Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Look up keyword
Like this
4Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Por Sergio Tellez-Pon - 2DO. LUGAR PROFESIONAL DEL ARTE

Por Sergio Tellez-Pon - 2DO. LUGAR PROFESIONAL DEL ARTE

Ratings: (0)|Views: 1,046|Likes:
Published by Ximena Calvo

More info:

Published by: Ximena Calvo on Nov 07, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

07/09/2013

pdf

text

original

 
Olivier Debroise, el narrador
 por Sergio Téllez-PonOlivier Debroise (Jerusalén, Israel, 25 de junio de 1952– Ciudad de México, 6 de mayo de 2008)fue para muchos el agudo crítico de arte, el perspicaz curador, el minucioso investigador. Sinembargo, por las veces que conversamos más como amigos que como colegas, me quedé con laimpresión de que él siempre se quiso ver como narrador. Cuando llegó a México en 1970, cuentaAntonio Saborit (en
 Nexos
, junio de 2008), quería dedicarse al teatro, así que como estudiante delliceo Franco-Mexicano estrenó su obra
 El metrónomo
, que tal vez se encuentre en su archivo. Encambio, a mí me confesó que quería ser narrador, escribir novelas, como lo hacían sus amigosLuis Zapata y José Joaquín Blanco. Entonces, publicó
 Diego de Montparnasse
(FCE, 1979), unejercicio más narrativo que histórico sobre la etapa parisina de Diego Rivera de la cual se sabíamuy poco en ese momento. Para armarlo, para poder escribirlo, Olivier investigó, entrevistó adistintas personas, se metió a archivos y bibliotecas. Pero ya se sabe que uno se propone ser unacosa y la experiencia se encarga de hacernos desarrollar otros talentos.Su desvirtuación se dio, según me contó, cuando colaboraba en el suplemento cultural de
Siempre!
, “La cultura en México”, que dirigía Carlos Monsiváis. Monsiváis quería que Olivier escribiera sobre arte (pintura y fotografía, principalmente), así que lo mandaba a las exposiciones para hacer la respectiva nota, a eso había que sumarle, me dijo, las clases de semiótica quetomaba en el Colmex; de allí salió su primer libro de crítica de artes plásticas,
 Figuras en el trópico. Plástica mexicana, 1920-1940
(Océano, 1982). Sin embargo, persistió en su empeñó y publicó su primera novela:
 En todas partes, ninguna
(Océano, 1986), ambientada en Yucatándurante la guerra de rebelión de los mayas. Pocos años después publicó su segunda novela,
 Lo peor sucede al atardecer 
(Cal y Arena, 1990), una novela policíaca que sucede en Acapulco.En 2003, tal vez en el verano u otoño, Olivier me dio a leer el manuscrito de la novelaque escribía: — 
Traidor, ¿y tú?
 
Memorias de Stefan Leonard Dabrowski
. Olivier tenía muchasdudas sobre ella, le había tomado tanto tiempo investigar y escribirla que habían surgido más
 
incertidumbres que certezas, más preguntas que respuestas, entre ellas, la del título: en principiola había bautizado como
 El arsenal 
, pero tampoco estaba muy convencido del nuevo (yo le sugeríque lo cambiara), al final así se quedó, no sé si porque no le dio tiempo de cambiarlo o porque noquiso. La leí de un tirón, le hice unas cuantas correcciones ortográficas y cuando se la regresé lecelebré el muy afortunado entrecruzamiento que hacía entre historia y experiencia vital. Además,ese fue el detonante para decirle que estaba escribiendo un ensayo sobre narradores gays entre loscuales quería incluirlo. (Así que de alguna manera este ensayo intenta subsanar esa deuda.) Notéque la idea le entusiasmó porque por fin alguien reparaba en él como narrador —como en elfondo, insisto, él quería ser visto—. A los pocos días me llamó para decirme que habíaconseguido en la librería Madero un ejemplar de
 En todas partes, ninguna
; cuando me lo entregósolo me pidió que se lo regresara cuando terminara de ocuparlo porque ni siquiera él tenía unejemplar, algo que me pareció muy raro viniendo de alguien que lo conservaba todo.Por mi parte conseguí
Crónica de las destrucciones
(Era, 1998), su tercera novela, con laque ganó el premio Colima para narrativa publicada del INBA ese año. Esa novela nos dio la pauta para profundizar nuestras conversaciones sobre su quehacer narrativo: me contó, por ejemplo, que volvió a los archivos, a la investigación —aunque nunca se había alejado del todo —, sobre todo sumergirse en el náhuatl, una lengua por completo ajena a su lengua materna(aunque ya desde la primera novela hay algunos términos en maya). Finalmente, y creo que estolo sabía muy bien Olivier, el lenguaje es la materia con la que más debe trabajar el escritor. Élcreía que el escepticismo de los críticos —y por tanto de los lectores— provenía de que era unfrancés que se atrevía a escribir en español. Al final me confesó que, no obstante el premio, la nomuy buena acogida crítica que tuvo la novela lo había desanimado. Sin embargo, hay que decir que Olivier tenía muy buen dominio del español, no sólo porque lo hablaba con mucha fluidezsino porque desde sus primeros escritos es evidente que se había empeñado en escribirlo bien.Ahora bien, para cruzar historia y biografía, vida y acontecimientos, con tanta precisiónnecesitaba de un “sólido andamiaje histórico”, como lo llama Enrique Serrano en su introduccióna
 —Traidor, ¿y tú?
¿Son novelas históricas, entonces? No, porque como lo señaló José Joaquín
 
Blanco al comentar 
 En todas partes, ninguna
, “su reconstrucción del pasado carece de rigidezescenográfica y de mitologías conmemorativas”. Más bien la historia es el pretexto para insertar en ella una de las tantas historias personales que pudieron hacer sucedido entorno. Sus novelas nodeben considerarse consecuencia de sus investigaciones en artes plásticas sino a la inversa: noinvestigó para ellas sino justamente para su narrativa. Las investigaciones no se las impone uno,siempre nacen de un profundo e inexplicable gusto personal.Entonces volvió a arriesgar y emprendió la escritura de — 
Traidor, ¿y tú?
(INBA, 2011)con esos materiales muy personales (cartas, tarjetas postales, fotografías) que había ido juntandoa lo largo de muchísimas investigaciones, para ello solicitó la beca del Sistema Nacional deCreadores que le dieron. Un poco como en
 Diego de Montparnasse
, y luego en
 En todas partes,ninguna
y
Crónica de las destrucciones
, en — 
Traidor, ¿y tú?
la investigación documentalocupaba un lugar preponderante: las entrevistas que realizó, las hizo para tener material para susnovelas, después les dio otra utilidad, un uso más narrativo y menos ensayístico. Con esa, sucuarta novela, esperaba demostrar que era narrador antes que cualquier otra cosa, que loconsideraran como tal. Era su gran apuesta, para empezar porque una vez más tenía que escribir en una lengua que no era su lengua materna y con otras que había aprendido a lo largo de su vida(tuvo una nana polaca, sabía algo de alemán, de yiddish y, claro, de francés). Por si todo loanterior fuera poco, arriesgó, apostó cuando ensayar y narrar no estaba tan de moda como ahora,en ese sentido se le puede considerar un pionero, un precursor, que a mi juicio lo pone a la alturade otros narradores gays como David Leavitt o Pedro Lemebel.Dije al principio que Olivier quería escribir narrativa como sus amigos de generación LuisZapata y José Joaquín Blanco. En 1979, el año en que Olivier publicó
 Diego de Montparnasse
,Zapata publicó
 El vampiro de la colonia Roma
(que está dedicada a Olivier), y Blanco
 La vida eslarga y además no importa
. Mientras él recreaba un episodio artístico dentro de la
 Belle époque
,ellos describían sus aventuras sexuales en una ciudad cada vez más permisiva para la diversidadsexual. Esperó, paciente, hasta que apareciera
 En todas partes, ninguna
para escribir sobrealgunos tópicos de la narrativa gay (el dandismos del protagonista, Pedro Ángel Villa Terrazas,

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->