. En
este
sentido, retomaron ytendieron a radicalizar gran parte de las
prácticas políticas
y au
-f^
toorganizativas desarrolladas sobre todo por los
movimientos
de ^
desocupados
durante la
segunda
mitad
de los 90.
En
tercer lugar,
estas
nuevas
experiencias reposicionaron alas
clases
medias de la ciudad de Buenos
Aires
en un lugar
relé-
tf
vante de la
escena
política.
En efecto, las
asambleas
barrialessurgieron
también
como un espacio de
reconstitución
de la
identidad
política
de las
clases
medias, en una tentativa que re-
 
conocía
como punto de partida, sin embargo, su fragmenta-
fp
ción
y heterogeneidad actual, en
contraposición
a cierta homo-geneidad
cultural
y mayores perspectivas de
integración
socialque las del
pasado.
fcPor
último,
las
asambleas
barriales fueron generando iiu
 
portantes
espacios
de cruce, encuentro y
discusión
entre sectores sociales diferentes, que
carecían
de vinculaciones previas.Esta experiencia de cruce social fue doble, tanto hacia adentro
£
como hacia afuera del propio
movimiento.
Así, hacia adentro,
la
experiencia
daba
cuenta de un grado de heterogeneidad so-
cial
importante. En efecto, el espacio
reunía
comerciantes, em-
 
pleados y profesionales, del
ámbito público
y
privado,
ligados a
la administración,
la
educación
y la salud; muchos de ellos empobrecidos, y algunos con alto grado de inestabilidad laboral;
así
como un conjunto de
desocupados
de diferentes proceden-cias,
además
de
jóvenes
con expectativas radicales, muchos de
los
cuales
realizaban en
este
espacio su primera experiencia po
lítica.
A
esto
hay que
añadir
las diferencias interbarriales,
pues
 
mientras que en algunos lugares
había
una clara presencia de
clases
medias profesionales, cuyo protagonismo
aparecía
aso
ciado a la
vida
de la rica y cosmopolita ciudad de Buenos
Aires,
 en otros el
perfil
dominante eran
los jóvenes
y
sectores
medios
 
empobrecidos. En fin, como primer corolario, las
asambleas
 267
of 00

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