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173 - El Uso de Las Riquezas

173 - El Uso de Las Riquezas

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Tened vuestro tesoro en el Cielo para que esté allí vuestro corazón, por encima, y más allá, del peligro, no sólo de infortunios que perjudiquen al oro, casas, campos o rebaños, sino también del asechanzas contra vuestro corazón, y de que sea expoliado o agredido por el óxido o por el fuego, asesinado por el espíritu de este mundo
Tened vuestro tesoro en el Cielo para que esté allí vuestro corazón, por encima, y más allá, del peligro, no sólo de infortunios que perjudiquen al oro, casas, campos o rebaños, sino también del asechanzas contra vuestro corazón, y de que sea expoliado o agredido por el óxido o por el fuego, asesinado por el espíritu de este mundo

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El uso de las riquezas; la limosna; la confianza en Dios
Poema del Hombre \u2013 Dios( fra g me n to )
1
\u00ab \u00a1La paz sea con todos vosotros!
He hablado de la oraci\u00f3n, del juramento, del ayuno. Hoy quiero instruirlos acerca de otras
perfecciones, que son tambi\u00e9n oraci\u00f3n, confianza, sinceridad, amor, religi\u00f3n.

La primera de que voy a hablar es el justo uso de las riquezas, que se transforman, por la buena voluntad del siervo fiel, en correlativos tesoros en el Cielo. Los tesoros en la tierra no perduran; los del Cielo son eternos. \u00bfAm\u00e1is vuestros bienes? \u00bfOs da pena morir porque tendr\u00e9is que dejarlos y no podr\u00e9is ya dedicaros a ellos? Pues transferidlos al Cielo. Dir\u00e9is: \u201cEn el Cielo no entran las cosas de la tierra. T\u00fa mismo ense\u00f1as que el dinero es la m\u00e1s inmunda de estas cosas. \u00bfC\u00f3mo podremos transferirlo al Cielo?\u201d. No. No pod\u00e9is llevarlas las monedas, siendo \u2013 como son \u2013 materiales, al Reino en que todo es esp\u00edritu; lo que s\u00ed pod\u00e9is llevar es el fruto de las monedas.

Cuando dais a un banquero vuestro oro, \u00bfpara qu\u00e9 lo dais? Para que le haga producir, \u00bfno? Ciertamente no os priv\u00e1is de \u00e9l, aunque sea moment\u00e1neamente, para que os lo devuelva tal cual: quer\u00e9is que de diez talentos os devuelva diez m\u00e1s uno, o m\u00e1s; entonces os sent\u00eds satisfechos y elogi\u00e1is al banquero. En caso contrario, dec\u00eds: \u201cSer\u00e1 honrado, pero es un inepto\u201d. Y si se da el caso de que, en vez de los diez m\u00e1s uno, os devuelve nueve diciendo: \u201cHe perdido el resto\u201d, le denunci\u00e1is y le mand\u00e1is a la c\u00e1rcel. \u00bfQu\u00e9 es el fruto del dinero? \u00bfSiembra, acaso, el banquero vuestros denarios y los riega para que crezcan? No. El fruto se produce por una sagaz negociaci\u00f3n, de modo que, mediante hipotecas y pr\u00e9stamos a inter\u00e9s, el dinero se incremente en el beneficio justamente requerido por el favor del oro prestado. \u00bfNo es as\u00ed?

Pues bien, escuchad: Dios os da las riquezas terrenas \u2013 a qui\u00e9n muchas, a qui\u00e9n apenas las que necesita para vivir \u2013 y os dice. \u201cAhora te toca a ti. Yo te las he dado. Haz de estos medios un fin como mi amor desea para tu bien. Te las conf\u00edo, mas no para que te perjudiques con ellas. Por la estima en que te tengo, por reconocimiento hacia mis dones, haz producir a tus bienes para esta verdadera Patria\u201d.

Os voy a explicar el m\u00e9todo para alcanzar este fin.

No dese\u00e9is acumular en la Tierra vuestros tesoros, viviendo para ellos, siendo crueles por ellos; que no os maldigan el pr\u00f3jimo y Dios a causa de ellos. No merece la pena. Aqu\u00ed abajo est\u00e1n siempre inseguros. Los ladrones pueden siempre robaros; el fuego puede destruir las casas; las enfermedades de las plantas o del ganado, exterminaros los reba\u00f1os, destruiros los pomares. \u00a1Cu\u00e1ntos peligros se celan contra vuestros bienes! Ya sean estables y est\u00e9n protegidos, como las cosas o el oro; ya est\u00e9n sujetos a sufrir lesi\u00f3n en su naturaleza, como todo cuanto vive, como son los vegetales y los animales; ya se trate, incluso, de telas preciosas\u2026 todos ellos pueden sufrir merma: las casas, por el rayo, el fuego y el agua; los campos, por ladrones, roya, sequ\u00eda, roedores o insectos; los animales, por v\u00e9rtigo, fiebres, descoyuntamientos o mortandades; las telas preciosas y muebles de valor, por la polilla o los ratones; las vajillas preciadas, l\u00e1mparas y cancelas art\u00edsticas\u2026 Todo, todo puede sufrir merma.

El uso de las riquezas; la limosna; la confianza en Dios
Poema del Hombre \u2013 Dios( fra g me n to )
2M\u00e1s si de todo este bien terreno hac\u00e9is un bien sobrenatural, se salvar\u00e1 de toda lesi\u00f3n producida por

el tiempo, por los propios hombres o la intemperie. Atesorad en el Cielo, donde no entran ladrones ni suceden infortunios. Trabajad sintiendo amor misericordioso hacia todas las miserias de la Tierra. Acariciad, s\u00ed, vuestras monedas, besadlas incluso si quer\u00e9is, regocijaos por la prosperidad de las mieses, por los vi\u00f1edos cargados de racimos, por los olivos plegados por el peso de infinitas aceitunas, por las ovejas fecundas y de turgentes ubres\u2026 haced todo esto, pero est\u00e9rilmente, no humanamente, si no con amor y admiraci\u00f3n, con disfrute y c\u00e1lculo sobrenatural.

\u201c\u00a1Gracias Dios m\u00edo, por esta moneda, por estos sembrados y plantas y ovejas, por estas compraventas! \u00a1Gracias, ovejas, plantas, prados, transacciones, que tan bien me serv\u00eds! \u00a1Benditos se\u00e1is todos, porque por tu bondad, Oh Eterno, y por vuestra bondad, oh cosas, puedo hacer mucho bien a quien tiene hambre o est\u00e1 desnudo o no tiene casa o est\u00e1 enfermo o solo!... El a\u00f1o pasado prove\u00ed a las necesidades de diez. Este a\u00f1o \u2013 dado que, a pesar de que haya distribuido mucho como limosna, tengo m\u00e1s dinero y m\u00e1s pingues son las cosechas y numerosos los reba\u00f1os \u2013 dar\u00e9 dos o tres veces m\u00e1s de cuanto di el a\u00f1o pasado, a fin de que todos, incluso quienes no tienen nada propio, gocen de mi alegr\u00eda y te bendigan conmigo Se\u00f1or Eterno\u201d. \u00c9sta es la oraci\u00f3n del justo, la oraci\u00f3n que, unidad a la acci\u00f3n, transfiere vuestros bienes al Cielo y, no s\u00f3lo os los conserva all\u00ed eternamente, sino que os los aumenta con los frutos santos del amor.

Tened vuestro tesoro en el Cielo para que est\u00e9 all\u00ed vuestro coraz\u00f3n, por encima, y m\u00e1s all\u00e1, del peligro, no s\u00f3lo de infortunios que perjudiquen al oro, casas, campos o reba\u00f1os, sino tambi\u00e9n del asechanzas contra vuestro coraz\u00f3n, y de que sea expoliado o agredido por el \u00f3xido o por el fuego, asesinado por el esp\u00edritu de este mundo. Si as\u00ed lo hac\u00e9is, tendr\u00e9is vuestro tesoro en vuestro coraz\u00f3n, porque tendr\u00e9is a Dios en vosotros, hasta que llegue el d\u00eda dichoso en que vosotros est\u00e9is en \u00c9l.

No obstante, para no disminuir el fruto de la caridad, poned atenci\u00f3n a ser caritativos con esp\u00edritu sobrenatural. Lo que he dicho respecto a la oraci\u00f3n y al ayuno valga para la beneficencia y para cualquier otra obra buena que pod\u00e1is hacer.

Proteged el bien que hag\u00e1is de la violaci\u00f3n de la sensualidad del mundo, conservadlo virgen respecto a toda humana alabanza. No profan\u00e9is la rosa perfumada \u2013 verdadero incensario de perfumes gratos al Se\u00f1or \u2013 de vuestra caridad y recto actuar. El esp\u00edritu de soberbia, el deseo de ser uno visto cuando hace el bien, la b\u00fasqueda de alabanzas, profanan el bien: las babosas del saciado orgullo ensucian con su secreci\u00f3n las rosa de la caridad y la van excavando con su boca; en el incensario caen hediondas pajas de la cama en que el soberbio, cual atiborrada bestia, retoza.

\u00a1Ah, esas limosnas ofrecidas para que se hable de nosotros!\u2026 Mejor ser\u00eda no darlas. El que no las da peca de insensibilidad; pero quien las ofrece dando a conocer la suma entregada y el nombre del destinatario, mendigando adem\u00e1s las alabanzas, peca de soberbia (al dar a conocer la d\u00e1vida, porque es como si dijera: \u201c\u00bfVeis cu\u00e1nto puedo?\u201d), pero peca tambi\u00e9n contra la caridad; porque humilla al destinatario de la limosna al publicar su nombre; y peca tambi\u00e9n de avaricia espiritual al querer acumular alabanzas humanas\u2026 que no son m\u00e1s que paja, paja, s\u00f3lo paja. Dejad a Dios que os alabe con sus \u00e1ngeles.

El uso de las riquezas; la limosna; la confianza en Dios
Poema del Hombre \u2013 Dios( fra g me n to )
3

Cuando deis limosnas, no vay\u00e1is tocando la trompeta delante de vosotros para atraer la atenci\u00f3n de los que pasan y recibir alabanzas, como los hip\u00f3critas, que buscan el aplauso de los hombres (por eso dan limosna solo cuando los pueden ver muchos). \u00c9stos tambi\u00e9n han recibido ya su compensaci\u00f3n y Dios no les dar\u00e1 ninguna otra. No incurr\u00e1is vosotros en la misma culpa y presunci\u00f3n. Antes bien, cuando deis limosna, sea \u00e9sta tan pudorosa y celada que vuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; y luego olvidaos. No os deteng\u00e1is a remiraros el acto realizado, hinch\u00e1ndoos con \u00e9l como hace el sapo, que se remira en el pantano con sus ojos velados y, al ver reflejadas en el agua detenida las nubes, los \u00e1rboles, el carro parado junto a la orilla, y a \u00e9l mismo \u2013 tan peque\u00f1ito respecto a esas cosas tan grandes \u2013 se hincha de aire hasta estallar. Del mismo modo vuestra caridad es nada respecto al Infinito que es la Caridad de Dios, y, si pretendierais haceros como \u00c9l convirtiendo vuestra reducida caridad en una caridad enorme para igualar a la suya, os llenar\u00edais de aire de orgullo para terminar muriendo.

Olvidaos. Del acto en s\u00ed mismo, olvidaos. Quedar\u00e1 siempre en vosotros una luz, una voz, una miel, que har\u00e1n vuestro d\u00eda luminoso, dichosos, dulce. Pues la luz ser\u00e1 la sonrisa de Dios; la miel, paz espiritual \u2013 Dios tambi\u00e9n \u2013 la voz, voz del Padre\u2013Dios dici\u00e9ndose: \u201cGracias\u201d. \u00c9l ve el mal oculto y el bien escondido, y os recompensar\u00e1 por ello. Os lo\u2026\u201d

\u201c\u00a1Maestro, contradices tus propias palabras!\u201d.
La ofensa, rencorosa y repentina, proviene del centro de la multitud. Todos se vuelven hacia el lugar
de donde ha surgido la voz. Hay confusi\u00f3n.
Pedro dice: \u00ab\u00a1Ya te lo hab\u00eda dicho\u2026 cuando hay uno de \u00e9sos, no va bien nada!\u00bb.

De la muchedumbre se elevan silbidos y protestas contra el ofensor. Jes\u00fas es el \u00fanico que conserva la calma. Ha cruzado sus brazos a la altura del pecho: alto, herida su frente por el sol, erguido sobre la piedra, con su indumento azul oscuro\u2026

El que ha alzado la ofensa, haciendo caso omiso de la reacci\u00f3n de la multitud, contin\u00faa: \u00abEres un mal
maestro porque ense\u00f1as lo que no haces y\u2026\u00bb.

\u00ab\u00a1C\u00e1llate! \u00a1Vete! \u00a1Deber\u00edas avergonzarte!\u00bb grita la multitud. \u00ab\u00a1Vete con tus escribas!\u00bb. A nosotros nos basta el Maestro. \u00a1Los hip\u00f3critas con los hip\u00f3critas! \u00a1Falsos maestros! \u00a1Usureros!\u2026\u00bb Y seguir\u00edan, si Jes\u00fas no elevase su voz potente: \u00ab\u00a1Silencio! Dejadle hablar\u00bb. La gente entonces deja de chillar, pero sigue bisbiseando sus improperios, sazonados con miradas furiosas.

\u00abS\u00ed, ense\u00f1as lo que no haces. Dices que se debe dar limosna, pero sin ser vistos. Y T\u00fa ayer, delante de
toda una multitud, dijiste a dos pobres: \u201cQuedaos, que os dar\u00e9 de comer\u201d\u00bb.

\u201cDije: \u00abQue se queden los dos pobres. Ser\u00e1n los benditos hu\u00e9spedes que dar\u00e1n sabor a nuestro pan\u00bb. Nada m\u00e1s. No he dicho que quer\u00eda darles de comer. \u00bfQu\u00e9 pobre no tiene al menos un pan? Mi alegr\u00eda consist\u00eda en ofrecerles buena amistad\u00bb.

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