• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
 
 Nuestra vida en familia
Durante nuestros primeros años de vida descubrimos que la felicidad está en las cosasmás simples, por eso quizás a pesar de no tenerlotodo, éramos felices. Por ejemplo, en inviernodisfrutábamos junto al fuego de la cocina a leña delsimple acto de conversar, hermoso acto cuando secomparte plenamenteEn verano, nos quedábamos en el patio o en elcorredor, mirando las estrellas. Papá siempre teníaalgo para enseñarnos de las constelaciones, de allí esque no hay un Abatilli que no ame las estrellas, quesiempre las busque por más triste que se encuentre, porque es una manera de hablar connuestro viejo.Cada cena o almuerzo era esperado por nosotros, esencialmente en días lluviosos queno podíamos salir a pescar o andar de travesuras por el campo. Recordemos que enaquella época no había luz eléctrica ni televisión y muchas veces la radio no funcionaba.Mi padre era quien oficiaba del mejor entretenimiento con sus anécdotas, cuentos,leyendas, reflexiones y enseñanzas.Son otros tiempos ¡Bienvenidos sean éstos! Tiempos de internet, televisión, celularesy demás medios de comunicación. No podemos imaginar qué hubiera hecho nuestro padre si hubiera tenido ante sí la posibilidad de tener la biblioteca del mundo a ladistancia de un
enter 
. Hoy podemos leer casi cualquier libro que deseemos leer, todoesto por la gran posibilidad de la democratización del saber que ha originado unaherramienta tan valiosa como es internet. Lamentablemente, y pese a tener todo alalcance de sus manos, los niños y los jóvenes no leen, en las escuelas los docentesdeben obligarlos a leer, muchas veces los alumnos lo ven como un castigo, como unatarea muy pesada abrir un libro y prestarle atención por un instante a lo que el escritor 
1
 
les quiere transmitir. Recordamos que nosotros nos escondíamos a leer, porque enrealidad nos habían mandado a hacer tal o cual tarea, pero el libro nos era másinteresante, como no había electricidad, muchas veces éramos llamados a apagar lalamparita a querosén, que dejásemos de leer porque ya era muy, muy tarde.En casa existía la distribución de tareas, (dar de comer a los animales, la huerta, picar leña, etc.) en la cual todos debíamos ayudar. No siempre estábamos conformes con estadistribución, la pelea era por quién hacía los mandados, no nos gustaba mucho, preferíamos ir a recorrer el campo, fundamentalmente pescar o cazar perdices. Nuestros padres pregonaron la cultura del trabajo, el valor del esfuerzo, la satisfacciónde la tarea cumplida. Los varones aprendieron a manejar el tractor, vendían verduras enel pueblo y huevos, repartían revistas, eran ayudantes de albañiles. Las mujerescolaboraban con las labores de la casa, la ropa, la comida, la limpieza.En esa época también se tejía a máquina, la cual tenía tarjetas con diseños, nuestrahermana mayor; Silvia, aprendió esta técnica y vendía prendas tejidas las cuales eranmuy buscadas en el pueblo.Una noche muy, muy especial era cuando había cine en el pueblo y papá tenía dinero para pagar tantas entradas. Las películas terminaban, el proyector eventualmente debíaapagarse, pero los debates sobre el argumento, los actores, los lugares, se extendían por semanas. Nos fascinaba el cine, aún hoy nos fascina, pero cuando vamos a uno de esoscines modernos con decenas de salas donde exhiben películas, donde el lujo salta por cada rincón, siempre, siempre recordamos esas noches. No cambiaríamos nuestro ClubDeportivo Arroyo Barú por ninguna de estas exclusivas salas de la actualidad. Otrasnoches de gran expectativa eran las noches de bailes: íbamos todos y disfrutábamos delo lindo.La hora de dormir tenía sus picardía, a la siesta, esperábamos que nuestros padresdurmieran, para escaparnos por la ventana e irnos a recorrer los árboles, tal o cual nido,alguna laguna donde habíamos visto saltar el pez más grande que se podía imaginar. Ala noche, la aventura continuaba, porque el sueño no venía, porque era necesariocomentar lo vivido durante el día, siempre la risa era constante. Tanto, que solíamosdespertar a los más pequeños. En esas ocasiones, papá amenazaba que se iba levantar,que
la terminen
. Hoy, que no resulta tan fácil reír a toda hora, es lindo recordar esaépoca en la cual la única melodía era la risa, ¿Nos pusimos serios al madurar?
Entre el pueblo y el campo
El no vivir en el pueblo mismo, pero sí muycerquita a él hizo de nuestra niñez la diferencia conlos demás niños, en los quehaceres y en los juegos,en la cantidad de animales que teníamos, en lasresponsabilidades que los mismos exigían, sucrianza, su cuidado, como así también de la huerta o
2
 
de las cosechas, la de trigo, la de lino, la de arroz, en todas andábamos, siempre vestidosde fiesta por dentro, aunque por fuera parecíamos unos traviesos descalzos.Que hay que llevarle la merienda a los que nos ayudaban en la trilla, que a buscar losanimales para encerrar los terneros, darles de comer a los chanchos y a las gallinas, juntar los huevos, hacer que la gallina con los pollitos entre al galpón para que lascomadrejas no se los coman. Que a buscar leña para tener a la mañana tempranísimo,como a las cinco, cuando mamá madrugaba a ordeñar, para calentarnos la leche antes deir a la escuela, tantas cosas por hacer, tantas ganas de jugar…
Vacaciones
Las vacaciones de verano eran muy esperadas, porquesignificaban la visita de nuestros abuelos y osmaternos, que vivían en Buenos Aires. No veíamos lahora de que llegasen nuestros primos, pero a la quemás esperábamos con ansias era a la abuela Hortelia.Su llegada era una fiesta: todos gritábamos ycorríamos a su alrededor, y ella jugaba con nosotros como una niña más. A veces, unode nosotros era el elegido para acompañarla en su viaje de regreso a Buenos Aires. ¡Quécontento estaba el elegido!Los demás nos quedábamos un poco tristes, pero la abuela prometía que iba a mandar con él muchos caramelos rellenos y bombones. ¡Cómo esperábamos el regreso denuestro hermano o hermana! No por los caramelos, sino por lo que tenía para contarnosacerca de lo vivido
“allá”
. Revivíamos su viaje gracias a su relato, y probablemente loque más nos gustaba de todo el viaje, era esa posibilidad de compartir al regreso entretodos lo nunca vivido hasta ese instante. Y era el momento en que cada uno podía hacer su acotación e imaginar qué hubiera hecho o sentido ante cada anécdota o experiencia.
3
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...