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Sylvain Hermann Cohen[1]

Sylvain Hermann Cohen[1]

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1
Charles Sylvain
Hermann Cohen,apóstol de la Eucaristía
Fundación GRATIS DATE
Pamplona 2005, 2ª edición
 
2
Charles Sylvain – Hermann Cohen, apóstol de la Eucaristía
Introducción
La inesperada conversión y profesión religiosa del fa-moso «pianista Hermann» causó en la Europa de media-dos del siglo XIX un notable revuelo, que dio lugar, to-davía en vida del propio Hermann, a algunas publicacio-nes sobre el tema.Unos años después de su muerte, apareció la que hasido, prácticamente hasta nuestros días, la biografía másextensa y completa del fundador de la Adoración Noc-turna, la obra del canónigo
Charles Sylvain
,
Vie du R.P. Hermann, en religion Augustin-Marie du Très-Saint-Sacrement 
(Oudin, Poitiers 1881, 354 págs.), de la quese hicieron numerosas reediciones hasta 1925.Esta obra, terminada en 1880, fue escrita partiendo defuentes seguras y numerosas: el
 Diario
redactado porHermann desde el día de su bautizo; la carta que al díasiguiente de su bautismo dirige al padre Alfonso MaríaRatisbonne; el relato de su vida mundana, escrito porobediencia; sus manuscritos de discursos y sermones;varios centenares de cartas; así como los testimonios defamiliares suyos y de varios de sus hermanos en reli-gión.Ya a principios de nuestro siglo se publicó en españolun resumen de este libro, aunque sin dar el nombre de suautor:
Vida del R.P. Hermann
(Monte Carmelo, Burgos1905, 139 págs.). Y algunos años más tarde vio la luzuna traducción completa de la quinta edición francesa,realizada por el padre Jaime de la V. de Misericordia, C.D.:
El apóstol de la Eucaristía. Vida del P. Agustín Ma-ría del Santísimo Sacramento, C. D.
(Editorial LitúrgicaEspañola, Barcelona 1935, 454 págs.). Pronto se dio a laimprenta una segunda edición (Centro de Propaganda deSanta Teresa del Niño Jesús, Barcelona 1944, 434 págs.).Más reciente es la biografía escrita por
Dom JeanMarie Beaurin
,
Flèche de feu; le Père Augustin-Mariedu Très Saint Sacrement, Hermann Cohen (1821-1871)
(Éditions France-Empire, París 1981 y Éditions duParvis, Hauteville, Suiza, 1988, 397 págs.)
.
En esta obrase emplean documentos que Sylvain no conoció. DomBeaurin, benedictino de Fontgombault, en Francia, esnieto de Georges Raunheim, un sobrino del padreHermann.Ya en el prefacio de su obra, Dom Beaurin destaca lasantidad del padre Hermann, acerca del cual el padrecarmelita Marie-Amand, Vice-Postulador de las Causasdel Carmelo, en 1936, le confesaba:
«Todos los Carmelos que han conocido al padre Hermann, supe-riores y hermanos, han pensado y testimoniado que era un santo,un verdadero santo».
Pues bien, con motivo de celebrarse en 1998
los cien-to cincuenta años de la primera vigilia de la Adoración Nocturna
, fundada en París por Hermann Cohen el 6 dediciembre de 1848, la Adoración Nocturna Española y laFundación GRATIS DATE ofrecen el presente libro a loslectores de habla española y especialmente a los adora-dores.Se trata de una
versión abreviada
de la primera edi-ción española de la obra de Sylvain (1935). He resumidoo eliminado muchos comentarios del autor, pero en cam-bio he conservado todos los datos sobre Hermann Co-hen y los textos personales suyos, como las citas de suDiario, cartas, etc. Me he visto en la necesidad de modifi-car considerablemente la traducción, ajustándola al espa-ñol actual. Y he introducido también en el texto los sub-títulos.Entre corchetes [de este modo] he añadido algunosdatos que hoy no pueden darse por sabidos. Al final de laobra ofrezco una
Cronología de Hermann Cohen
, así como las fechas principales del
 Marco histórico
de suvida.Sea el Señor glorificado por la admirable obra de gra-cia y santidad que realizó en el padre Hermann.Y que este libro, por obra del Espíritu Santo, enciendaen los lectores aquel fuego de amor inmenso que ardióen el corazón de Hermann Cohen hacia Cristo, realmen-te presente en la sagrada Eucaristía.
José María Iraburu
Consiliario diocesano de laAdoración Nocturna EspañolaPamplona
 
3
1
Nacimientoe infancia de Hermann
Los Cohen
Hermann Cohen nació el 10 de noviembre de 1820,hijo de David-Abraham Cohen y de Rosalía Benjamín. Ellugar de su nacimiento fue Hamburgo, ciudad libre deAlemania, situada en la orilla derecha del Elba, no lejosde su desembocadura en el mar del Norte.Entre las numerosas familias judías, que desde hacesiglos habitan en la ciudad, célebre por la actividad de sucomercio, los Cohen ocupaban un lugar preeminente porsu fortuna, así como por su inteligencia en los negocios.Descendían de la antigua tribu consagrada al serviciodel templo de Jerusalén. El nombre de Cohen, cuentaHermann mismo en sus
Confesiones,
significa sacerdo-te en hebreo, y los que llevan este nombre son los des-cendientes del gran sacerdote Aarón, de la tribu de Leví.Cuando los
Cohennim
se encuentran en la sinagoga, ejer-cen como un simulacro de sacerdocio; suben las gradasdel santuario, extienden las manos y bendicen al pueblo.
«Recuerdo, decía más tarde Hermann, haber visto a mi padre y asus hermanos dar esta bendición».
El neojudaísmo
El culto judío, sin embargo, había seguido en Hamburgolos progresos y usos de nuestra civilización moderna.Los que se decían más ilustrados, entre los descendien-tes de Abraham, forjaron una especie de reforma, y crea-ron un neojudaísmo. La misma lengua hebrea fue des-cuidada: se predicaba en alemán, se había dejado de leerel
Talmud,
y otras varias innovaciones habían hecho des-aparecer poco a poco los viejos vestigios del antiguo ritode la sinagoga. Los Cohen se habían colocado del ladode los reformadores, y acudían con sus hijos a las asam-bleas de éstos.
Primeras vivencias religiosas
El pequeño Hermann experimentaba cierta repugnanciainstintiva por tales novedades, y sentía mayor interéspor las ceremonias antiguas que se habían conservado.
«Cuando veía, dice, al rabino subir las gradas del santuario, des-correr la cortina y abrir una puerta, me hallaba en solemne espera».
Su alma sentía ya como el presentimiento y la necesi-dad del infinito que había de llenarla un día. Estas cere-monias, a pesar de lo que tenían de majestuoso e impo-nente, dejaban siempre, sin embargo, un gran vacío ensu corazón.
«Mi expectación no era nunca satisfecha cuando veía a los levi-tas sacar con mucha solemnidad un gran rollo de pergamino sem-brado de letras hebraicas y rematado por una corona real, envueltoen una bolsa de magnífico paño. Llevaban entonces y ponían congran ceremonia el rollo en un atril; quitaban el envoltorio y lacorona; lo desenrrollaban y leían las santas Escrituras, impresas enhebreo. Estaba yo lleno de ansiedad durante toda la ceremonia».
Buscaba ya explicarse el sentido de la ceremonia, yhubiera querido penetrar sus misteriosas significaciones;pero sus dudas quedaban sin resolver, y sus investiga-ciones sin respuesta. Como no entendía el hebreo, laspalabras de la Escritura nada le decían. Esta afición a lasceremonias religiosas, estas aspiraciones misteriosas desu alma, ¿no eran como una primera llamada de la graciadivina? Puede suponerse esto sin dificultad, tanto máscuanto que Hermann afirma que a estas primeras aspira-ciones de su infancia «se juntaba una gran inclinación ala oración».Algunas veces, por la mañana, invitaba a su hermanitaa unírsele, y ambos entonaban cánticos en lengua alema-na, cantaban salmos y recitaban oraciones. Y ya enton-ces estos dos corazones infantiles experimentaban «emo-ciones» y «enternecimientos» al invocar al Dios de Is-rael. Era como el preludio de las emociones y alegrías,muy diferentes en profundidad y sublimidad, que debíanexperimentar un día en presencia del Tabernáculo, queencierra al autor mismo de la ley y al verdadero pan devida. Estas impresiones pasaron, sin duda, pero dejaronhuellas profundas en el alma del niño, ya que después demás de treinta años no las había olvidado aún.Sus padres le hicieron aprender el hebreo; pero las lec-ciones consistieron sobre todo en escribir el alemán concaracteres hebraicos, según costumbre entre los judíos,a fin de conservar entre ellos el secreto de su correspon-dencia.
En el colegio
David Cohen era un opulento negociante, y quiso dar asus hijos esmerada educación, en consonancia con sufortuna. Hermann y su hermano mayor, Alberto, fueronmandados al colegio más renombrado de la ciudad, diri-gido por un protestante. En él tuvieron que sufrir bastan-te de parte de sus condiscípulos, en su mayoría protes-tantes. A causa de la religión que profesaban, fueron ob- jeto de burlas despectivas y de dichos groseros; perosoportaron estas pruebas con la calma y la tenacidad judías, sabiendo que la tempestad no duraría, y que un díau otro encontrarían la ocasión de un desquite cierto y ven-tajoso, desde el punto de vista de los intereses materiales.Este desquite Hermann intentó tomárselo en seguida,procurando con sus éxitos escolares que se acallasen losprejuicios, y eclipsando por su saber a todos los condis-cípulos de su edad. Su inteligencia le permitió alcanzarfácilmente tal resultado, y maniobró con tanta habilidady fortuna que pronto obtuvo la estima de sus maestros yel afecto de los demás colegiales.Si el éxito coronó sus esfuerzos, también le desarrollódesmesuradamente el germen de la vanidad, que más tardelo arrastró a grandes y dolorosos descarríos. Lejos deatajar el mal, sus padres habían favorecido en más deuna ocasión el defecto, colmándolo de caricias y con-descendiendo a todos los caprichos del pequeño ídolo.Esta preferencia parecía justificada por las raras disposi-ciones del niño para el estudio.
La música
A los cuatro años y medio, viendo que su hermanoaprendía el piano, instó a su familia para obtener el mis-mo favor. Su madre, que nada sabía rehusarle, accedio atal deseo. Pronto se dieron cuenta de las extraordinariasdisposiciones del niño para la música: adelantó a su her-mano en poco tiempo, y a los seis años tocaba ya alpiano todos los aires de las óperas en boga, y más de unavez se entregó a improvisaciones que sorprendían a laspersonas más capacitadas para juzgarlas.
1.– Nacimiento e infancia de Hermann

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