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14
Por
encima
de las
nubes
67
15 Más
allá
del
horizonte
7216
Oxígeno para
el
corazón
79
17
Emilio
Santoro
82
18E1
camino invisible
87
"No hay hombre más desdichado que
elque
nunca probó
la
adversidad".
Demetrio.
E
stamos
en la
bellísima
bahía
de
Sydney, Australia.
Contemplamos
casi
con
arrobamiento estas aguas
tan
azules
bajo
la
benévola mirada
del
sol.
Las
olas
del
inmenso Océano
Pacífico
llegan
a
este remanso parabordar
su
festoneada orilla, besarla
y
regresar, acaso parareunirse nuevamente
con el mar
proceloso
y
bravo
o
volver,
suaves
y
silenciosas,
en
busca
de un
nuevo encuentro
de
amor
con
estas playas.
Aquí o
miles
de
kilómetros
más
allá,
en la
otra orilla,
en la
costa
del
oeste sudamericano, ocurre
lo
mismo: playastranquilas
a las que las
aguas llegan suavemente
o
moles
ro'
cosas
que
emergen
abruptamente, sorprenden el ritmo de las
olas
y
estallan
con
ruidoso estrépito antes
de
caer,
como
he'
ridas
de
muerte,
al mar que las vio
nacer.
Las
aguas danzan
su propia danza al
conjuro
de los
vien'
tos,
las
rocas
o la
arena. Acompañan
sus
movimientos
con
suave
música
arrulladora si se
encuentran
con la
playa
acó'
gedora
o con un
fortísimo
en sol
mayor
—algo
así
como
un
desgarrador grito
de
angustia hecho
de
blanca
espuma—
si
chocan contra
las
rocas.
En
esta
bahía
hoy es un día
soleado
y
tranquilo, especial
para
mirar
y
admirar.
Es
también oportuno para trasladar
ala
vida
el
mensaje
de las
olas; porque
las
aguas,
sus
danzas
y
vaivenes,
se
asemejan
a la
vida:
a los
tranquilos
días
de pazque
disfrutamos desde
el
alma hacia fuera;
y
también
a los
tormentosos,
cuando
la
existencia, cual
si
fuera
una
cascara