prÓlogodeconstructing udolfo
la ciudad vampiro
podría haber sido escrita ayer. de hecho, mecuesta creer que no haya sido así. cuando el cine y la literatura de terrorhan llegado ya a un grado tal de extenuación que la única manera demantenerlos con vida es la metafísica pop de films como la saga de
scream
, creada por wes graven, esta pequeña novela de paul féval parecehaber sido escrita siguiendo la misma línea de acción: la deconstruccióncómplice del género, básicamente autoparódica pero a la vezperfectamente eficaz en cuanto a su capacidad para evocar lo fantástico,lo terrorífico y lo asustante, estableciendo un juego netamentepostmoderno entre el lector y la obra, en el que la eficacia de tododepende de que el primero esté al tanto de todos los guiños de lasegunda, perfectamente familiarizado con los tópicos y los arquetipos delgénero terrorífico. resumiendo:
la ciudad vampiro
es una lúcida y deliranteparodia de la novela gótica, irresistiblemente divertida, que hará lasdelicias de los lectores familiarizados con el universo de la literaturaclásica de terror.pero, sobre todo y más que eso,
la ciudad vampiro
es un ejemplo deesa indomable modernidad que hace su aparición galopante sin que nadiepueda explicarse el cómo o el por qué. hay modas, hay moderneces, haymodernismos y hay, también, una peculiar sensibilidad netamentemoderna, que existía antes incluso del discurso de la modernidad, y quepermanece desafiante fuera del tiempo, como riéndose de quienes, desdela invención de las vanguardias, juegan a las moderneces sin llegar nuncaa ser modernos. modernos son, por ejemplo, los dibujos de aubreybeardsley, mientras los lienzos más revolucionarios de un tapies o ungordillo, por ejemplo, envejecen a velocidad de vértigo. moderno es elpoema medieval
sir gawain y el caballero verde
, mientras las novelas deelfos, dragones y mazmorras de los últimos años se convierten en viejosamasijos de papel sin interés alguno. modernos son lewis carroll y suslibros de
alicia
, mientras
manolito gafotas
huele ya a coyuntura delmomento (¡y qué momento!) por los cuatro costados. y terriblementemoderna es
la ciudad vampiro
de paul féval, a pesar de haber sidopublicada hacia 1873.sólo si percibimos la modernidad como un fenómeno sensiblepeculiar, capaz de aparecer como si de una nave espacial se tratara,atravesando agujeros de gusano en cualquier tiempo o lugar, sinimportarle nada, podremos cerrar por un instante nuestra boca, abiertadesde casi la primera página de la novela, y aceptar que
la ciudadvampiro
fue escrita en la segunda mitad del siglo xix y no es, por tanto, nila obra de un escritor de
steampunk
de los años 90, como james p.blaylock o tim powers, ni la de un gamberro experimentador de la épocade la
nueva cosa
, como harían ellison, thomas m. disch, philip k. dick omichael moorcock... ni, por otro lado, una de esas locuras tancaracterísticas de las primeras y auténticas vanguardias, uno de esosextravagantes y siempre frescos experimentos literarios de alfred jarry,apollinaire o, ¿por qué no?, ramón gómez de la serna. no.
la ciudad
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