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476 - Leccion Sobre El Cuidado de Las Almas

476 - Leccion Sobre El Cuidado de Las Almas

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El que ama fuertemente a Dios y a los hermanos; no hace nada que pueda causar dolor a Dios y a los hermanos. El amor os dará todo lo que se necesita y las almas, todas distintas entre sí, alcanzarán una única semejanza: la del Padre, si sabéis trabajarlas con el amor
El que ama fuertemente a Dios y a los hermanos; no hace nada que pueda causar dolor a Dios y a los hermanos. El amor os dará todo lo que se necesita y las almas, todas distintas entre sí, alcanzarán una única semejanza: la del Padre, si sabéis trabajarlas con el amor

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 Lección sobre el cuidado de las almas
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
1
Como siempre, cerca de los caminos más importantes, aislados pero, al mismo tiempo, losuficientemente cercanos como para ser vistos y socorridos por los viandantes, hay leprosos. Una pequeña colonia de leprosos, que lanzan su grito de aviso e invocación al ver pasar a Jesús con Juan y Abel. Y Abel alza la cara hacia ellos diciendo: «Éste es aquel de que os hablé. Estoy llevándole adonde los dos que ya sabéis. ¿No tenéis nada que pedir al Hijo de David?».«Lo que pedimos todos: pan, agua, para saciarnos mientras los peregrinos pasan. Después, eninvierno, el hambre…».«No tengo comida, hoy. Pero tengo conmigo la Salud…».Pero la sugestiva invitación a recurrir a la Salud no halla eco. Los leprosos se retiran del risco,volviendo las espaldas y dando la vuelta al espolón del monte para ver si otros peregrinos vienen por el otro camino.«Son marineros gentiles o completamente idólatras. Han venido hace poco, expulsados de Tolemaida.Venían de África. No sé cómo se han enfermado. Sé que salieron sanos de sus países y, después de unviaje largo por las costas africanas para hacerse con marfil y también creo que con perlas paravenderlas a los mercaderes latinos, han llegado aquí enfermos. Los magistrados del puerto los hanaislado y han quemado hasta la nave. Unos han ido hacia los caminos de Siro – Fenicia y otros hanvenido aquí. Los más enfermos son éstos, porque ya casi no andan. Pero tienen el alma más enfermatodavía. He tratado de dar un poco de fe… No piden otra que no sea comida…»«En las conversiones hay que tener constancia. Lo que no sale en un año sale en dos o más. Insistir enhablar con Dios, aunque parezca como las rocas que los cobijan».«¿Hago mal, entonces, en pesar en su comida?... Me había puesto a traer antes del sábado siemprecomida, porque los sábados los hebreos no viajan y ninguno piensa en ellos…».«Has hecho bien. Tú lo has dicho. Son paganos. Por tanto, más cuidadosos de la carne y de la sangreque del alma. La amorosa diligencia que tienes por su hambre despierta su afecto hacia eldesconocido que piensa en ellos. Y, cuando te quieran, te escucharán, aunque hables de cosas distintasde la comida. El amor preludia siempre el seguimiento de aquel a quien se ha aprendido a amar. Elloste seguirán un día en los caminos del espíritu. Las obras de misericordia corporal alisan el camino alas espirituales; las cuales lo hacen tan libre y llano, que la entrada de Dios en un hombre preparadoen tal manera al divino encuentro se produce sin el conocimiento del propio individuo. Éste seencuentra a Dios dentro de sí y no sabe por dónde ha entrado. ¿Por dónde? Algunas veces tras unasonrisa, tras una palabra de piedad, tras un pan, ha empezado la apertura de la puerta de un corazóncerrado a la Gracia y ha empezado el camino de Dios para entrar en ese corazón.¡Las almas! Son la cosa más variada que existe. Ninguna materia – y son muchas las materias que hayen la tierra – es tan variada en sus aspectos como lo son las almas en sus tendencias y reacciones.
 
 Lección sobre el cuidado de las almas
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
2
¿Veis este corpulento terebinto? Está en medio de un entero bosque de terebintos, semejantes a él en laespecie. ¿Cuántos son? Centenares, mil quizás, quizás más. Cubren esta abrupta ladera de montes,dominando con su aroma áspero y saludable de resinas todos los demás olores del valle y del monte.Pero fijaos. Mil y más, pero no hay siquiera uno que en grosor, altura, corpulencia, inclinación,disposición, sea igual a otro, si se observa bien. Uno, derecho como hoja de cuchillo. Otro, vueltohacia septentrión o mediodía, oriente u occidente. Uno, nacido todo en tierra; otro, allá, en un risco,que no se sabe ni cómo éste puede sostenerle ni cómo el árbol puede sostenerse tan pendiente en elvacío, casi haciendo de puente con la otra ladera que se alza sobre aquel torrente, ahora seco, peromuy turbulento en las épocas de lluvia. Uno retorcido, como si un cruel lo hubiera forzado cuando eratodavía tierna planta; otro, sin defectos. Uno, acopado casi hasta el pie; otro, sin frondas, apenas conun penacho en su coma. Aquél, con ramas sólo en la derecha; aquel otro, frondoso abajo y resecoarriba, en la cima quemada por un rayo. Éste, muerto, que sobrevive en una obstinada rama, única,nacido casi en la raíz recogiendo un resto de savia que en lo alto había muerto. Y éste, el primero queos he señalado, hermoso a más no poder, ¿tiene, acaso, una rama, una ramita, una hoja - ¿qué digodiciendo una hoja, respecto a los miles que tiene? – igual a otra? Parecen iguales, pero no lo son. Mirad esta rama. ¿Cuántas hojas habrá en ese extremo? Quizás doscientas agujas verdes y finas. Y, noobstante, mirad: ¿hay una igual a otra, en color, vigor, lozanía, flexibilidad, aspecto, edad? No la hay. Así las almas. Hay tantas diversidades de tendencias y reacciones como almas existen. Y no es buen Maestro y médico de almas el que no sabe conocerlas y trabajarlas según sus distintas tendencias yreacciones. No es trabajo fácil, amigos míos. Se requiere estudio continuo, costumbre de meditar, queilumina más que cualquier larga lectura de textos fijos. El libro que debe estudiar un Maestro y médicode las almas es las almas mismas. Tantas hojas como almas, y en cada hoja muchos sentimientos y pasiones pasados, presentes y en embrión. Por tanto, estudio continuo, atento, meditativo. Pacienciaconstante, aguante. Fortaleza en saber curar las llagas más pútridas para curarlas sin dar muestras deasco, cosa que humillaría al llagado, y sin falsa piedad, que, por no hacer sufrir descubriendo la podredumbre y no limpiar por temor a hacer sufrir la parte corrompida, deja que el mal se hagagangrena y corrompa todo el ser. Prudencia, al mismo tiempo, para no profundizar con modosdemasiado rudos las heridas de los corazones, y para no infectarse con su contacto por alarde deseguridad que no se teme la infección al tratar con los pecadores.Y todas estas virtudes, necesarias para el Maestro y médico de almas, ¿Dónde hallan su luz para ver yentender; su paciencia, a veces heroica, para perseverar recibiendo frialdad, algunas vez ofensas; su fortaleza para curar sabiamente; su prudencia para no perjudicar al enfermo ni perjudicarse a sí mismo? En el amor. Siempre en el amor. El amor da luz a todo, da sabiduría, da fortaleza y prudencia; preserva de las curiosidades, que son vía de asunción de las culpas curadas. Cuando uno es todo amor,no pueden entrar en él ningún deseo ni ninguna ciencia sino los del amor.¿Veis? Los médicos dicen que, cuando uno estuvo agonizando por una enfermedad, difícilmente vuelvea enfermar de ella, porque ya su sangre la ha recibido y la ha vencido. El concepto no es perfecto, pero tampoco yerra en todo. Pero el amor, que es salud en vez de enfermedad, produce eso que dicenlos médicos, y para todas las pasiones no buenas. El que ama fuertemente a Dios y a los hermanos; nohace nada que pueda causar dolor a Dios y a los hermanos; por eso, incluso acercándose a enfermos
 
 Lección sobre el cuidado de las almas
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
3
del espíritu y viniendo a saber cosas que el amor hasta entonces había velado, no se corrompe conellas, porque permanece fiel al amor y el pecado no entra. ¿Qué fuerza puede tener la sensualidad  para quien ha vencido la sensualidad con la caridad? ¿Qué fuerza, las riquezas para quien en el amor a Dios y a las almas encuentra todo tesoro? ¿Qué, la gula, qué, la avaricia; qué, la incredulidad; qué,la acidia; qué, la soberbia: para quien sólo siente apetito de Dios; para quien se da él mismo, inclusoél mismo, para servir a Dios; para quien en su Fe encuentra todo su bien; para quien se sienteaguijado por la llama incansable de la caridad y obra incansablemente para dar alegría a Dios; paraquien conoce a Dios – amarles es conocerle – y ya no puede ensoberdecerse, porque se ve cual esrespecto a Dios?Un día seréis sacerdotes de mi Iglesia. Seréis, por tanto, los médicos y maestros de los espíritus. Recordad estas palabras mías. No seréis sacerdotes, o sea, ministros de Cristo, maestros y médicos delamas, por el nombre que llevéis, ni por el indumento, ni por las funciones que ejerzáis, sino que loseréis por el amor que poseáis. El amor os dará todo lo que se necesita para serlo; y las almas, todasdistintas entre sí, alcanzarán una única semejanza: la del Padre, si sabéis trabajarlas con el amor».«¡Qué hermosa lección, Maestro!» dice Juan.«¿Pero lo lograremos algún día nosotros ser así?» añade Abel. Jesús mira uno y al otro, y luego pasa el brazo sobre los hombros de ambos y los estrecha contra sí, eluno a la derecha, el otro a la izquierda, y los besa en el cabello; y dice: «Vosotros lo lograréis, porquehabéis comprendido el amor».Siguen andando todavía un tiempo, cada vez con más dificultad por la escabrosidad del senderotallado casi en el borde del monte. Abajo, lejos, hay un camino, y se ve a la gente en camino por él.«Detengámonos, Maestro. Allí, ¿ves?, desde aquella plataforma de roca, los dos están descolgandohasta los viandantes un cesto con una soga, y tras la plataforma está su gruta. Ahora los llamo». Y,adelantándose, lanza un grito, mientras Jesús y Juan se quedan retrasados, ocultos tras tupidosarbustos.Pocos instantes y luego una cara… - llamémosla cara porque está encima de un cuerpo, pero podríallamarse también morro, monstruo, pesadilla… - se asoma por encima de unos arbustos de zarzamora.«¿Tú? ¿Pero no te habías marchado para los tabernáculos?».«He encontrado al Maestro y he vuelto atrás. ¡Él está aquí!».Si hubiera dicho “Yeohveh aleteo sobre vuestra cabeza”, muy probablemente habría sido menosrepentino y revente el grito, el acto, el impulso de los dos leprosos – porque mientras Abel hablaba sehabía asomado también el otro – para echarse afuera, a la plataforma, en pleno sol, y para postrarserostro en tierra gritando: «¡Señor, hemos pecado! ¡Pero tu misericordia es más grande que nuestro

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