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Arthur C. Clarke - Canticos de La Lejana Tierra

Arthur C. Clarke - Canticos de La Lejana Tierra

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Cánticos de la lejana tierraCánticos de la lejana tierra
Arthur C. Clarke
Título original:
THE SONGS OF DISTANT EARTH 
 
Cánticos dela lejana tierra Arthur C. Clarke Para Tamara y Cherene,Valerie y Hector,con amor y lealtad  No existe en ningún otro lugar del espacio ni en otros mundos hombres con quienes compartir nuestra soledad. Puede que exista el saber, puede que exista el poder; puede que en algún lugar del espacio unos magníficos instrumentos contemplen vanamente nuestra nube flotante y susocupantes estén ansiosos como lo estamos nosotros. No obstante, en la naturaleza de la vida y enlos principios de la evolución hemos tenido nuestra respuesta. De los hombres de otra proce-dencia, no habrá jamás ninguna.
LOREN EISELEYEl inmenso viaje (1957)He escrito un libro perverso, y me siento tan inmaculado como un cordero.
Melville a Hawthorne (1851)
Página 2 de 125
 
Cánticos dela lejana tierra Arthur C. Clarke
 NOTA DEL AUTOR Esta novela está basada en una idea desarrollada hace casi treinta años en un relato corto que lleva el mismo título (ahora recogido en mi colección El otro lado del cielo. Sin embargo esta nueva versión haestado directa, y negativamente, inspirada por la reciente invasión de series espaciales en televisión y en el cine. (Pregunta: ¿Qué es lo contrario de inspiración: expiración?) No me interpreten mal: he disfrutado mucho con La Guerra de la galaxias y las producciones de Lucas ySpielberg, para citar sólo los más famosos ejemplos de este género. Pero estas creaciones son pura fantasía,no ciencia ficción en el sentido estricto del término. Actualmente parece casi seguro que la velocidad de laluz no puede ser superada en el universo real. Incluso la más cercana de las galaxias estará siempre adécadas o siglos de distancia; ningún Warp Seis les llevará de un episodio a otro en el período de una semana. El gran Productor en el Cielo no planeó su programa de este modo. En la última década ha habido, además, un notable, y bastante sorprendente, cambio en la actitud de loscientíficos sobre el problema de la inteligencia extraterrestre. Este tema no adquirió credibilidad (exceptoentre personajes dudosos, como los escritores de ciencia ficción) hasta los años sesenta: la publicación de La vida inteligente en el universo (1966), de Shklovskii y Sagan, marcó el hito.Sin embargo, se ha producido un retroceso. El fracaso en el intento de encontrar indicios de vida en el  sistema Solar, o de registrar señales interestelares que nuestras potentes antenas podrían captar fácilmente,ha llevado a algunos científicos a sostener que “quizás estamos solos en el Universo...” Frank Tipler, el másconocido exponente de esta teoría, ha ultrajado deliberadamente a los seguidores de Sagan dando a uno de sus artículos el provocativo título de “No existe vida inteligente extraterrestre”. Carl Sagan y otros es-tudiosos sostienen (y yo con ellos) que es demasiado pronto para llegar a conclusiones tan tajantes.Mientras tanto, esta controversia hace furor; como bien se ha dicho, cualquiera de las dos respuestas será aterradora. La cuestión sólo puede ser zanjada por la evidencia, y no por la lógica, aunque sea plausible. Me gustaría que se dejara reposar esta polémica durante una o dos décadas, mientras losradioastrónomos rastrean, cual mineros en busca de oro, a través de los torrentes de ruidos procedentes del espacio. Esta novela es, entre otras cosas, mi intento de crear una ficción interestelar completamente real, del mismo modo que en Preludio al espacio (1951) utilicé tecnología existente, o con rasgos de veracidad, paradescribir el primer viaje del hombre más allá de los confines de la Tierra. No hay nada en este libro que desafíe o niegue los principios conocidos, la única extrapolación científicaes la propulsión cuántica, e incluso procede de una teoría bastante respetable. (Véase los agradecimientos.)Si eso resultara ser castillos en el aire, hay varias alternativas posibles, y si nosotros, hombres del siglo XX, podemos imaginarlas, la ciencia del futuro descubrirá, sin duda, algo mucho mejor.
ARTHUR C. CLARKEColombo, Sri Lanka,3 de julio de 1985Página 3 de 125

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