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DEDICATORIA....................................................................................................................................................3 PREFACIO AL LECTOR.........................................................................................................................................7 SINOPSIS DE LAS SEIS SIGUIENTES MEDITACIONES............................................................................................9 PRIMERA DE LAS MEDITACIONES SOBRE LA METAFÍSICA, EN LAS QUE SE DEMUESTRA LA EXISTENCIA DE DIOS
MEDITACIÓN TERCERA:D E DIOS, QUE EXISTE.................................................................................................22 MEDITACIÓN CUARTA: SOBRE LO VERDADERO Y LO FALSO............................................................................32 MEDITACIÓN QUINTA: SOBRE LA ESENCIA DE LAS COSAS MATERIALES. Y NUEVAMENTE SOBRE DIOS Y QUE
Es tan justo el motivo que me mueve a ofreceros esta obra, y tan justo — estoy seguro— el que tendréis vosotros para asumir su protección una vez hayáis sabido el propósito de mi empresa, que nada mejor para recomendárosla aquí que exponeros brevemente lo que he perseguido en ella.
Siempre he entendido que los problemas de Dios y del alma son los dos principales de entre los que hay que estudiar con los recursos de la filosofa más bien que de la teología; pues aunque a nosotros, fieles, nos baste creer por fe que el alma del hombre no perece con el cuerpo y que Dios existe, a los infieles, desde luego, no parece que se les pueda convencer de ninguna religión ni aun siquiera de ninguna virtud moral, si antes no se les demuestran esas dos cosas por razón natu- ral; y como con frecuencia en esta vida se ofrecen mayores premios a los vicios que a las virtudes, pocos preferirían lo recto a lo útil si no temieran a Dios ni esperaran otra vida. Y aunque es absolutamente cierto que hay que creer en la existencia de Dios porque así se enseña en las Sagradas Escrituras, y, recíprocamente, que hay que creer en las Sagradas Escrituras porque proceden de Dios, y ello por la razón de que, siendo la fe un don de Dios, el mismo que da la gracia para creer lo demás puede darla también para que creamos que él existe, no se podría, no obstante, presentárselo así a los infieles, que lo juzgarían un círculo vicioso. He observado, por otra parte, que no sólo todos vosotros y otros teólogos afirmáis que la existen- cia de Dios se puede probar por la razón natural, sino que también de la Sagrada Escritura se deduce que su conocimiento es más fácil que muchos de los que se poseen acerca de las cosas creadas, e incluso que es tan fácil que son culpables los que no lo poseen. Así se ve, en efecto, en estas palabras deSabid. 13: «Y no se les debe perdonar; pues, si tanto han podido saber que pudieron evaluar el siglo, ¿cómo no encontraron con mayor facilidad al Señor de él?» Y enRom. 1 se dice que los tales son «imperdonables». Y también en el mismo lugar, con estas palabras: «Lo que se conoce de Dios está manifiesto en ellas», parece que se nos advierte de que todo lo que se puede saber acerca de Dios se puede mostrar con razones que no hay que sacar de otro sitio más que de nuestra propia inteligencia. Por ello he estimado que no era inadecuado para mí investigar de qué manera tiene eso lugar
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