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383 - Discurso Sobre La Muerte

383 - Discurso Sobre La Muerte

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Se hace duelo ante los cadáveres. Se lloran. Pero el cadáver no llora. Uno tiembla por tenerse que morir, pero esa misma persona no se preocupa de vivir de forma que no haya que temblar en la hora de la muerte. ¿Y por qué no se llora y se hace duelo ante los cadáveres vivos, que son los cadáveres más verdaderos, aquellos que, como en un sepulcro, llevan en el cuerpo un alma muerta?
Se hace duelo ante los cadáveres. Se lloran. Pero el cadáver no llora. Uno tiembla por tenerse que morir, pero esa misma persona no se preocupa de vivir de forma que no haya que temblar en la hora de la muerte. ¿Y por qué no se llora y se hace duelo ante los cadáveres vivos, que son los cadáveres más verdaderos, aquellos que, como en un sepulcro, llevan en el cuerpo un alma muerta?

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 Discurso sobre la muerte
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
1
 Las orillas del Jordán en las inmediaciones del vado, en estos días de regreso de las caravanas hacia lasdiversas comarcas de residencia, asemejan en todo a un campamento nómada. Hay, esparcidas por todas partes,a lo largo de los bosques que forman una orla verde en los lados del río, tiendas, o incluso simplemente mantasextendidas de un tronco a otro, apoyadas en palos hincados en el suelo, atadas a la alta silla de un camello, endefinitiva, sujetas de alguna manera, lo suficiente como para poderse meter uno debajo y ampararse del aguazo,que debe ser hasta lluvia en estos lugares por debajo del nivel del mar.Cuando Jesús llega a las orillas con los suyos, al norte del vado, los campamentos se están despertandolentamente. Jesús debe haber salido de la casa de Nique verdaderamente con los primeros albores, porquetodavía no es plena aurora. Ya el aspecto del lugar es fresco, sereno. Los más diligentes empiezan a salir de lasvariopintas tiendas y a bajar al río para lavarse, despertados por los relinchos o rebuznos, por los gritosestridentes de caballos, asnos y camellos, y por las peleas o cantos de centenares de pájaros y otras aves queestán entre el follaje de los sauces, de los cañaverales, o de los altos árboles que forman galerías verdes sobrelas márgenes floridas. Algún lloro de niño y voces dulces de madres hablando a sus hijos. La vida vuelve entodas sus manifestaciones, a cada minuto. De la cerca Jericó vienen vendedores de todas las especies y nuevos peregrinos, y guardias y soldados con lamisión de vigilar y mantener el orden, en estos días en que gente de todas las regiones se encuentran y no seahorran insultos ni reproches, y en los cuales no deben ser poco frecuentes los robos de rateros que se mezclancon apariencia de peregrinos – en realidad para cometer ladronerías – entre el gentío. Tampoco faltan lasmujeres públicas que tratan de hacer “su” peregrinaje pascual, o sea, sacar a los peregrinos más ricos ylujuriosos dinero y regalos como pago a una hora de placer, en la cual míseramente quedan anuladas todas las purificaciones pascuales… Las mujeres honestas que están entre los peregrinos junto con sus maridos o sushijos ya adultos chillan como urracas inquietas para llamar a sus hombres (a los que están embobados – o losque parece que lo están a sus mujeres o madres – observando a las meretrices). Éstas ríen con desfachatez, yresponden ásperamente a los… apelativos que las honestas le propinan. Los hombres, especialmente lossoldados, ríen, y no rehúsan bromear con las mujeres públicas. Algún israelita, verdaderamente rígido de moral,o sólo hipócritamente se aleja desdeñado, y otros… anticipan el alfabeto de los sordomudos, porque con gestosse entienden maravillosamente con las mundanas. Jesús no sigue el camino recto que lo llevaría al centro del campamento, sino que baja al guijarral del río, sedescalza y camina por donde el agua ya lame la hierba. Los apóstoles le siguen. Los más ancianos, los más intransigentes, dicen con enfado: «Y pensar que aquí el Bautista predicó penitencia!».«¡Ya! ¡Claro! ¡Este lugar ahora está más degradado que un pórtico de termas romanas!».«¡Y los que se llaman santos no se desdeñan de buscar aquí su pasatiempo!».«¿Ves también tú?».«También tengo ojos en la cara, ¡Veo! ¡Veo!…».
 
 Discurso sobre la muerte
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
2
En la cola de la pequeña tropa, que lleva a la cabeza a Jesús, entre Andrés y Juan, Judas y Santiago de Alfeo,van los más jóvenes o los menos severos, o sea: Judas de Keriot, que ríe y mira muy atentamente lo que sucedeen los grupos acampados y no se desdeña de contemplar a las guapas descaradas que han venido en busca declientes; Tomás, que se ríe con ganas al ver las irás de las honestas y los desdenes de los fariseos, Mateo, que,habiendo sido un pecador, no puede hablar severamente contra el vicio y los viciosos, y se limita a suspirar y amenear la cabeza; y Santiago de Zebedeo, que observa sin interés ni críticas, con indiferencia.El rostro de Jesús está serio, marmóreo, como esculpido en una piedra. Y se pone cada vez más serio cuantomás llegan a Él, desde lo alto del ribazo, frases admiradoras, o conversaciones desvergonzadas entre unhombre poco honesto y una mujer de placer. Mira siempre hacia delante, fijamente. No quiere ver. Y suintención es muy clara por todo su aspecto.Pero un joven, muy ricamente vestido, que con otros de su edad está hablando con dos mujeres mundanas, dice fuerte a una de ellas: «¡Venga, venga! Que nos queremos reír un poco. ¡Ofrécete! ¡Consuélale! Está triste porque es pobre y no puede comprarse hembras». A Jesús le afluye por un momento el color rojo a su cara de marfil, que luego palidece de nuevo; pero no vuelvela mirada: la alteración del color es la única señal de que ha oído. La desvergonzada, toda ella un traqueteo de adornos entre un liviano ondear de vestidos, con un grito zalamero,salta al guijarral desde la parte baja del ribazo, y encuentra la forma, al hacerlo, de mostrar furtivamentemuchas secretas bellezas. Cae justo a los pies de Jesús, y, toda ella un trino de risas en su bonita boca, y unainvitación de ojos y de formas, grita: «¡Oh, el más guapo de los nacidos de mujer! ¡Por un beso de tu boca, toda yo gratis!». Juan, Andrés, Judas y Santiago de Alfeo se han quedado inmóviles de escandalizado estupor y no saben hacer ningún gesto. ¡Pero Pedro! Da un salto de pantera y, desde su grupo, se abalanza sobre la malaventurada, queestá de rodillas media echada para atrás, la zarandea, la levanta, la arroja contra el ribazo con un epítetotremendo y arremete contra ella para darle el resto. Jesús dice: «¡Simón!». Un grito en que hay más que un discurso.
Y Simón vuelve, rojo de ira, donde su Señor: «¿Por qué no me dejas castigarla?».«Simón, no se castiga un vestido manchado. Se le lava. Esa mujer tiene por vestido su carne manchada, y su almaestá profanada. Debemos orar para limpiarla en el alma y en la carne». Y lo dice dulcemente, en voz baja, pero notan baja que no lo pueda oír la mujer; y, reanudando la marcha, vuelve – ahora sí que la vuelve – un instante lamirada de sus dulces ojos a la desventurada. ¡Una mirada, una sola! ¡Un instante, uno sólo! ¡Pero hay en ella todala potencia del misericordioso amor! Y la mujer agacha la cabeza y sube el velo, se envuelve en el… Jesús prosiguesu camino.
 
 Discurso sobre la muerte
 
Poema del Hombre – Dios
(fragmento)
 
3
Ya está en el vado. Las aguas, bajas, permiten que pasen por ellas a pie los adultos. También hay mucha gente, quese pone en movimiento después de la noche o que se seca tras haber vadeado el río. Jesús ordena: «Diseminaos para decir que está el Rabí. Yo voy junto a aquel tronco derribado y os espero».Pronto mucha gente ha sido avisada y ya acude. Jesús empieza a hablar. Toma como motivo un cortejo que pasa llorando detrás de unas angarillas, sobre las cualeshay uno que se ha enfermado en Jerusalén; ahora, desahuciado por los médicos, le llevan rápidamente a casa paraque muera allí. Todos hablan de él porque es rico y joven todavía. Y muchos dicen: «Pues debe ser un gran dolor elmorir con tantas riquezas y tan pocos años». Y hay quien dice (quizás son personas que ya creen en Jesús): «Le estábien empleado. No sabe tener fe. Los discípulos han ido a decir a las parientes: “Allí está el Salvador. Si tenéis fe y pedís, el enfermo se curará”. Pero – el primero él – se han negado a venir al Rabí». Las críticas siguen a lasmanifestaciones de compasión. Y Jesús se sirve de todo esto para empezar a hablar.«¡La paz a todos vosotros!Ciertamente a los ricos y jóvenes que son ricos y jóvenes sólo en dinero y años les duele morir, pero a los que sonricos en virtud y jóvenes por pureza de costumbres no les duele. El verdadero sabio, desde el uso de razón enadelante, se conduce de forma tal, que su muerte sea plácida. La vida es la preparación de la muerte, como la muertees la preparación a la Vida más grande que hay. El verdadero sabio, desde que comprende la verdad de la vida y dela muerte, de la muerte para la resurrección, se industria en todos los modos posibles para despojarse de todo loinútil y para enriquecerse con todo lo útil, o sea, las virtudes y las buenas acciones, y así disponer de un bagaje debienes ante Aquel que le llama a su presencia para juzgarle, para premiarle, o para castigarle con justicia perfecta.El verdadero sabio conduce una vida que le hace más adulto en la sabiduría que un anciano, y más joven que unadolescente, porque, viviendo con virtud y justicia, conserva en el corazón una frescura de sentimientos que enalgunos casos ni siquiera los adolescentes tienen. ¡Qué dulce es entonces morir! Reclinar la cabeza cansada en elseno del Padre, recogerse en su abrazo, decir entre las brumas de la vida que huye: “Te amo, espero en ti, en ti creo”,decirlo por última vez en la Tierra para decir después el jubiloso “Te amo”, eternamente, entre los fulgores del paraíso.¿Duro pensamiento la muerte? No. Justo decreto para todos los mortales, no grávido de angustia sino para aquellosque no creen y están cargados de culpas. Inútilmente el hombre, para explicar las angustias exasperadas de uno quemuere y que en su vida no fue bueno, dice: “Es porque no quisiera morir todavía, porque no ha hecho ningún bien, oha hecho poco bien, y querrá vivir más para satisfacer por ello”. En vano dice: “Si hubiera vivido más, habría podido conseguir un premio mayor, porque habría hecho más”. El alma sabe, al menos confusamente, cuánto tiempole es dado: respecto a la eternidad, prácticamente nada. Y el alma incita a todo el yo a actuar. Pero pobre alma. Laverdad es que en muchas ocasiones se ve oprimida, pisoteada, amordazada para no oír sus palabras. Esto sucede enlos que no tienen buena voluntad. Por el contrario, los hombres justos, desde la niñez, escuchan al alma, obedecensus consejos, y, laboriosos, obran continuamente. Joven en años pero rico en meritos muere el Santo, algunas vecesen la aurora de la vida; y no podría ser más Santo de cuanto lo es ya, por cien o mil años que se añadieran, porque elamor a Dios y al prójimo, practicados en todas sus formas y con toda generosidad, le hacen perfecto. En el Cielo nose mira cuántos años ha vivido, sino cómo ha vivido.

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