les quiere transmitir. Recordamos que nosotros nos escondíamos a leer, porque enrealidad nos habían mandado a hacer tal o cual tarea, pero el libro nos era másinteresante, como no había electricidad, muchas veces éramos llamados a apagar lalamparita a querosén, que dejásemos de leer porque ya era muy, muy tarde.En casa existía la distribución de tareas, (dar de comer a los animales, la huerta, picar leña, etc.) en la cual todos debíamos ayudar. No siempre estábamos conformes con estadistribución, la pelea era por quién hacía los mandados, no nos gustaba mucho, preferíamos ir a recorrer el campo, fundamentalmente pescar o cazar perdices. Nuestros padres pregonaron la cultura del trabajo, el valor del esfuerzo, la satisfacciónde la tarea cumplida. Los varones aprendieron a manejar el tractor, vendían verduras enel pueblo y huevos, repartían revistas, eran ayudantes de albañiles. Las mujerescolaboraban con las labores de la casa, la ropa, la comida, la limpieza.En esa época también se tejía a máquina, la cual tenía tarjetas con diseños, nuestrahermana mayor; Silvia, aprendió esta técnica y vendía prendas tejidas las cuales eranmuy buscadas en el pueblo.Una noche muy, muy especial era cuando había cine en el pueblo y papá tenía dinero para pagar tantas entradas. Las películas terminaban, el proyector eventualmente debíaapagarse, pero los debates sobre el argumento, los actores, los lugares, se extendían por semanas. Nos fascinaba el cine, aún hoy nos fascina, pero cuando vamos a uno de esoscines modernos con decenas de salas donde exhiben películas, donde el lujo salta por cada rincón, siempre, siempre recordamos esas noches. No cambiaríamos nuestro ClubDeportivo Arroyo Barú por ninguna de estas exclusivas salas de la actualidad. Otrasnoches de gran expectativa eran las noches de bailes: íbamos todos y disfrutábamos delo lindo.La hora de dormir tenía sus picardía, a la siesta, esperábamos que nuestros padresdurmieran, para escaparnos por la ventana e irnos a recorrer los árboles, tal o cual nido,alguna laguna donde habíamos visto saltar el pez más grande que se podía imaginar. Ala noche, la aventura continuaba, porque el sueño no venía, porque era necesariocomentar lo vivido durante el día, siempre la risa era constante. Tanto, que solíamosdespertar a los más pequeños. En esas ocasiones, papá amenazaba que se iba levantar,que
la terminen
. Hoy, que no resulta tan fácil reír a toda hora, es lindo recordar esaépoca en la cual la única melodía era la risa, ¿Nos pusimos serios al madurar?
Entre el pueblo y el campo
El no vivir en el pueblo mismo, pero sí muycerquita a él hizo de nuestra niñez la diferencia conlos demás niños, en los quehaceres y en los juegos,en la cantidad de animales que teníamos, en lasresponsabilidades que los mismos exigían, sucrianza, su cuidado, como así también de la huerta o
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