La foto es en blanco y negro. Muestra a una coplera y a Leda Valladares en algún parajeperdido de los Valles Calchaquíes. La primera está tocando su caja y la otra observa, comosi en ese sostener la mirada estuviese escondido el secreto final de esas coplas, de esasmúsicas que en los cerros no son de nadie. Y a la vez pertenecen a todos.La preciosa imagen se proyecta en el Teatro San Martín de Tucumán, dentro de los actospor el 51º Septiembre Musical de la provincia, un festival que tuvo a Duke Ellington comoinvitado. Esta vez, la excusa es un concierto homenaje a la poeta, cantora, compositora ymusicóloga, a raíz del día del maestro. Pero el acto protocolar termina siendo un repasosentido por su carrera y una muestra de la importancia de la recolección y registro de esoscantos. Además del trabajo con la música folclórica, el legado incluye obras para niños,boleros, baladas y blues, junto a la musicalización de obras de teatro y películas.Hace algún tiempo, en una entrevista, Leda Valladares
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profesora de filosofía y licenciadaen ciencias de la educación de la Universidad Nacional de Tucumán- contó cómo fue la
primera vez que escuchó una baguala y su firme propósito de difundir esos cantos. “Tenía
unos 20 años. Era una noche de carnaval en Cafayate (Salta) cuando descubrí la baguala.Fueron tres mujeres que se detuvieron frente a mi balcón. Yo nunca había oído hablar deesa música y entonces me parecía que tenía que ser algo muy misterioso, muy poderoso.Me prometí recuperar semejante regalo de la tierra. Eran rastros de una canción que teníamuchos siglos y se estaba descolgando, estaba desapareciendo. Salí a buscar entonces los
vestigios de este milagro que hasta ese momento desconocía”.
Lo que vino después es historia conocida por muchos amantes de la música popularargentina y latinoamericana. Leda recorriendo con un grabadorcito desde Ecuador hasta
Santiago del Estero para hacer su “Mapa musical de la Argentina” (Melopea), quizás su
obra más fundamental. Leda encontrándose con María Elena Walsh para formar un dúofolclórico con el que recorrieron el mundo y grabaron varios discos. Leda reuniendo acientos de alumnos con sus maestras para cantar bagualas y vidalas en la zona del diquetucumano El Cadillal. Y Leda formando el grupo F.I.J.O.S (Folklóricos, Intuitivos,Jazzísticos, Originales y Surrealistas), en el que cantaba jazz en inglés y por fonética.Leda se retiró de la actividad en 1999 por una enfermedad. Pero sólo basta escuchar losgrupos que participan en el homenaje para darse cuenta de la vigencia de su obra y de esos
cantos agrestes y sin dueño que vienen de la montaña. “Tanto Leda como Rolando
Valladares son figuras claves en la identidad del folclore argentino. Recién ahoracomenzamos a revalorizarla por su rescate de la cultura vallista del canto con caja y a él por
el gran aporte al cancionero folclórico”, dice Rony López, un músico tucumano que dirigela Orquesta Popular Rolando “Chivo” Valladares en un barrio popular de la ciudad. El
grupo reúne a 80 chicos de entre 7 y 25 años, que tocan esas músicas y participanactivamente del arreglo de las obras.
Rolando “Tuco” Valladares es sobrino de Leda e hijo del “Chivo” Valladares. Con sugrupo sigue rescatando esas obras y tocando en escenarios del norte. “Nadie sabía nada de
la música que ella rescató. Hizo un trabajo antropológico increíble y hoy una gran cantidadde artistas interpretan las canciones que ella sacó del olvido. Tanto Leda como el Chivo son
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