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Juan Carlos
Aparicio M.
AL OTRO LADO
DE LA OBSIDIANA
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 AL OTRO LADO DE LA OBSIDIANA Los sucesos que ahora voy a contaros fueron cosa cierta y verdadera y ocurrieron en tiempos de gran desasosiegoe intolerancia, cuando vinieron a juntarse sobre estastierras españoles, indios y ladinos, por merced de su Se-ñor y Rey desta vasta provincia y continente, Su Majes-tad Don Carlos V.- Quien ahora esto escribe es tenidopor nombre Diego de Álvarez, escribiente y secretario desu señor Don Juan Gómez y Lozada, Oidor de la Real Audiencia de los Confines, quien fuera enviado para taloficio y efecto a esta comarca, el Señorío de Cuscatlán.Una tarde en que fueron recibidos mensajeros de tribuslejanas, dando voces sobre los extraños sucesos acaeci-dos en aquellas tierras, aquejadas de grande aflicciónante la llegada de otra tribu de hombres extraños quemostraban gran poderío en el uso de sus armas, al pun-to, que causaban la mayor desolación y desconcierto enmuchos de los territorios servidos a su paso. Grande fuetambién la aflicción que ante dichas noticias sufriese laúnica hija de un Cacique muy principal de esta naciónde indios yaquis, cuando otro día, aún tendida sobre suspetates de pieles, hacía rostro a su designio de haber si-do escogida por los Venerables para ser entregada sobreel altar de sacrificio a la Señora Itzqueye, la de los Vesti-
 
 
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dos de Obsidiana, invocando su protección para los pe-ligros que a futuro se aviniesen. Y era en verdad muy grande el sufrimiento dicho, puesto que, en efecto, lajoven princesa aún guardaba dentro de sí el secreto dellevar en su vientre una incipiente criatura, la cuarta ensu intento de procurarle descendencia a su estirpe, tanpequeña en ese entonces que aún nadie hubiese podidonotarlo.Sucedióse pues, que a la hora señalada, tendida la prin-cesa sobre la piedra sacrificial, viniese la joven mucha-cha a revelar su secreto en el momento mismo de hen-dirse la cuchilla de obsidiana sobre su cuerpo. Pero heaquí, que por un prodigio inimitable, la incipiente cria-tura se contrajera dentro del vientre materno, pasandode largo la hoja de obsidiana, sin ni siquiera rozarle. Se-mejante prodigio se dijo, no pudiera ser otro que unaseñal de los tiempos y rescatada y curada que fuese lajoven princesa con muchísimos y arduos trabajos, pusoluego por nombre a este indio nacido Itznal Nahuí, que
en la lengua de los castellanos significa: “el cuarto, alotro lado de la obsidiana”, por haber sido ansí su cuarto
intento de nacer y ser salvado de la muerte.La Señora de los Vestidos de Obsidiana y El Señor delos Vientos y de la Aurora, llamado Quetzalcoátl, pusie-ron en este pequeño indio mucha caridad y regalo, y fuetomado del cuidado de su madre para ponerlo en brazosde una señora muy venerable, que por aquellos tiempos
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