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Rostros y Rastros: La realidad mas alla del periodismo

Rostros y Rastros: La realidad mas alla del periodismo

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Published by Maria Luna
Rostros y Rastros: La realidad mas alla del periodismo en Revista Cuadernos de la Cinemateca No. 4 (pg. 23-46). Bogota, Colombia (2003)
Rostros y Rastros: La realidad mas alla del periodismo en Revista Cuadernos de la Cinemateca No. 4 (pg. 23-46). Bogota, Colombia (2003)

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02/21/2014

 
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ROSTROSDE NUESTRAMEMORIA
A finales del año 2001, se diseñó una nueva etapa de losCuadernos de Cine Colombiano y, en general, de todas laspublicaciones de la Cinemateca Distrital con un propósitofundamental: convertirlas en referencia obligada para laspresentes y futuras investigaciones sobre cine nacional.En un comienzo, los nuevos
Cuadernos 
buscaron dar unamirada panorámica a los años del audiovisual nacional enlos que no se publicaron (1986-2001) y sentar las basespara abordar en el futuro, por lo menos, tres ángulos delaudiovisual nacional: el documental, el argumental y elpatrimonial (aunque en sentido estricto todos los enfoquesenunciados tienen valor patrimonial). Durante 2003, se hanpublicado tres cuadernos que no respetan de manerarigurosa el orden inicialmente planteado, pero que cumplencon nuestros objetivos:
Balance argumental 
(No. 1),
Acevedo e hijos 
(No. 2), y
Víctor Gaviria 
(No. 3). Ahora presentamos
Rostros y rastros 
, el cuarto número, compuesto de dosensayos y una extensa filmografía dedicados a esteexperimento valluno que unió a estudiantes y profesores,un canal regional de televisión, y una universidad estatal,para crear un conjunto de rostros de nuestra memoria y unaescuela de documental en Colombia.
La pasión que existe en el Valle del Cauca porlas imágenes en movimiento no es cosa nue-va. De hecho, el primer éxito de taquilla delcine nacional no fue una cinta de Hollywood,sino una obra rodada en esta región:
María
(Máximo Calvo Olmedo y Alfredo del Diestro,1922), realizada por la empresa caleña Co-lombia Film Company. También en Cali nacie-ron, en los años veinte y cuarenta, las empre-sas Cali Films, productora del censuradoargumental
Garras de oro
(P. P. Jambrina,1928) y Calvo Films Company, productora de
Flores del Valle
(Máximo Calvo, 1941). Paraquienes nos apasionan las imágenes naciona-les, no es cuento nuevo el hecho de cómo unagran empresa exhibidora de Colombia, en alian-za con las
majors 
de los Estados Unidos, fueacabando con las posibilidades de expresióndel cine nacional y sistemáticamente se en-cargó de aprovechar las debilidades de lasproductoras colombianas para hundir sus na-cientes proyectos.
1
Después de los cuarentase hizo la sombra sobre el cine valluno.
1
Para mayor información sobre esteepisodio oscuro del cine nacional, ver:“La llegada de una sola voz” y“El nacimiento de un monopolio”,en
Cuadernos de Cine Colombiano 
,
Nº 2 
,
Acevedo e hijos 
, Bogotá, 2003,pp. 18-21 y Hernando Salcedo Silva,
Crónicas del cine colombiano: 1897- 1950 
, Bogotá, Carlos ValenciaEditores, 1981.
 
2Entre la oscuridad de las propias pantallas y el brillante despliegue delcine mundial, el amor por el cine reencarnó en los años setenta encinefilia y en una explosión de críticos y creadores a quienes, en Co-lombia, llamamos la gente de
Caliwood 
. En estos años surgen lasprimeras imágenes de una Cali que se perfila entre el realismo inicialde Carlos Mayolo y la erudición cinematográfica de Luis Ospina yentre el universo gótico de Andrés Caicedo y el trópico y la salsaque todos respiraban.
2
En esta época nacen también pequeñas com-pañías como IPCO Films, productora de
Tacones
(Pascual Guerre-ro, 1981), aunque, como en el resto de Colombia, fue Focine pro-tagonista en la producción de este periodo. Las contradiccionespropias de esta empresa estatal de fomento al cine y su poste-rior desaparición en 1993 oscurecieron de nuevo las esperan-zas de los creadores audiovisuales del Valle del Cauca. Sin unaindustria desarrollada y con un inconsistente apoyo estatal,nada parecería augurar la sobrevivencia de las imágenes enmovimiento, pero en los años ochenta Cali pasó por una con-junción de hechos que a la larga se mostraron provechosos:una feliz transformación tecnológica; el compromiso de laUniversidad del Valle; la fundación de Telepacífico; la emi-gración de algunos caleños a la televisión bogotana; la to-zudez de gente como Luis Ospina,
3
y la apropiación de losnuevos medios que lograron, entre otros, Juan FernandoFranco, Guillermo Bejarano, Rafael Quintero, César
   F  o   t  o   d  e   S  e  r   g   i  o   R   u  e   d  a
2
En esta presentación no quiero dejar de mencionar ni agradecera otro representante del viejo Caliwood: Ramiro Arbeláez, uncreador que mutó su amor por la propia obra en la pasión deenseñar a otros y seguir los rastros de la historia audiovisualcolombiana. A la sabiduría de Ramiro, profesor de la Universidaddel Valle, también se debe la existencia de este cuarto cuaderno.
3
Ospina ha retratado sus contradictorias relaciones con el videoen un excelente texto titulado “Vini, video, vici. El video comoresurrección”,
 
en revista
El Malpensante 
, No. 48, Bogotá, agosto-septiembre de 2003, pp. 24-50.
 
3Salazar (sonidista), Luis Hernández (fotógrafo), Antonio Dorado, ÓscarBernal (fotógrafo) y Óscar Campo. Todos estos sucesos revelaron aCaliwood y a sus hijos una cajita de salvación para sus obsesiones: elvideo.Con una herencia como ésta no es raro que apareciera
Rostros yrastros
(1988-2001), a pesar de lo cual no deja de sorprender laversatilidad y permanencia de las propuestas de este proyecto: laexperimentación del género; el mutuo respeto entre veteranos yestudiantes, y el constante redescubrimiento de Colombia. La mejorprueba del acierto de este proyecto es que hoy persiste comouna referencia para los documentalistas colombianos y continúahabitando la televisión nacional y las salas de circuito alternati-vo. Este cuaderno celebra su vigencia. Lo que estos rostrosatestiguan y lo que se ha demostrado en medio de tantas y tanbrillantes transformaciones del audiovisual valluno, es que lanecesidad de narrar con imágenes fluye en Cali como unafuente poderosa y creativa. Mientras que para muchos co-lombianos el centro de producción audiovisual nacional pa-rece existir sólo en Bogotá, este conjunto de obras demues-tran que la Colombia audiovisual no se asienta únicamenteen el altiplano y que, incluso sin grandes recursos, cuentacon lo verdaderamente imprescindible: talento, oficio yconstancia.
Julián David Correa Restrepo
               F          o             t          o               d          e               S          e           r          g                   i          o                R           u          e              d          a

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